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Por Claudio Zlotnik - En medio de la crisis y del recalentamiento
inflacionario, algunas noticias van cobrando más difusión que otras.
La cotización del dólar, el temible déficit fiscal, el pedido de
ayuda al FMI, la pérdida de puestos de trabajo en industrias y el tarifazo figuran
entre las que más espacio ocupan en los medios.
Esto no significa que no haya otros temas muy importantes en
la agenda que sufren los duros efectos de la devaluación y de la economía recesiva.
Uno de ellos tiene que ver con lo que está ocurriendo en un sector
clavecomo lo es el de la construcción, acaso uno de los principales motores de la
actividad.
En parte es lógico que en medio de tanta incertidumbre se le
preste más atención, por ejemplo, al encarecimiento de la canasta básica o
a la cotización del dólar.
Sin embargo, lejos de las góndolas y de la City porteña, los corralones y
las pinturerías son una importante caja de resonancia de la actual
situación económica.
Por lo pronto, la suba de los precios de los materiales para la construcciónviene siendo más grave que lo reflejado
por el IPC (precios minoristas).
De esto da cuenta el propio INDEC, cuyas cifras señalan que este
último año los materiales se incrementaron nada menos que un 36,8%.
Es decir, bastante por encima del índice general.
La diversidad de insumos vinculados con esta rama de actividad obliga a ir
por partes en el análisis.
En el caso de las pinturas, de un pormenorizado relevamiento
realizado por iProfesional se desprende que los aumentos acompañaron
el repunte del dólar.
Desde que comenzó el año, el incremento de varias pinturas trepó
al 39%, "apenas" ocho puntos menos que la devaluación (47%).
La dispersión de valores en este rubro es muy amplia, ya que
dependen de las marcas y los márgenes de cada pinturería.
Así, para homogeneizar la muestra debe considerarse una misma marca,
igual presentación y similar pinturería.
Hablando en plata:
- Una lata de 20 litros de látex interior costaba $2.160 a
principios de 2018. Ahora esa cifra se elevó a $3.000. Es decir, casi un 40%
más.
- En el caso del "látex para exterior", el salto fue del 36%:
de $2.450 a $3.320.
- El "esmalte sintético", en su presentación de cuatro litros,
se encareció un 37% (de $800 a $1.100).
- El enduido trepó un 33% aproximadamente: de $790 a
$1.050 (lata de 20 litros).
Con estos incrementos sobre la mesa, algunos estarían tentados a pensar
más en edificar que en pintar. Pero las noticias tampoco son
buenas en este sentido.
Un insumo fundamental como el cemento ya acumula un alza
del 20%. Es decir, por encima del IPC, que se elevó 16% en lo que va del
año: en su versión de 50 kilos, el precio pasó de $200 a $240 en promedio.
Pero hay más, en "apenas" dos meses, tras la devaluación de mayo, ocurrió que:
- Los hierros para la construcción se encarecieron 15% (desde $200 a
$230 la varilla de 12 metros).
- Otros insumos, como cerámicos y pegamento para
sellarlos, mostraron alzas promedio del 15% y 25%, respectivamente.
- La arena se encareció 10% (a $800 el metro
cúbico).
- La piedra partida, cerca de un 7%: ahora vale $1.700 el
metro cúbico.
No todas son pálidas. El único insumo que se puso del lado del bolsillo
de los argentinos fue el ladrillo hueco para exterior, que no
acusó subas ($10 cada uno precio actual).
Un motor que se frena
Estos incrementos, ocurridos en un lapso de tiempo tan corto, ponen bajo la
lupa lo que sucede en uno de los sectores más dinámicos y fundamentales de
la economía.
La construcción es, junto con el campo, uno de los que
más motorizan la actividad cuando hay bonanza. Por el contrario, de los
que más se hacen sentir cuando se retraen.
El envión puede provenir tanto de la obra pública como del
liderazgo del sector privado. Las inversiones en "ladrillo",
como suele mencionarse comúnmente.
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alto en Argentina tras la devaluación
Semejante salto en precios se da justo cuando el Gobierno está
aplicando una severa retracción de fondos para aquellos desarrollos que se
llevan a cabo con billetera estatal.
Los últimos datos oficiales muestran que, en términos reales, el Tesoro
destinó la mitad de recursos en el primer semestre 2018 respecto
al mismo lapso del 2017.
