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Por Rubén Ramallo - Lo
saben todos los ministros de economía argentinos. Hay algo peor a
sufrir una devaluación descontrolada: que luego
sobrevenga una escalada inflacionaria de modo tal que la suba
del dólar ni siquiera sirva para
devolverle competitividad a la economía.
Es por eso que el debate entre
los expertos suele dividir las devaluaciones en las categorías de "exitosas"
o "fracasos", según qué tan rápido se produzca el contagio a precios.
Esto es, precisamente, lo que
se trata de establecer en estos días. Por ahora, hay indicios de que la inflación post-devaluación es
relativamente suave, aunque esto no significa que no hayan desaparecidos los
motivos de preocupación.
En medio de la tormenta
cambiaria suelen escucharse voces de distintos sectores de la producción y del
comercio que enfatizan el hecho que el alza de los precios va muy por detrás del
camino recorrido por la divisa estadounidense.
Sin ir más lejos, desde
las compañías alimenticias más grandes del país advierten que el
valor que actualmente pagan los consumidores por los artículos contempla
un dólar cercano a los $22,50.
El atraso que estarían
mostrando los valores en las góndolas respondería a un hecho: la caída de
la demanda pone un fuerte freno al repunte de los precios.
"Tenemos que aumentar de
a cuenta gotas, ya que es imposible vender a los valores reales. Es decir, a
los que reflejarían el impacto de la suba del dólar, la paritaria y la inflación acumulada en nuestra
estructura de costos", afirma a iProfesional el ejecutivo de una
las firmas líderes del sector.
Las apuestas sobre el
"pass through"
Hoy día, el eje del debate gira en torno de una expresión en inglés a la que se
apela para analizar los efectos de una devaluación: el "pass-through",que
refiere a su traslado a los precios de los bienes y servicios.
Este efecto contagio es uno de
los más temidos por funcionarios, ya que se traduce en constantes
remarcaciones, producto de la suba de costos que enfrentan las empresas.
En tanto, en la población va
creciendo la percepción de que todo se va encareciendo cada día un
poco más, ante un billete verde que no logra estabilizarse.
Ante esta presunción, que
muchas veces se concreta en la realidad, nadie quiere perder rentabilidad y
entonces comienza a regir la "teoría de los aumentos
preventivos".
El hecho de que la inflación se exacerbe luego de un
aumento del dólar dejó de ser una sorpresa en Argentina, más allá del signo
político que gobierne.
El pasado reciente así lo
indica:
- En febrero de 2014,
durante la gestión de Axel Kicillof como ministro de Economía, hubo una devaluación del 23%. Luego, el índice
de precios de ese año escaló al 38%,
según el IPC de la Ciudad de Buenos Aires.
- En diciembre de 2015,
con Alfonso Prat Gay, el repunte de la divisa fue del 35% (salida del
cepo), mientras que el índice inflacionario se ubicó en el 41%en 2016.
"El pass through es
típico de países como la Argentina en los que una gran cantidad de bienes
son importados o buena parte de su producción se rige por costos en
dólares", apunta Ariel Barraud, del IARAF,
"En Argentina, como en
otras naciones con procesos de inflación alta, la población deja de
considerar a su moneda como resguardo de valor. Con el correr de los años, esto
lleva a que tampoco sea tomada como unidad de medida", completa.
La experiencia local muestra
que, en promedio, el pass through tras una devaluación es del orden del 20%,
siendo este un porcentaje que se ubica por encima de la mayoría de los países
de la región.
Esa cifra está sujeta a la
evolución de diversos factores. Entre ellos, el posterior logro (o no) de un
tipo de cambio estable. También, si existen mecanismos automáticos de ajuste
para determinados precios.
Mentes dolarizadas
"Argentina tiene una larga historia de inestabilidad macroeconómica. A
raíz de ello, la unidad de reserva de valor dejó de ser el peso y los
ahorros se protegen en dólares", señala Gabriel Caamaño Gómez, del Estudio
Ledesma.
Esto no ocurre en otros
territorios, como Brasil, en los que además de pensar en su moneda se
fomenta el mantenimiento de tasas reales positivas. Esto ayuda a que el pass
through sea bajo.
