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Por Roberto Cachanosky - No debería sorprender
la nueva corrida cambiaria a la que estamos asistiendo. Podrán echarle la
culpa a Turquía, a la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, a que baja
el precio de la soja o a lo que se les ocurra, pero lo cierto es que el
famoso gradualismo llevó a acumular un stock de Lebac que superó a la
misma base monetaria (pesos en circulación encajes bancarios) y cada treinta
días se produce el gran "súpermartes".
En el fondo, estamos asistiendo a un nuevo fin del financiamiento
de un estado sobredimensionado. El mercado se cansó de financiar este
déficit fiscal y la economía entró en crisis.
La realidad es que, como en otras oportunidades, el plan para rescatar
las Lebac no es otra cosa que una nueva ingeniería financiera para seguir
tirando hasta las elecciones y luego se verá, pero lejos está de resolver el
problema de fondo de la economía argentina. Insistimos con lo que venimos
haciendo hace décadas. Ahora vamos a asistir a un cambio de bonos por
otros bonos, pero sin arreglar el problema que llevó a acumular tanta deuda en
Lebac.
Veamos un poco la historia argentina para entender que nos pasa y que
nos va a seguir pasando si no cambiamos en serio de política económica y
calidad institucional.
Si se observa qué pasó con la economía Argentina desde 1880,
año en que se logró la consolidación nacional, podemos distinguir dos grandes
períodos. Uno que tiene un crecimiento sostenido del ingreso per capita
con algunos baches y otro en el que entramos en una crisis detrás de otra.
El gráfico muestra la evolución del PBI per capita en dólares constantes de
acuerdo a datos de Angus Maddison. ¿Qué se observa? Que hasta la década del 60
hubo una tendencia a la suba con ciertas bajas como en 1914 con cuando la Gran
Guerra o en 1930 con la gran depresión. A comienzos de 1960 aproximadamente
empezamos con los saltos que se ven en el recuadro. Períodos de auge
artificiales que terminaban en grandes crisis.
Tomando los mismos datos de Angus Maddison vemos la evolución en
determinados períodos:
Desde 1880 hasta 1913, el año anterior a la Gran Guerra, el PBI per
capita creció a un ritmo del 2,24% anual. Desde el fin de la guerra hasta
la crisis del 30 el PBI creció al 1,92% anual. Pero a partir de 1930 dejamos
los valores de la Constitución de 1853/60 y entramos en la era
intervencionista, proteccionista y populista. Si uno toma desde 1934, fin de la
depresión hasta 1955, el crecimiento del PBI per capita fue del 1,5% anual.
¿Cómo le fue a Perón? Si uno toma el período, punta a punta de 1946 a
1955, el PBI per capita aumentó al 1,5% anual, sin embargo, si uno se toma
1946-1951 años en que se acaba el financiamiento del populismo de Perón, vemos
que el PBI per capita aumentó al 2% anual con el oro acumulado durante la
guerra. Cuando se acabó el oro y entramos en crisis en 1942, el PBI per
capita aumentó a un ritmo del 0,7% anual. En los dos primeros gobiernos de
Perón, el PBI per capita aumentó como puede verse en el gráfico 2
El gráfico de arriba muestra que el PBI per capita creció sólo los dos
primeros 2 años de los dos primeros períodos de Perón y luego cae, más
aceleradamente en 1952, luego cambia algo su política económica y se recupera
pero enseguida cayó su gobierno. Es decir, ni Perón pudo zafar de la falta de
recursos para financiar el populismo y con el oro acumulado de la guerra no
pudo igualar al crecimiento basado en las instituciones de la Constitución
Nacional de 1853/60.
Onganía logra un crecimiento del 4,14% anual del PBI per capita pero
termina en el cordobazo. El envión llega hasta 1975 con el rodrigazo. A
partir de ahí tenemos una crisis detrás de otra. En el primer gráfico puede
verse el serrucho que es la evolución del PBI per capita en el cuadro que marca
la volatilidad, incluyendo el fin de la tablita cambiaria, la crisis del 82, el
plan austral, el plan primavera, la hiperinflación, etc.
Entre 1946 y 2016 el PBI per capita aumentó a un ritmo del 1,2% anual
contra el 2% anual tomando los 50 años que van desde 1880 hasta 1930 cuando se
abandonan los principios económicos de la Constitución de 1853/60. Pero la
diferencia está en que en los primeros 50 años, el crecimiento fue sostenido al
margen de la Gran Guerra y la crisis del 30.
En el segundo período las crisis generaron grandes cambios
patrimoniales, violentos modificaciones en la distribución del ingreso y nos
transformamos en defualteadores seriales, destruimos cinco signos monetarios y
entramos en la era de las grandes inflaciones, megainflaciones e incluso
hiperinflación.
¿Qué ocurrió? Muy sencillo, entramos en un creciente populismo en
el que el estado gasta más de lo que ingresa. Transitoriamente puede haber
una mejoría, pero todo termina en una nueva crisis cuando se acaba el
financiamiento, con el agregado de un quiebre en la seguridad jurídica por
defaults, confiscaciones de depósitos, cargas impositivas asfixiantes y
controles de todo tipo.
Desarme del Lebac
Hoy asistimos a una nueva ingeniería financiera que trata de desarmar la
bomba de Lebac, pero la realidad es que nada se ha dicho sobre qué va a
hacer el gobierno con las causas que llevaron a armar esa bomba de Lebac, es
decir el déficit fiscal. Hoy estamos pagando el costo de haber financiado el
populismo heredado. El electoral año 2017 lo transitamos alegremente con obra
pública y recuperación económica pero a costa de tomar deuda externa y
completarla con gasto cuasifiscal en nombre del gradualismo. Ahora viene
una flor de recesión en el segundo semestre, dependiendo el año que viene del
clima y de la buena voluntad del FMI para ver cómo llegamos a las elecciones.
Estamos todos pendientes de la ingeniería financiera del BCRA, creyendo,
nuevamente, que con esa ingeniería y la ayuda del FMI se arreglan los problemas
estructurales. Grosero error. Cambiar Lebac por Leliq, Nobac y Letes no
son reformas estructurales. Somos muy ingeniosos para inventar nombres de
bonos, pero poco imaginativos a la hora de encarar las reformas estructurales.
En síntesis, no descarto que con este nuevo pase de magia financiero se
calme transitoriamente el tipo de cambio, pero francamente es una meta muy
poco ambiciosa y de corta duración, como todos los pases de magia que se
hicieron en el pasado desde la década del 60 hasta nuestros días.
Mientras no cambiemos la matriz populista heredada del peronismo, que
también adoptaron gobierno militares, radicales y Cambiemos, seguiremos
tropezando una y otra vez con la misma piedra: la de la insolvencia fiscal.
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