Ese apretón también se resentirá en esta segunda parte del año. Es lo
que Nicolás Dujovne está obligado a hacer si quiere cumplir lo
firmado con el Fondo Monetario Internacional.
Este escenario de ajuste fiscal resentirá la actividad, así
como en los últimos años la expansión de la obra pública la había dado fuerte
impulso.
Ahora, esta realidad adversa se verá potenciada por el difícil
trance del sector privado, que también siente el rigor del ajuste.
De hecho, en el mercado inmobiliario ya surgieron las primeras
señales de que los desarrolladores están alejándose de los proyectos
destinados a la clase media para concentrarse nuevamente en el segmento de
altos ingresos.
Es decir, en quienes cuentan con recursos propios y no dependen de un
crédito bancario.
Esto también pone en discusión la teoría de algunos expertos, como Juan
José Cruces, de la Universidad Di Tella, quienes se muestran proclives a
pensar que los precios de las viviendas deberían bajar, dada la disparada
del tipo de cambio.
Quienes cuestionan ese pronóstico se preguntan por qué se generalizaría
una caída de los valores de las propiedades si, con el dinero
recibido, el vendedor no podría hacer frente a la compra de otro
inmueble.
De momento, la opinión mayoritaria es que, por el fuerte incremento
de los costos (con gran parte de los insumos encareciéndose a la par del
dólar), es muy probable que una baja de los precios del metro cuadrado se corresponda con operaciones
puntuales.
En todo caso, lo que puede pasar es que una enorme cantidad de personas
que hasta la devaluación planeaba tomar un crédito hipotecario,
ahora no pueda hacerlo.
De hecho, el otorgamiento de esas líneas indexadas cayó a
la mitad en los últimos meses, tal como diera cuenta iProfesional.
Y es muy posible que continúe desplomándose mientras los
salarios sigan perdiendo por goleada frente a los valores dolarizados de
la construcción.
Lo que vaya a ocurrir con el rubro del ladrillo es clave para el
resto de la economía.
El Gobierno lo sabe, y por eso ahora intenta reemplazar lo que se pierda
por obras públicas con el plan PPP (contratos de
Participación Público Privada).
La apuesta al PPP
En las últimas horas, el ministro Dujovne puso en marcha los primeros
dos contratos de obras bajo esta modalidad.
Esta fría realidad en el sector de la construcción fue observada por Luis Caputo para
armar su visión de la economía 2018.
El banquero central acaba de dar a conocer su perspectiva en el último
"Informe de Política Monetaria" (IPOM), que deja de manifiesto:
1.- Inflación julio-septiembre: 2% mensual.
2.- Tasa de interés: altas hasta fin 2019.
3.- Dólar: el BCRA intervendrá si hay
"disrupciones".
4.- PBI 2018: previsión de suba del 0,4%.
Con un sector clave como el de la construcción que ya está dando señales de
enfriamiento -y con la perspectiva de una menor inversión estatal para las
obras de infraestructura- las esperanzas a corto plazo se concentran
en lo que pueda ayudar el nuevo régimen PPP.
Esto lleva al debate sobre si hay motivos concretos para semejante nivel
de expectativa o si más bien se trata de un nuevo globo de ensayo, como
tantos otros que se lanzaron en la historia económica reciente.
De hecho, en la industria local hay varios escépticos que
señalan las experiencias internacionales de costos elevados y niveles
insatisfactorios de avance en las obras.
La mayor parte de las inversiones interesadas en PPP, tanto para este
año como para el próximo, se relacionan con el desarrollo de autopistas,
"rutas seguras" (el agregado de una nueva mano sobre lo ya
construido) y la rehabilitación de caminos.
Por lo pronto, el Gobierno logró poner en marcha el sistema de
inversión mixta con la primera obra licitada: el corredor que une Las
Flores con Coronel Dorrego, además de otra vía que va desde Olavarría a Mar del
Plata.
El otro ramal es el que pasa por Buenos Aires y el sur
de Córdoba para llegar finalmente a la provincia de Mendoza.
Los funcionarios, en estas horas de enfriamiento económico,
apuestan a que este esquema de inversiones tenga la fuerza suficiente como
para compensar la menor obra pública.
Este sistema tiene otro trasfondo: la llegada de dólares, en
momentos de escasa oferta, provenientes de las empresas extranjeras que
hunden capital en el país.
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