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Por Leandro Gabin - No fue un día fácil para Luis "Toto"
Caputo. El timing tampoco acompañó.
Una caída generalizada de los mercados internacionales y devaluaciones
"moderadas" de las monedas emergentes fue el escenario que tuvo que
surfear en el primer día post-desarme de Lebac.
El miércoles se volcaron al mercado los
$130.000 millones que la propia autoridad monetaria había decidido no renovar el
día anterior en Letras, con el fin de achicar una "bola de nieve" que
se había tornado difícil de administrar.
Caputo sabía que el test frente a los inversores iba a ser difícil. "Si
vamos a liberar $100.000 millones, tenemos que darles la alternativa de que
compren dólares", había avisado de antemano.
La estrategia oficial se fue armando sobre la marcha. Sin aviso previo a la
prensa, pero sí al mercado, el BCRA empezó a subastar billetes verdes desde el miércoles
temprano.
No alcanzó con hacerlo una vez, necesitó de
tres operaciones de venta durante la jornada para calmar la sed de
divisas. Y lo hizo tanteando el mercado en el momento en que el precio se
escapaba.
El tipo de cambio llegó a escalar hasta un máximo de $30,50 en el circuito
mayorista, lo que implicaba un salto de casi noventa centavos contra el cierre
del día previo.
Esta suba por ascensor hizo que el Central saliera a subastar los primeros
u$s800 millones, de los cuales se adjudicaron u$s303 millones. Pero no alcanzó, los inversores querían más.
Después soltó en dos tandas poco más u$s248 millones y u$s230 millones
respectivamente, sumando un total de u$s781 millones en el día.
Pese a todo ese esfuerzo, el dólar que operan los inversores profesionales
igualmente quedó en $30. Es decir, experimentó
un alza de treinta y nueve centavos y estableció un nuevo máximo.
La sensación que dejó el primer día después del mega-desarme de Lebac es que el
Central deberá estar dispuesto a seguir interviniendo en el mercado.
Seguramente, lo seguirá haciendo en los próximos días, hasta que esos pesos que
liberó encuentren su cauce. No necesariamente todo lo que se devolvió de Lebac
se canalizará a la compra de billetes verdes.
Entre aquellos que ahora tienen más moneda local en sus bolsillos figuran los
fondos comunes de inversión que, por estatuto, no pueden canalizar el dinero
donde quieran.
Por ejemplo, uno que se creó orientado a la búsqueda de alternativas en pesos
no puede ir al dólar. Lo que sí puede pasar es que los dueños de las
cuotapartes rescaten sus tenencias para luego canalizarlas a la compra de
billetes verdes.
El resto de los que no están analizando si van al dólar u a otra alternativa
son inversores minoristas y extranjeros, descontando que los organismos
públicos se quedarán posicionados en activos en moneda local.
De todas formas, en la City gana consenso
la idea de que el monto de las intervenciones que deberá realizar el Central
irá disminuyendo hasta que se vaya licuando el efecto Lebac.
Además, los operadores prevén que Caputo no utilizará las reservas para
provocar un freno en la escalada alcista del billete, mucho menos si la presión
proviene del exterior, tal como sucedió este miércoles. No hay dólares para todos y el BCRA tiene sus
prioridades.
De hecho, las tenencias del Central quedaron en u$s54.641 millones. Y en la
jornada que culminó disminuyeron u$s1.617 millones.
Así las cosas, desde que llegaron los dólares del FMI, las arcas oficiales han
descendido cerca de u$s8.600 millones.
Si bien el Central negoció con el Fondo no correr la meta de reservas netas,
que hubiera comprometido aún más a mantener un piso de dólares para no
"rifar" los billetes prestados, no puede intervenir como si los
recursos fueran propios.
"Una cosa es que el dólar suba 1,5% acompañando los movimientos de la
región y otra muy distinta es que trepe como sucedió en mayo o junio. No
podemos evitar los shocks externos, pero sí los movimientos locales ",
aclara el presidente del Central.
La hoja de ruta
La entidad tiene una hoja de ruta clara: no actuar, salvo que observe "movimientos disruptivos" en el
mercado. Léase, que no haya oferta o una excesiva demanda que obligue a
freno.
La visión de Caputo y de Gustavo Cañonero (su vice que por estas horas está
explicando en Nueva York el alcance del plan "Lebac cero" ante los banqueros y fondos de
inversión), es que el Central tiene que
luchar para que haya "estabilidad" en la plaza cambiaria, lo
que no significa quietud del dólar ni mucho menos tratar de detener una
devaluación importada.
Pasados los coletazos iniciales del desarme de Lebac -y si no hay nuevos
cimbronazos en el exterior-, el escenario que avizoran en el Central es el de
un mercado local en el que reine una tranquilidad parecida a la del mes de
julio, y no con las turbulencias de mayo o junio.
El optimismo de Caputo se explica por algunos indicadores que en las últimas
horas se encargó de que trasciendan:
1.La demanda minorista de dólares en bancos ahora es más baja que en la
pre-crisis. Este dato se hará oficial la próxima semana, cuando se publique el
Balance Cambiario
2. Hay poco volumen en el circuito
cambiario. Antes de la intervención del miércoles, cuando las
operaciones fueron mayores por razones obvias, la plaza venía muy calma.
Incluso, el viernes pasado cuando la lira turca se desplomó más del 15% y el
dólar en Argentina subió $1,14, el caudal de negocios de esa jornada fue normal
(u$s560 millones).
3. La balanza comercial, que es
deficitaria, mostrará una fuerte mejora en agosto y septiembre, luego de
la devaluación que encareció las compras en el exterior. "Van a ser
números que sorprenderán", dice Caputo. Atacar el desbalance de la cuenta
corriente es clave, según la entidad
De todos modos, en el Central saben que la pelea por la estabilización no es ni
será sencilla. Los activos argentinos, el dólar pero también los bonos, son
golpeados más que al resto.
Caputo, quien manejó exitosamente las finanzas del país hasta que tuvo que
tomar un Banco Central que se hundía ante la desconfianza de los inversores,
entiende que le toca bailar con la más fea.
La apuesta oficial es que el hecho de ir desarmando
las Lebac empiece a calmar la desconfianza que hay con
el país, al eliminar una vulnerabilidad importante.
Además, parte del plan Caputo contempla un fuerte torniquete al secar la plaza
de pesos.
Las iniciativas para controlar la cantidad de dinero en la economía -con la
suba de encajes y al ubicar las tasas por las nubes- juegan un rol central para
mantener estabilizado el dólar.
Para el Credit Suisse, las medidas
tomadas probablemente no reviertan la depreciación del peso,
particularmente en un escenario de aversión global al riesgo.
Sin embargo, "en el mediano plazo deberían
limitar el impacto sobre el dólardurante el proceso de eliminación
gradual de Lebac, que es una fuente de fragilidad financiera", afirma la
entidad suiza.
De todas formas -y si bien Caputo sabe que nada puede hacer si el dólar se
escapa por los cimbronazos externos- necesita que, más allá de estos factores
que no controla, vuelva a reinar cierta estabilidad.
"La inflación es una deuda pendiente", reconoce el titular del BCRA.
Por eso remarca que la única manera de encauzarla es que el billete verde se
estabilice. Claro está, habrá que ver a qué precio.
Por las intervenciones del miércoles, el máximo permitido fue $30. Pero la
crisis es dinámica y los vientos externos pueden volver a presionar.
Nadie sabe, ni siquiera en el seno del Banco Central, a qué valor del dólar el
mercado deja de "torear" al Gobierno.
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