En la nación vecina, en el
primer semestre la divisa estadounidense trepó18% (desde 3,31 reales a
casi 4), mientras que la inflación en ese lapso fue de 1,3%.
"Respecto a otros países,
en la Argentina el tipo de cambio impacta más en los precios al tener un entorno
inflacionario elevado, la credibilidad del Banco Central y su política
monetaria es baja y nuestra economía es bimonetaria", indica el analista
Martín Alfie.
Más allá de la relación que
mantienen los productos transables (los que se importan o exportan) con
el dólar, existen otros que -por efecto
directo o indirecto- también responden al movimiento del tipo de cambio.
Esa larga lista engloba
desde alimentos, combustibles y energía hasta
las propiedades.
Desde Ecolatina, Matías
Rajnerman y Lorenzo Sigaut Gravina analizaron que sucedió con el pass
through en dos períodos:
- Tras la devaluación en la previa a las
elecciones primarias (PASO) 2017
- La que tuvo lugar a
principios de este año
En el primer caso alcanzó el 27%.
En el segundo, varios puntos más: 35%.
¿Por qué esa diferencia? En
gran medida porque:
- En el primer caso, el
público interpretó que se trataba de un repunte transitorio. Es decir, no se
instaló la percepción generalizada de que el tipo de cambio había alcanzado un
nuevo piso
- En segunda término, ante la
creencia de que la recuperación económica era incipiente, mientras que a
comienzos de este año la actividad todavía parecía marchar a paso firme
"El hecho de que la
dinámica de la economía se corresponda con un crecimiento genuino, en
lugar de un rebote, alienta el traslado a precios", afirman.
La inflación al acecho
En cuanto a lo sucedido en el primer semestre, el tipo de cambio acumuló una
suba que, en su punto más alto, tocó el 55%, frente a un IPC del 16%.
En otras palabras, el traslado a precios ha sido del 33%.
"La inflación se aceleró en el segundo
trimestre en relación al primero, alcanzando un promedio mensual del 2,8%,
generado principalmente por el pass-through", indican desde el Banco
Central.
"En efecto, el precio de
los bienes subió 4,6% mensual mientras que el de los servicios lo hizo 2,2%,
reflejando el mayor carácter transable de los primeros", completan.
Para el analista Caamaño
Gómez, julio va a marcar un registro alto, arriba de 3%.
"De ser un 3,2%, el
acumulado para los primeros siete meses será 19,7%. En virtud de ello, se
necesitará una inflación mensual menor a 1,4% en
los últimos cinco meses para que el IPC no llegue al 30% anual",
advierte.
En igual sentido, desde la
consultora Elypsis prevén un registro cercano al 3% para julio, "ante la
persistencia de la inflación núcleo, la continuación del
efecto pass-through y el incremento en combustibles".
Desde Ecolatina, indican que
como el traslado es un proceso y no un salto discreto, el impacto del dólar también se sentirá en los
próximos meses.
"La inflación se ubicaría este año en la
zona del 28 al 30%, superando ampliamente a la de 2017, que fue del
24,8%", recuerdan.
Para el economista Daniel
Heyman, "el pass-through hasta ahora viene siendo moderado". Y
entiende que esto es producto de la caída de la demanda interna.
Su impacto en el acuerdo con
el FMI
Un factor que se suma al actual proceso de pass-through es su impacto en el
acuerdo que firmó el Gobierno con el FMI.
Según lo pactado, si se supera
el límite superior de la banda interna del 29% anual a junio, el staff del
organismo quedará habilitado para discutir la respuesta de política con el
Gobierno.
Esta dinámica podría endurecer aún
más el régimen monetario, lo que golpearía adicionalmente a
la actividad y complicaría aún más los problemas ya visibles en la
cadena de pagos.
Es más, si el traslado a precios no cede y se supera el límite
superior del 32% para septiembre, el FMI estará en condiciones
de poner en revisión el acuerdo y el Gobierno tendrá que explicar ante la
Junta del organismo su gestión sobre las regulaciones monetarias.
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