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EDITORIAL - Cuando falta menos
de una semana para que se reúnan las comisiones de la Cámara alta que tienen
que dictaminar sobre los proyectos de recuperación de los bienes de la
corrupción, denominados "de extinción de dominio", se conoció otro
escándalo de la ruta de las coimas del kirchnerismo en el gobierno: un chofer,
Oscar Centeno, ocho cuadernos y un robo al Estado por parte de las
administraciones nacionales precedentes que podría superar los 200 millones de
dólares en el lapso comprendido entre 2005 y 2015.
Hace ya dos años, la Cámara de
Diputados aprobó un proyecto de extinción de dominio que nunca fue tratado por
el Senado y que caducará si no se lo lleva al recinto antes de que concluya el
actual año parlamentario.
Aquella sanción vio la luz una
semana después de que los argentinos asistiéramos absortos a la difusión de un
video que mostraba cómo José López, también exfuncionario vinculado a De Vido,
ingresaba a un pseudoconvento de General rodríguez bolsos repletos de dólares,
euros y joyas por un valor aproximado a los nueve millones de dólares.
La indignación ciudadana
ejerció tal presión sobre los legisladores que respondieron a las apuradas con
aquella aprobación, a la que muchos especialistas en derecho consideran un
"mamarracho", un manotazo de ahogado con vicios de
inconstitucionalidad.
No resulta extraño que haya
ocurrido eso cuando es un clásico que en nuestro país buena parte de la
dirigencia política reaccione solo cuando las pruebas son tan contundentes que
sería necio y descarado intentar refutarlas.
Aquella aprobación pasó al
Senado, donde hasta el momento no hubo acuerdo para emitir dictamen y llevar la
discusión al recinto. La fecha que podría cambiar la historia en esta ominosa
deuda legislativa es el próximo martes, si un plenario de comisiones de la
Cámara alta emitiera el demorado despacho que habilite su debate en el recinto.
Ciertamente, hubo algunos
avances en las últimas semanas, como la presentación de tres iniciativas que
corrigen la versión sancionada por Diputados: una del oficialismo, otra del
peronismo no kirchnerista y una tercera del kirchnerismo.
Los senadores son conscientes
de que necesitan conseguir aprobar un texto lo más consensuado posible y con
una amplia mayoría de votos para dificultar que Diputados pueda insistir en su
controvertida versión original.
Hasta anoche, se trabajaba en
la Cámara alta para buscar un acuerdo. Las mayores discrepancias pasan por el
fuero donde tramitar esas causas y si los bienes deben ser decomisados antes de
una eventual condena o inmediatamente, ante la sospecha de haberse cometido un
ilícito. También, cómo proceder con los bienes secuestrados en situación de
flagrancia.
Es muy probable que estas
nuevas y vergonzosas revelaciones de la ruta del dinero K, puestas por LA
NACION a disposición de la Justicia, apuren los tiempos de los senadores,
quienes se verán apremiados, como lo estuvieron sus pares de Diputados hace dos
años, a dar una respuesta a la sociedad.
Se trata nada más ni nada
menos que de recuperar para el Estado -es decir, para todos los ciudadanos- los
dineros que le son robados por lacras especializadas en usar lo público en su
propio beneficio.
Los bienes de la corrupción
confiscados actualmente por la Justicia deben ser mantenidos por el Estado,
pues la falta de sanción de la ley de extinción de dominio impide su venta, con
los gastos que ello implica. Pero todavía más grave es que muchos de quienes
han cometido esos groseros delitos sigan impunes.
El kirchnerismo será
recordado, seguramente, como uno de los gobiernos más corruptos de la historia
de nuestro país. Buena parte de esta demora en avanzar con la ley ha tenido
directa relación con el interés de esa facción política por autoprotegerse ante
nuevas investigaciones que puedan tenerla como protagonista de más y más
escandalosos hechos de corrupción.
A ello debe agregarse la
impunidad con la que se han movido hasta el momento los autores de esos
delitos, y no solo durante los gobiernos kirchneristas. Una reciente auditoría
del Consejo de la Magistratura arrojó como resultado que en los últimos 20 años
solo el 8% de las causas por corrupción llegaron a juicio oral.
La lenta y perniciosa
actuación de parte de la Justicia -especialmente de varios magistrados de
Comodoro Py- ha contribuido a que ello sucediera. Sin ir más lejos, en junio
pasado prescribió la causa conocida como "la valija de Antonini".
Ocurrió diez años y diez meses después de que la agente de la Policía de
Seguridad Aeroportuaria (PSA) María del Luján Telpuk ordenara abrir una valija
del vuelo de presidencia argentina, donde se encontraron US$800.000.
Hubo numerosas pruebas, idas y
venidas, pero nada alcanzó para la Justicia argentina, que no llegó a dictar
ningún procesamiento. En cambio, en los Estados Unidos, se detuvo y enjuició a
tres ciudadanos venezolanos y uno uruguayo por actuar como agentes encubiertos
de Hugo Chávez en Florida para comprar el silencio de Antonini, sospechado de
haber transportado ese dinero para ser usado en la campaña presidencial de
Cristina Kirchner.
Hay quienes creen ver en los
cuadernos del chofer Centeno una oportunidad histórica para que nuestro país
cuente con lo que podría ser su propio Lava Jato. Sin embargo, nada de eso
podrá ocurrir sin la voluntad de jueces y fiscales de llevar adelante las
causas sin más demoras, sin los instrumentos legales más adecuados que debe
proveerles el Congreso y sin el aval del propio arco político de ir a fondo
contra la corrupción.
Otra de las enormes deudas del
Congreso es la sanción, antes de fines del corriente año, de una nueva ley
sobre financiamiento de la política, que contemple, entre otros puntos, la
bancarización de los fondos para tener un mayor control; el registro en tiempo
real, para que los ciudadanos puedan observar qué y cuánto recibe cada partido;
poner topes a esas contribuciones; registrar a los proveedores de las campañas
de vía pública; cruzar la información entre los organismos de control, y
castigar el clientelismo.
La Corte Suprema de Justicia
de la Nación ha sido muy clara respecto de la responsabilidad que cabe a los
legisladores. "El abordaje del delito con medidas eficaces -ha dicho el
más alto tribunal- reduce el impacto negativo que este provoca en la sociedad,
especialmente en los casos de delincuencia organizada y de corrupción, que
degrada las instituciones del país. Con medidas como las relacionadas con la
recuperación de activos que se obtienen de actividades de carácter delictivo se
beneficia directamente a la población".
Como venimos reiterando desde
estas columnas, es hora de dar pasos firmes y seguros en esta lucha tanto para
que aparezcan los bienes robados como para que se sepa dónde se encuentra la
plata mal habida y para que vuelvan al Estado convertidos en políticas públicas
como educación, salud y seguridad. Y, fundamentalmente, para que de una vez por
todas se depuren la política y la Justicia, con hombres y mujeres apegados a
los valores republicanos y a la transparencia de los actos de gobierno.
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