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Por
Javier Blanco - El Gobierno comenzó
sigilosamente a cumplir el viernes con el compromiso asumido ante el FMI para
sanear el balance del Banco Central (BCRA), al cancelar un préstamo por
$12.600 millones que el Tesoro había recibido del ente monetario un año antes
bajo la forma de "adelanto".
Lo
hizo con parte del dinero que tomó del mercado mediante una emisión de bonos a
mitad de junio, y que, originalmente, había anunciado que usaría para
recomprarle al Central parte de las Letras Intransferibles (LI), una especie de
pagarés dados como compensación por el uso de reservas para pagos de la deuda
en tiempos de la administración kirchnerista.
El
cambio obedeció a las dudas legales que se abrieron con el mecanismo
originalmente previsto (por las dificultades para valuar esos activos que el
BCRA tiene anotados al 100%, aunque no tienen cotización de mercado), pero le
permite honrar la obligación para avanzar en la reducción "de la
exposición crediticia del BCRA al Gobierno".
El
pago realizado representa apenas el 2,35% del total de la deuda por adelantos
de $542.130 millones que el Tesoro tenía con el BCRA hasta ese día. Para
concretarlo se usaron poco menos del 20% de los $67.552 millones que ya estaba
previsto destinar a este proceso. "Con el resto iremos cancelando los
vencimientos que vienen hasta fin de septiembre", explicaron a LA
NACION fuentes oficiales.
Los
adelantos transitorios son préstamos de corto plazo (por hasta un máximo de 1
año) que los bancos centrales están facultados a dar a los gobiernos para
cubrir posibles "baches de liquidez" por aumentos circunstanciales en
el gasto o caídas en sus ingresos. En el caso argentino, se abusó de ese
recurso de financiamiento -que apunta a ser preventivo-, que creció 4400% de
2003 a 2015 y que la administración Macri preveía cancelar mucho más
gradualmente, hasta que la corrida lo obligó a sepultar esos planes.
El
objetivo del proceso es devolverle al BCRA poder genuino de compra para avanzar
en la cancelación progresiva de la "bola" de Lebac en manos del
sector privado no financiero. El plan busca que, para septiembre de 2019,
prácticamente no queden tenedores que no sean bancos.
Los
analistas valoran que se haya dado inicio a este proceso porque comenzaban a
notar dudas en el mercado respecto de su cumplimiento, dado que el anuncio de
recompra de las Letras Intransferibles había quedado en el limbo. De hecho, el
comunicado que anunciaba esa operación había sido quitado de la web de
Hacienda, luego de que la opción hubiera sido temporalmente desechada hasta
comprobar que no deje lugar a posibles delitos vinculados con la ley de
administración financiera.
"Es
una decisión bienvenida en varios sentidos. Primero, con un bajo acceso a
financiamiento voluntario, el Gobierno no tiene margen para incumplir las metas
acordadas con el FMI. Segundo, porque de esta forma el fisco contribuye al plan
de desarme de Lebac, ayudando al fortalecimiento de la tasa de interés como
instrumento del BCRA y al sinceramiento de las cuentas fiscales", evaluó
el economista Hernán Hirsch, director de la consultora FyE.
Del
lado de los riesgos, cita que, si bien la deuda pública consolidada Tesoro BCRA
no cambia, el traspaso "agrega una carga adicional sobre las cuentas
fiscales, generando un aumento de la factura de intereses, ya que se cambia
deuda barata (los adelantos no pagan interés) por otra con costo, y cuando el
financiamiento para el fisco es caro", apunta.
El
plan de cancelación de deuda con el BCRA incluido en el acuerdo con el FMI
prevé realizar pagos netos a razón $78.000 millones por trimestre. Esto quiere
decir que, tras el primer pago del viernes, todavía le restarían cancelar
$65.400 millones antes de fin de septiembre para cumplir la meta con el FMI.
"Sin
embargo -observa Hirsch-, los adelantos por vencer hasta fin de septiembre
suman algo menos de $35.000 millones, con lo que ya tienen caja para
afrontarlos, según el monto que habían anunciado (y es probable que avancen en
precancelar otros vencimientos); pero no lo suficiente como para cumplir con el
objetivo de la pauta trimestral".
La
agenda de vencimientos para la última parte del año es más cargada: llega a
$213.850 millones, pero, según lo pactado con el FMI, solo el 36% debería ser
cancelada para no generar una causal de waiver.
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