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Por Claudio Zlotnik - Se
lo nota mucho más relajado que cuando asumió. También más contento. Transmite
seguridad en cuanto al rumbo elegido y tiene muy en claro cuál es la hoja de
ruta.
Luis Caputo cree que la
corrida cambiaria llegó a su fin. Que ya no es cuestión lucharla en el día a
día, como sucedió en mayo, junio y julio.
Confía en que el comienzo de agosto se convertirá en la base sobre la cual
podrá edificarse la economía que desembocará en las Presidenciales 2019.
El presidente del Banco Central está
convencido –y así lo asegura a su círculo íntimo- que un período de paz financiera en los próximos 60 días
serán claves para la economía que viene.
De momento, su presunción parece confirmarse en los hechos: el dólar pasó
el test de un recorte en la subasta diaria de divisas del Banco Central sin
que el mercado se
pusiera nervioso ni se generara un aumento de la demanda.
En ese marco, Caputo y su
segundo, Gustavo Cañonero, apuestan a que la paz cambiaria del último mes dará
algo de espacio para una baja gradual de las tasas de
interés. Pero advierten sobre un tema: nada de esto se hará sin considerar la
posible reacción de los inversores.
"Mi prioridad ahora pasa
por estabilizar definitivamente el mercado de
cambios", asegura Caputo.
"Hay indicios de que ya está funcionando con normalidad. Sabemos que va a
llevar tiempo, pero estamos bien”, agrega.
El plan de
los próximos 60 días incluye la disminución gradual del costo del dinero y
contempla un esquema para resolver el stock de las Lebac, ya que el 15 de
agosto vencen $578.524 millones (64% del total).
A favor de una renovación masiva, los bancos vienen incrementando su
participación relativa en estos títulos. Tal es así que ya tienen alrededor de
40%, contra 30% de hace unos meses.
El mayor desafío pasa por
sostener la tenencia por parte de los fondos de inversión. Es decir, sin que la
voluntad por huir del riesgo argentino lleve a un desplome dela cotización de
estos activos y a un aumento del apetito por los dólares.
También, aunque en menor
medida, preocupa la actitud que adopten los inversores minoristas.
Por eso, el Banco Central ahora
está abocado al diseño de un programa para despejar los vencimientos de Lebac.
La premisa es bien clara: "No queremos afrontar un supermartes todos los
meses. Es inconducente".
Para avanzar en este sentido y
restaurar la confianza de los inversores, una de las alternativas es efectuar
un fuerte desembolso de dólares.
Una frase resume el pensamiento de la conducción del organismo sobre las Lebac:
"No tiene ningún sentido que sean vistas por las abuelitas como una
alternativa de inversión".
"Desde un principio debieron haber sido exclusivamente un instrumento de
esterilización monetaria. Nada más" añaden.
Bajo la lupa de los wallstreeters
En Wall Street siguen muy de
cerca cada movimiento del banquero central. No sólo eso, las consultas de los
principales bancos y fondos de inversiones son permanentes.
Desde Reconquista 266, el mensaje hacia ellos es que el Directorio se encuentra
en pleno proceso de evaluación de alternativas y que muy "pronto"
habrá novedades.
Una
inquietud permanente que los inversores le formulan a la cúpula del BCRA
refiere a la posibilidad de que los bancos sean obligados -a través de una
medida regulatoria- a suscribir una mayor cantidad de Lebac, con el objetivo de desdramatizar los "supermartes".
"Estamos trabajando en
distintas opciones", insisten desde el Central, evitando dar mayores
detalles.
Más allá de la cautela y
esfuerzo por mantener el secreto, los funcionarios transmiten credibilidad y
seguridad sobre el camino que se está recorriendo.
Incluso, uno de ellos se atreve a deslizar que están en carpeta medidas que
generen un "shock de confianza", tanto entre inversores del mercado local
como de Wall Street.
Además, y a diferencia de
otros momentos, desde que asumió Caputo al frente del BCRA otro énfasis está
puesto en mostrar que ahora se trabaja de modo más coordinado con los
funcionarios de otras carteras.
En este sentido, el plan del Banco Central se
elabora en simultáneo con la estrategia de la Casa Rosada post devaluación, que
tiene como uno de los ejes apurar en este segundo semestre los aumentos de las
tarifas de los servicios públicos y de las naftas.
Esto, con el aparente objetivo de llegar fiscalmente más desahogado para 2019,
que es el año electoral.
La planilla no perdona
En paralelo a este escenario,
los analistas completan sus propias planillas Excel con la otra "bola de
nieve" que viene creciendo: la de
las Letes, que son Letras en dólares que también acumulan abultados
vencimientos de cara a los próximos meses.
Tanto es así que de aquí a fin de año habrá
que abonar un promedio de u$s1.700 millones mensuales.
Estas divisas tendrán que salir de las reservas, si es que los inversores
prefieren billetes verdes en mano a refinanciar esos pasivos.
