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Por Guillermo Oliveto - La recesión ya está
en la calle. Se siente. En las ventas y en el estado de ánimo de la población.
Al momento de responder cómo están las cosas, por primera vez en mucho tiempo
las respuestas suturan la grieta: "complicado", "difícil",
"hay que vivir haciendo malabares". El "modo austero
recargado" se transformó en un patrón de conducta transversal. Hoy cruza
todas las clases sociales.
En nuestros
más recientes estudios cualitativos, cuando le pedimos a la gente que dibuje en
un papel cómo compran hoy aparecen lupas, cuatro ojos, calculadoras y signos de
interrogación que se traducen en lo que llaman "rally de compras"
buscando precios, ofertas, promociones, donde sea. Marcas que anteriormente
eran "invisibles" ya no son una extrañeza, sino que forman parte del
paisaje habitual. Muchos consumidores prefieren seguir comprando sus marcas
favoritas en ofertas que rastrean casi como detectives, pero ya no miran de
costado aquello que en otra época se veía como una degradación de su calidad de consumo . Para el resto, las "segundas marcas"
hoy simplemente son "sus marcas".
La sociedad
está con los dientes apretados y el ceño fruncido. Navegan entre la decepción,
la preocupación y la convicción de que "no queda otra". Coinciden en
que lo que resta del año "será duro". Como expertos en crisis,
enfrentan la contracción actual con el peso y el agobio que implica volver a sentir
que "la plata no alcanza" y los múltiples artilugios para estirar el
poder adquisitivo, desde changas y trabajos extras hasta el ahorro taxativo de
energía como un "nuevo" hábito ya inmodificable.
En la
investigación cuantitativa que acabamos de concluir en Consultora W el 3 de
agosto, el 68% de la población dice que, según lo que se ve, se habla y se
siente, "la calle está fría". La gran mayoría, 9 de cada 10,
coinciden también con que estamos en una crisis. El atenuante es que solo 3 de cada
10 piensan que es una crisis grave. Con la experiencia de haber atravesado la
catástrofe de 2001/2002, la fuerte recesión de 2009 y las contracciones de
2012, 2014 y 2016, el 25% piensa que esta crisis es medianamente grave, el 35%
que es una crisis más, como tantas otras que hemos pasado, y el restante 7% no
ve ninguna crisis. Es este saber, eslabón fundamental del ADN argentino, que
lleva al 66% a decir que vamos a salir de esta, como lo hicimos en el pasado.
La foto de
la sensibilidad social hoy es nítida, contundente y explícita. Sin embargo,
todos aquellos que toman decisiones tienen la obligación de mirar
simultáneamente la foto y la película. Tanto la dinámica económica como el
humor social son un continuo, un flujo y no un registro estático, unívoco y definitivo.
Mucho menos en un país que por naturaleza es cambiante y volátil, y en una
sociedad donde las emociones correlacionan fuertemente con el bolsillo.
En estas
instancias hay que recurrir al análisis de los números del presente y a las
noticias silenciosas que envía una economía aturdida por la recesión y
los cimbronazos cambiarios sobre los posibles números del
futuro.
En julio,
pleno proceso de enfriamiento, se despacharon 952.000 toneladas de cemento. La
caída contra julio de 2017 es importante: -6%. A pesar de ello, el nivel de
actividad sigue siendo alto en términos históricos y el acumulado anual está
aún 4,6% arriba del año anterior. ¿Qué quiere decir esto? Que la obra pública,
aun con vaivenes o retrasos, continúa.
También en
el último mes volvieron a caer fuerte las ventas de bienes durables. El más
icónico: autos . En julio, -17,4%. De todos modos, se vendieron
66.750 autos . Las ventas a concesionarios cayeron aún más: 35%.
Se están liquidando stocks. La otra cara de la moneda: en julio, la producción
automotriz creció 8,6%, y en el año lleva acumulado 9,8%. ¿Por qué? Despegaron
las exportaciones: 30% en el acumulado anual y un significativo 74% en julio.
La Bolsa de
Comercio de Rosario acaba de pronosticar una siembra récord: 37,2 millones de
hectáreas para el ciclo 2018/2019. La bautizaron como la "revancha delcampo ", luego de la histórica sequía. Esperan una
cosecha de, por lo menos, 120 millones de toneladas, 20% superior a la actual,
donde el trigo sería una de las estrellas, con 20 o 21 millones de toneladas.
Esa cosecha generaría para el país unos US$25.000 millones de ingresos. Dólares
tan genuinos como necesarios.
En junio,
las exportaciones de carne en kilos crecieron 67% sobre el mismo mes del año
anterior. En el primer semestre acumulan una expansión significativa: 63%. En
facturación, 49%. La mitad de las exportaciones fue a China, más que duplicando
el volumen del año anterior ( 107%). De mantener este ritmo, el sector
generaría unos US$2000 millones por año.
Después de
dos años muy difíciles, la vitivinicultura comenzó a tener buenas noticias. En
julio, las exportaciones de vino a granel crecieron 150% en volumen comparado
con el año anterior. Y las de vinos fraccionados, 18,4%. Principalmente en
botella, es decir, mayor valor agregado. En 2017 se exportaron vinos y mostos
por US$900 millones. El objetivo de alcanzar los US$1000/US$1100 millones ahora
es posible.
La llegada
de turistas extranjeros por vía aérea creció 5% en el primer
semestre del año, y el sector hotelero prevé, por el nivel de reservas, que la
tendencia se acentúe en lo que queda de 2018. En simultáneo, durante junio
comenzó a caer, por primera vez desde febrero de 2015, la salida de argentinos
al exterior: -2,6%. Las ventas de pasajes anticipan un descenso mayor en el
corto plazo. Con las recientes ofertas verdaderamente low cost -descuentos del 50%- se vendieron 500.000
pasajes de cabotaje en una semana. No hay dudas: con un dólar a $30, crecerá el
turismo interno y el receptivo. Caerá el emisivo. Más dólares entrando y menos
saliendo.
En
simultáneo se está produciendo una revolución de la infraestructura que incluye autopistas, rutas seguras,
puertos, trenes de carga, aeropuertos, aviones, regulaciones impositivas,
simplificaciones administrativas, digitalización y cambios regulatorios que
amplían la capacidad de carga, aumentan la velocidad y bajan costos. En
síntesis, otorgan mayor competitividad.
Todo esto
también está pasando y abre al menos el interrogante sobre la capacidad de
resiliencia de nuestra economía. El consenso de economistas publicado por
Latinfocus en agosto proyecta caídas del PBI para los próximos cuatro
trimestres. El peor sería, tal cual lo percibe la sociedad, el que estamos
atravesando ahora. El crecimiento volvería allá por abril o mayo de 2019, con
tasas del 2% al 3%, cuando llegue la nueva, y esperada, cosecha.
Hasta
entonces falta "un siglo". En el medio, como siempre, puede pasar de
todo. Entre otras cosas, no hay ningún tipo de precisión hoy sobre el resultado
de la crítica elección en Brasil.
Mientras la
gente vive "día a día", para los decisores aplica aquella sabia cita
de Borges: "Nada está construido en la piedra. Todo está construido en la
arena. Pero debemos construirlo como si la arena fuese piedra".
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