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Por Caetano Mohorade - El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) volvió a registrar un nuevo deterioro en la
evolución de las variables que sigue el Banco Central. La inflación
esperada para 2018 aumentó 1,8 puntos con respecto al informe anterior y
alcanzó el 31,8%, apenas 0,2 puntos por debajo del techo fijado por el FMI en
el acuerdo para que la Argentina accediera al crédito stand by, si bien se
espera que este año sea más flexible y permita que el nivel general de precios
avance hasta un 35%. Pero además ya se descarta que la economía logre
expandirse este año y acumule dos años de crecimiento consecutivo, ya que los
analistas esperan que el PBI se contraiga el 0,3%, lo que significa una
contracción de 0,7 puntos con respecto al reporte anterior.
Esta pauperización registrada por las variables económicas fue generada a
partir de la fuerte devaluación del tipo de cambio en la crisis cambiaria,
donde el peso se depreció más del 30% entre fines de abril y junio. Es que el
efecto del pass-through, es decir, el traslado a precios de la suba del dólar,
provocó una aceleración de la tasa de inflación, lo que terminó dinamitando el
proceso de metas de inflación iniciado en 2016 y se postergó para 2019, cuando
el Gobierno espera alcanzar el objetivo del 17%. En este proceso, el BCRA
decidió elevar la tasa de política monetaria al 40% para generar una medida más
restrictiva que permita alcanzar una desaceleración del nivel de precios. Según
los analistas, el centro de corredor de pases a siete días se mantendría en un
40% hasta septiembre, cuando bajaría al 39% y terminaría el año en un 35%, con
un tipo de cambio ya más estabilizado a $30,5.
En este marco se espera que la inflación de agosto se ubique en el 2,4% para
descender al 2% en septiembre y octubre. Recién cerraría por debajo de estos
niveles en noviembre y diciembre, donde la variación mensual bajaría en un 1,8%,
mientras que el IPC núcleo estaría en el 1,6%. Para los próximos doce meses se
espera que el costo de vida aumente el 23,7%, cerrando 2019 en el 20,6%, por
debajo de la cota del 21% fijada por el FMI para acudir al directorio del
organismo y evaluar la situación económica de la Argentina. Y recién bajaría al
15% a fines de 2020. Esta situación dista de las intenciones iniciales del
Gobierno de Mauricio Macri, que apuntaba alcanzar una cifra de un dígito para
2019. Esta meta actualmente está prevista para 2021.
Para este trimestre se estima que la economía se contraiga un 0,6%, mientras
que para el último se prevé un avance de apenas el 0,1%, lo que iría en
sintonía con las proyecciones del Gobierno, que esperan que este período
recesivo sea "transitorio". Los analistas consideran que la economía
recién regresará al sendero de crecimiento en 2019, cuando avanzaría un 1,5% y,
de mantenerse esta tendencia, acumularía dos años de expansión del PBI en 2020,
con un aumento esperado del 2,5%.
Por otra parte, los datos del resultado primario son un poco más optimistas.
Los participantes del REM esperan un déficit primario no financiero de $360.000
millones para este año y esperan una reducción de $117.000 millones para 2019,
cuando se ubicaría en $243.000 millones. El Gobierno aceleró el proceso de
convergencia hacia un superávit primario como parte del acuerdo alcanzado con
el FMI. Para este año se espera que el rojo alcance el 2,7% del PBI, mientras
que para el año que viene debería bajar al 1,3%. Recién habría superávit en
2021.
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