|
Por Roberto
Cachanosky - ¿Cuál es la diferencia entre el patrón oro y la moneda
fiduciaria? , que esta última no tiene respaldo en oro ni ninguna otra
mercadería que los respalde. Solo la confianza que pueda tener la gente en esa
moneda es lo que puede transformarla en tal.
Por el contrario, en el patrón oro, la moneda es el metal precioso
y los billetes que circulan son solo recibos que certifican la existencia de
ese bien físico como respaldo.
Producir una tonelada de oro no es lo mismo que producir una tonelada de
billetes (cuando me refiero al peso de los billetes, no me refiero a las que se
pesaban en la era k, porque en el primero hay todo un costo de producción que
no permite producir en cualquier cantidad. En el caso de la moneda fiduciaria,
el límite está en la cantidad de papel, tinta e imprentas que puedan imprimir
billetes.
La Argentina abandonó definitivamente el patrón oro en 1929 y en 1935 empezó
a funcionar el Banco Central. El respaldo del peso no es otro que la confianza
que la gente pueda tener en la calidad institucional de los gobierno emisores.
Con 5 signos monetarios destruidos desde 1935, donde un peso actual
es equivalente a 1 billón de pesos moneda nacional del original, dado que al
peso se le quitaron 13 ceros desde que existe el BCRA.
La tasa de inflación promedió entre 1935 y 2017 da 60,7% anual. Es
decir, salvo períodos muy cortos, desde que se creó la autoridad monetaria los
argentinos hemos convivido con una tasa de inflación de dos dígitos altos por
año.
Obviamente con los picos del caso, como en la hiperinflación de
1989 que llegamos a casi el 5.000%, si alguien puede darse una idea de
magnitudes, la inflación acumulada entre 1935 (cuando se creó el BCRA) y 2017,
es de 52 trillones por ciento, a un ritmo medio de 60,7% anual
acumulativo en más de 80 años.
Para graficar año a año la inflación desde 1935 hasta 2017 se complica
por la amplitud de los números, de hasta 5.000% en 1989 a menos 1,8% en 1998,
por eso hay que recurrir a una escala logarítmica para poder apreciar su
magnitud. Los blancos en la curva corresponden a los escasos episodios de
deflación, baja nominal del índice general de precios al consumidor.
Lo que permite ver este gráfico es que actualmente estamos en
inflaciones equivalentes a los de las décadas del 50, del 60 y principios de
los 70, ya que luego se dispara con el rodrigazo de 1975, como se denominó al
singular salto de la variación de los precios y salarios a ritmo de 3 dígitos
al año.
Ahora bien, lo relevante es que con esta historia inflacionaria, el
peso argentino no puede nunca generar confianza para ser moneda, en el sentido
de constituir reserva de valor. Como no es reserva de valor no sirve para hacer
cálculo económico, por ejemplo, estimar proyectos de inversión a 10 años. ¿Cómo
estimo, con la inestabilidad monetaria que tenemos, los costos futuros de mano
de obra, insumos, etc.?
Atesoramiento en divisas
Dada esta historia inflacionaria es que los Argentinos elegimos el dólar
como moneda(hasta los k, con su modelo Nac&Pop, llenaban los bolsos con
euros y dólares).
Dado que no tenemos una moneda para hacer cálculo económico y eso frena
las transacciones, surge la idea de dolarizar o establecer un sistema de
competencia de monedas. ¿Solucionaría la dolarización nuestro problema de falta
de moneda? Creo que sí, pero parcialmente porque tenemos otro problema: una
larga historia de falta de seguridad jurídica.
Como los diferentes gobiernos argentinos fueron sistemáticos
confiscadores de activos financieros para cubrir el déficit fiscal, el
argentino ahorra en divisas, y en gran parte en el exterior.
Historia de confiscaciones de ahorros
La primera licuación de los ahorros en dólares fue durante la
presidencia de Arturo Illia, en 1964, cuando se confiscaron depósitos en moneda
extranjera por USD 200 millones que serían unos USD 1.600 millones actuales.
En 1975 mucha gente perdió sus ahorros y su capital de trabajo por el
rodrigazo; luego la crisis de la tablita cambiaria en 1977/80; la
hiperinflación en 1989; el plan Bonex 1990; la pesificación asimétrica 2002; la
confiscación de los ahorros en las AFJP en 2009 y, tal vez, me esté olvidando
de algún otro caso.
Lo cierto es que aun teniendo moneda, por ejemplo dolarizando la
economía o estableciendo competencia de monedas, tenemos el problema que, dada
la falta de seguridad jurídica, el argentino tiene sus ahorros en el exterior.
Si tomamos el total de depósitos respecto al PBI, de acuerdo a
datos del Banco Mundial, el promedio mundial está en el 50%; la media de
Latinoamérica y el Caribe también es de 50%; y seleccionando algunos países, se
puede ver que la Argentina está con las proporciones más bajas, incluso por
debajo de Uganda, Camerún y Burundi.
Esta tan baja relación depósitos/PBI indica que el ahorro del argentino
volcado al mercado interno es mínimo, como consecuencia de la inseguridad
jurídica y, por lo tanto, hay muy baja capacidad de financiamiento tanto de la
inversión como del consumo.
Sin recursos para financiar la inversión
El populismo que venimos padeciendo desde hace décadas hizo que el
argentino llevara sus ahorros al exterior, a países desarrollados, con lo cual
llegamos al absurdo que nosotros, que somos un país subdesarrollado,
terminamos financiando la inversión y el consumo de los países desarrollados.
Pero no porque el argentino sea una mala persona, sino porque las reglas
de juego de un estado saqueador nos llevó a tal grado de inseguridad jurídica
que pocos quieren ahorrar en el mercado de capitales de Argentina para no ser
confiscados por el Estado. Esto genera altas tasas de interés, encima con
el Estado demandando el escaso ahorro interno para financiar el déficit fiscal,
que hacen inviables las inversiones.
En síntesis, creo que los argentinos necesitamos tener una moneda y
que no estamos en condiciones de generar nuestra propia moneda fiduciaria porque
la dirigencia política argentina no ofrece esa confianza, pero con un cambio de
sistema monetario no terminaríamos de resolver un problema mayor: la
inseguridad jurídica derivada de un Estado saqueador que ha confiscado cuanto
ahorro ha encontrado a su paso para financiar las aventuras populistas.
El largo camino que nos queda por delante es tener seguridad jurídica. Esa
que ofreció la Constitución de 1853/60 y nos permitió ser uno de los países más
prósperos de la tierra. Retomar los principios de aquella Constitución es lo
que nos abrirá la puerta para volver a crecer.
|