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| Wall Street sube, Shanghái se hunde y Trump piensa que va ganando |
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06/08 - 08:54 Ambito Financiero |
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Por José Siaba Serrate - Pasaron cinco semanas desde que el presidente
Trump abrió el fuego simbólico de la guerra de comercio con China y son cinco
semanas consecutivas que el índice S&P 500 enhebra en alza. Es la racha más
larga de 2018. Y conste que el año fue tormentoso. En febrero y en abril las
acciones cayeron un 10% desde los récords de fin de enero. Pero la artillería
de aranceles ya no asusta a Wall Street. Trepa despacio, constante. Así se
arrimó a sólo 1,2% de los máximos históricos absolutos.
Pasaron también los bancos centrales en caravana de reuniones. El Banco de
Inglaterra subió la tasa un cuarto de punto -la llevó al 0,75%- apenas un
peldaño por encima de su nivel previo al referéndum por el "brexit"
en 2016. Mark Carney, el canadiense que conduce la institución, no tiene prisa.
"Si quieren una regla práctica usen esta: un ajuste de tasas por
año". No obstante, vigila la extensa lista de peligros que merodean las
islas, desde las trabas al comercio hasta el temido escenario de un
"brexit duro", sin acuerdo con la Unión Europea, que la premier
Theresa May vende como una calamidad en ciernes (y con razón). Se podarán las
tasas si ese fuera el desenlace, dijo Carney. Por su parte, el Banco de Japón
tuvo en vilo a los mercados de bonos globales como es últimamente su costumbre.
Se especializa en no cambiar su política de fondo -la expansión cuantitativa con
control de la curva de rendimientos- y provocar revuelo igual. El gobernador
Kuroda alteró un leve matiz: si bien mantiene el objetivo de la tasa a diez
años en 0% ahora admite un margen de fluctuación de / - 0,20% (el doble que
su definición anterior). Presurosos, los mercados pusieron a prueba esa
flexibilidad y el Banco de Japón intervino antes de que la tasa sobrepasara un
0,15%. Créase o no, el alivio fue universal (incluyendo los bonos del Tesoro de
los EE.UU. que aflojaron del 3% al 2,95% tras resolverse la escaramuza). De
todos, el cónclave de la Fed fue el más abúlico. Jay Powell ratificó que el
almanaque marca una suba en el mitin de septiembre. Los fed funds rendirán
entre el 2% y un 2,25% (dos puntos completos por encima del rango de la tasa
cero que rigió hasta diciembre de 2015). Que Trump berrinche si no es de su
agrado.
La Casa Blanca pactó una tregua con Europa y volvió a embestir a China. ¿La
idea? Sobre llovido, mojado: duplicar los aranceles que se le impusieron a las
importaciones. El Congreso aportó un grano de sal: una ley de defensa que se
propone restringir la actividad económica y militar de Beijing. El gigante
oriental denunció una extorsión. Y, el viernes, contraatacó con el anuncio de
un paquete de aranceles -de entre el 5% y un 25%- sobre 60 mil millones de
dólares de importaciones. En otras palabras, lo de siempre. En rigor, los
únicos gravámenes extra que rigen desde que estalló la "guerra" son
los que le dieron inicio, cinco semanas atrás. Lo demás todavía es fuego de
artificio. Sin embargo, China produjo una gran novedad. Dispuso reintroducir un
encaje del 20% aplicable a quienes operan futuros de divisas. El mensaje es
nítido. No somos nosotros quienes estamos devaluando el renmimbi, es el
mercado. Y ahora urge frenarlo (como ocurrió con el costoso derrape de 2015).
¿Es la pipa de la paz? Beijing transmite que no quiere una guerra de monedas.
Trump lo tomará con beneplácito pero no cesará la beligerancia. ¿No es, acaso,
otra señal de debilidad? Con las Bolsas chinas en territorio bear- Shanghái
dejó de ser el segundo mercado mundial en tamaño a manos de Tokio - ahora asoma
una fuga de capitales. Está ganando, y hurgará en la llaga. Wall Street, en
cambio, se codea con los récords. La receta es simple. Toma la inspiración de
los balances (y la orientación que dan las empresas sobre el futuro de sus
negocios). Los números son muy sólidos. Por supuesto que pueden fallar, y que
lo diga Facebook (un traspié le costó 140 mil millones de dólares de valor en
un día). Pero el premio es grande para quien cumple. Así, Apple alcanzó el
billón de dólares de capitalización, la primera compañía en EE.UU. en quebrar
dicho umbral. En el mundo, el pionero fue Petrochina en 2007. Hoy es una
sombra, por debajo de los 140 mil millones. Otra señal que alentará a Trump a
persistir en su saga.
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