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| Trump comienza el aterrizaje suave electoral. Wall St. festeja |
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21/08 - 08:46 Ambito Financiero |
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Por José Siaba Serrate - Wall Street se prepara, mañana, para consagrar
el mercado alcista más prolongado de su historia, cuyas raíces remontan hasta
el siglo XVIII. Y lo hará taloneando al S&P 500 en procura de nuevos
récords; el ánimo bravío por las negociaciones comerciales en ciernes entre
China y los EE.UU., una clara señal de que ambos líderes necesitan una tregua
para cerrar 2018. Y aún si el presidente Trump quisiese subrayar las ventajas
que obtuvo en la pulseada -y el jueves le diera vía libre a la aplicación de
aranceles sobre el remanente de 16 mil millones de dólares en importaciones
chinas que permanecen exentas aunque son parte del paquete inicial de sanciones
sobre un universo de 50 mil millones- e, inclusive, si su par Xi Jinping se
viera forzado a una idéntica represalia, la idea de una próxima entente tiene
firme su lugar. Conste que Wall Street siempre compró la noción de un Trump que
forzó el conflicto para gestionar un cambio a su favor de las reglas de juego
bilaterales del comercio y la inversión. La hoja de ruta que comenzará a
delinearse esta semana -cuando el subsecretario David Malpass (del área del
Tesoro, dato clave, y no de Comercio) reciba a la comitiva comercial china-
prevé un desenlace cantado: la reunión entre ambos presidentes en noviembre.
La campaña electoral ya comenzó. Y requiere un aterrizaje suave desde la cresta
de las trifulcas. ¿Qué ambiciona la Casa Blanca? ¿A sus plantas, en la antesala
de los comicios de mitad de término, tener rendido un león? No. Más bien, será
un déjà vu de Singapur. En la foto, Xi Jinping en vez de Kim Jong-un, pero el
mismo trasfondo. Trump será el narrador: exaltará la figura de China y de su
líder, jerarquizando su triunfo; y definirá a gusto los logros obtenidos,
"para beneficio mutuo", un avance que todos sus predecesores no
quisieron ni supieron conseguir. Tuvo que venir él, con su increíble talento y
por fuera de la política convencional, para cortar el nudo gordiano. Podrán,
luego, ir a votar en paz.
"Trump arregla con Europa y amenaza más a China", se dijo aquí dos
semanas atrás. La "Gran Kissinger" -el acuerdo con la Unión Europea
tras el paso de Jean Claude Juncker- puso en jaque a Beijing. Le birló de golpe
su principal aliado estratégico, anuló el poder de daño de su represalia más
efectiva (por lejos, las restricciones sobre las exportaciones de soja) y la
aisló en momentos en que, según la prensa, también se le complica el frente
interno a Xi. La respuesta fue rápida. China aplicó un encaje de 20% sobre las
operaciones de futuros de divisas. O sea, deslizó una ofrenda de paz en una
materia que escandalizó a Trump; que el terreno ganado con las restricciones de
comercio se pudiera perder en una paralela guerra de monedas. La realidad era
más limitada: Beijing podía dejar que el renminbi se depreciara, pero no a
costa de recrear la zozobra cambiaria de 2015 (cuando perdió medio billón de
dólares de reservas internacionales y sudó la gota gorda hasta restaurar la
estabilidad). Vale transcribir el análisis de dos semanas atrás: "¿Renace
la paz en Occidente para que recrudezca la guerra comercial con China? Es
posible. Pero, de vuelta, Trump es un hombre de negocios. No es rencoroso (que
lo diga Kim Jong-Un). Si China quiere negociar, se sentará a negociar (que es
lo que sabe hacer). Las condiciones China las conoce. Y ahora toma nota de una
posición estratégica inferior. Circunstancialmente. Que China -y Xi Jinping-
comparten con Trump la obsesión por la supremacía, pero tienen algo de lo que
Trump carece: todo el tiempo del mundo. No arruinarán sus planes de largo plazo
por un accidente en el camino".
Para Wall Street, y para el mundo, y llegado el caso, para los emergentes,
queda la sensación de alivio. Y la promesa inclusive del pertinente rally
(recordar lo que fue la saga que culminó en la reunión de Singapur; se la
anunció, se complicó, se la canceló, y recién luego se la resucitó). Si Trump
empieza a cerrar disputas -se rumorea un acuerdo inminente con México por el
Nafta (aunque no con Canadá)- será mejor para los que hoy no la pasan bien. Y
también la Fed de Powell lo agradecerá. Que no es sencillo usar las tijeras de
podar mientras a uno le agitan tanto la ligustrina.
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