|
Por Gabriela Origlia - CÓRDOBA.- En un ambiente empresario
marcado por la incertidumbre y la desconfianza sobre los pronósticos que
indican que la economía podría empezar a recuperarse en los últimos meses del
año, se desarrolló la jornada del 41er aniversario de la Fundación
Mediterránea. Los economistas fueron, en líneas generales, más optimistas que
los hombres de negocios.
Un hilo conductor entre los especialistas fue admitir que todavía no
está claro cuál será el impacto de la crisis cambiario-financiera en la
economía real. Ricardo Arriazu, por caso, enfatizó que el año puede cerrar con
un crecimiento del 0,2% o con una caída del 3%, porque no se puede mensurar
cuánto pesará la desconfianza en las decisiones económicas.
Planteó que en crisis como la actual la Argentina siempre ajustó por
demanda y hay que hacerlo por oferta y con un aumento de las exportaciones; es
la única manera -a su entender- de superar los problemas. Señaló que la
reducción del déficit fiscal prevista para este año "se puede cumplir y
sobrecumplir", pero en 2019 será "más duro porque el Gobierno tendrá
pocos instrumentos".
"La principal herramienta es transferir gastos que les corresponden
a las provincias y que los financien ellas. Esto forma parte de la discusión
del presupuesto del próximo año", agregó.
La exposición de Juan Llach sobre presión fiscal fue terminante: ningún
país en el mundo registra una decadencia tan larga y relativa como la
Argentina; ninguno lleva 73 años de "inflación crónica", y la
Argentina es la única economía bimonetaria en el mundo.
"No hay manual de procedimiento de cómo hacer para gestionar, en
una economía bimonetaria, la herencia que recibió este gobierno, 41% del PBI de
gasto público, 37% de presión fiscal incluyendo inflación y 7% de
déficit". Planteó que la explicación de que la tasa de inversión argentina
ronde el 15% del PBI (solo hay 20 países por debajo) es la alta presión fiscal.
Llach enfatizó que 10,45% del PBI ($45.000 millones) son impuestos
distorsivos y que reducir a la mitad el 40% de evasión (incluyendo IVA,
Ingresos Brutos y Ganancias) permitiría "eliminar de un plumazo todas las
cargas distorsivas".
Propuso cobrar las retenciones a cuenta de Ganancias, algo que ya
planteó en 2005; acelerar la reforma fiscal, que, según él, "va por el buen
camino", y "animarse a discutir un impuesto a las ganancias que sea
un impuesto único a los ingresos".
Marcelo Capello coincidió en que un Estado que gasta "mucho y
mal" genera una carga a los privados y entorpece las inversiones.
Mientras el auditorio -que en esta oportunidad estuvo completo- esperaba
proyecciones sobre tipo de cambio e inflación, Jorge Vasconcelos advirtió que
el tipo de cambio es "una creación de Dios para humillar a los
economistas".
El presidente de Fiat, Cristiano Rattazzi, ratificó su defensa del dólar
alto, aunque reconoció que la fábrica "se beneficiaba y ganaba más plata
importando a dólar regalado".
Vasconcelos dijo que la primera receta para crecer es nivelar el
desarrollo de las regiones; avanzar en la integración regional y en las
desregulaciones, y analizar regímenes especiales para economías de frontera.
"China, de facto, nos está resolviendo una discusión -dijo
Vasconcelos-. Hay que invertir en los nichos fuera del temible alcance de esa
competencia", y subrayó que, en el mediano y largo plazo, la Argentina
tiene poco margen para la selección de instrumentos de política económica:
"En 2020, un nuevo cepo tendría consecuencias dramáticas para el tipo de
cambio y la inflación".
El ministro de la Producción, Dante Sica, admitió que la
"permanente inestabilidad económica" atenta contra las decisiones
empresarias. "Recalculamos el programa, pero no lo dejamos de lado;
estamos en los últimos metros de la crisis sin hacer ningún mamarracho".
|