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Por Ignacio Ostera - Con un tipo de
cambio real multilateral un 25% más alto en relación a diciembre pasado, los
diferentes sectores exportadores ganaron aire con la devaluación de mayo,
aunque cada actividad responde de manera diferente a este escenario de mayor
competitividad. Mientras las exportaciones de la producción agropecuaria, de la
minería y de la energía tienen una sensibilidad baja a las variaciones en el
tipo de cambio, la industria metalmecánica, automotriz, química y farmacéutica
tienen más espacio para incrementar sus ventas al exterior, advierte un informe
privado.
De acuerdo a un reporte
elaborado por la consultora Radar, el complejo sojero no se verá favorecido con
el salto que tuvo la divisa a lo largo del año, dado que su situación está
atravesada por la sequía que también afecto al otro cultivo de verano, el maíz.
El resto de los rubros
primarios mencionados, que en 2017 explicaron más de la mitad de las
exportaciones argentinas, no se verán impulsados por el mayor valor de la
moneda norteamericana. Esto es porque en el caso de la minería, no están
llegando nuevas inversiones -salvo en el litio- que compensen la fase
declinante observada en los proyectos de mayor magnitud. En el sector
energético, se trata de una oferta que responde a las regulaciones, contratos y
el desarrollo de infraestructura, cuestiones de largo plazo, y no a variaciones
circunstanciales en el dólar. Por último, la auspiciosa cosecha de trigo que se
espera a partir de diciembre, ya lo era antes de la devaluación, por las
mejores condiciones climáticas y la eliminación de retenciones y controles a la
exportación.
Por el contrario, la
consultora encasilla como sectores con "sensibilidad media/alta" a
las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) y algunas de origen agropecuario
(MOA), excluidos los que se destinan a Brasil, que crecieron 13,4% durante
2017.
El sector de mayor peso es el
de vehículos. Las ventas al resto del mundo "tuvieron un buen desempeño en
2017 por la apertura de nuevos mercados de pick ups", reza el reporte, que
si bien aclara que en el primer semestre "el impulso se frenó", la
mejora en el tipo de cambio puede favorecer la actividad.
Dentro de las metálicas
básicas, el crecimiento de las exportaciones de aluminio dependerá de si se
abren nuevos mercados, en un marco complejo de mayor proteccionismo por parte
de Estados Unidos. En tanto, las ventas al exterior de los tubos sin costuras
vienen en ascenso por la recuperación en la industria petrolera que la
devaluación podría ayudar a empujar.
Por su parte, la metalmecánica
y las autopartes podrían tomar mayor vuelo con el nuevo tipo de cambio.
En cuanto a la industria
química de consumo, los países limítrofes podrían absorber un mayor nivel de
exportaciones y así las empresas ganar market share por medio de la competencia
por precio. A su vez, la farmacéutica podría aprovechar su elevado nivel de
capacidad ociosa tras el derrumbe del mercado interno y salarios en dólares
reducidos para incrementar su volumen de exportaciones en los canales ya
desarrollados, plantea Radar.
Economías regionales
El documento también
identifica sectores con sensibilidad al dólar "media", conformado por
"las economías regionales, la cadena frutihortícola, los productos
cárnicos y lácteos, las exportaciones industriales a Brasil, los productos
marítimos, el cuero y algunas manufacturas industriales como la Petroquímica y
la Química Inorgánica".
Estos rubros, que concentraron
el 30,8% de las exportaciones del 2017 "se ven beneficiados por un tipo de
cambio real más alto, pero existen factores (crecimiento del socio comercial,
condiciones de oferta, complejidad de acceso a mercados por barreras no
arancelarias, entre otros) que limitan su crecimiento de manera acelerada en el
corto plazo".
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