Lo que es seguro es que la
nueva conducción del Central no permitirá que las preocupaciones por el
enfriamiento de la economía interfieran en el plan de
normalizar el mercado.
Esta es otra gran diferencia con lo ocurrido sobre el final de la gestión
Sturzenegger, cuando todos los operadores percibían que el criterio para fijar
las
tasas había
dejado de ser estrictamente monetario para pasar a ser dictado desde la mesa
chica de la política.
"No
nos va a importar el nivel de actividad hasta tanto no comprobemos una
normalización cambiaria y monetaria", aseguran
desde el BCRA.
Los consultores de la City cuestionan las altas tasas de
interés actuales y la fragilidad del mercado cambiario.
Pero desde el Central contraatacan: "Las opiniones son
opiniones".
"El plan que
venimos desarrollando es muy consistente. El mercado se
va convenciendo de que nuestras medidas son las adecuadas para resolver la
emergencia", insisten en señalar.
En cuanto a la agenda de
vencimientos, desde la consultora ACM dan cuenta del exigente calendario a
afrontar este año y el próximo:
- En dólares: Letes por u$s9.837 millones y u$s5.200 millones en 2019
- En pesos,
$91.988 millones en concepto de Letes en pesos
Las emisiones de Letes
dolarizadas pudieron servir (y de hecho lo hacen) para descomprimir el mercado cambiario
en el corto plazo. Sin embargo, el escenario que se va conformando inquieta a
propios y extraños.
El reemplazo de una "bola de nieve" de Lebac (en pesos)
por otra "bola de nieve" de deuda en dólares (Letes) no es una
alternativa sólida para enfrentar el mediano y largo plazo.
De hecho, esas Letes se están
emitiendo a un plazo muy corto, que nunca excede el final del mandato de
Mauricio Macri.
Encima, a un costo elevado: el BCRA pagó 5,5% anual para estos títulos a un año
y 4% para las que vencen dentro de 210 días.
Cuidando a un dólar anestesiado
El escenario global no ayuda
para mejorar las expectativas.
Con un precio del petróleo en ascenso, materias primas estabilizadas en valores
históricos más bajos a los de la última década y tasas de
interés internacionales en alza, los flujos de capitales se mantendrán alejados
de los mercados emergentes, como el argentino.
Por lo pronto, los
funcionarios se conforman con menos: con un agosto que se presente como el mes
anterior.
Más concretamente, con un nivel de dolarización más bajo por parte de
particulares y empresas y con "carry trade" que deje atrás el terreno
negativo.
O, dicho de otro modo, con que los inversores internacionales dejen de sacar
fondos desde la Argentina.
Por lo
pronto, el equipo económico comparte una buena noticia: durante julio, y por
segundo mes consecutivo, el nivel de dolarización cayó: había saltado a un
récord en mayo, registró una leve desaceleración en junio y en julio volvió a
los mismos niveles históricos.
La compra de billetes verdes
por parte del público minorista habría descendido a u$s1.200 millones.
Se trata deun nivel similar al
de comienzos de año, antes de que se dispare la corrida.
De cara a lo que viene,
el Banco Central hará
"sintonía fina" y extremará la precaución de su estrategia
monetaria.
Es clave manejar con cautela cualquier descenso de la tasa de
interés de referencia.
"Un ´carry trade´ negativo agrava la dolarización", describe el
directivo de un importante fondo de inversión quien visitó oficinas oficiales
en estos últimos días.
Los economistas de la City
consideran que el esquema no será fácil de aplicar. Ricardo López Murphy lo
dice con todas las letras: "Con una tasa de
interés más baja, la cotización del dólar es
más alta".
Pero ni él ni ningún
consultor, le pone valores a esa predicción. Creen que la actual estabilidad sólo
existe a este nivel de tasa de
interés en pesos.
En otras palabras, que sin ese "premio" por permanecer en moneda
local, la cotización del dólar sería
otra.
El problema
es que un nivel de tasa igual
o por encima del 40% anual no puede sostenerse por mucho tiempo.
Desde el arco empresarial lo saben. Hace un
par de semanas, Cristiano Ratazzi aseguró que la economía no podría soportarlo
más allá de un mes. Queda poco para que se cumpla con ese límite.
El Banco Central trata
de no absorber estas presiones e ir paso a paso. En principio, Caputo logró lo
que su predecesor no pudo: estabilizar el tipo de cambio.
Ahora empieza la "Fase 2": ponerle fecha de salida a la emergencia y
articular medidas para evitar el colapso de la actividad económica.
El titular del Central no es el único que empieza a jugar ese partido, pero
claramente es la pieza fundamental.
El ministro de la Producción, Dante Sica, tuvo su prueba de fuego en la sede de
la Unión Industrial, pero sabe que sus promesas quedarán en el aire sin una
rebaja sensible en el costo del dinero.
A eso está jugado el Gobierno:
a que las inversiones perciban un escenario más amigable, a la espera de una
reacción positiva de la economía, que en todo caso deberá aguardar al 2019.
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