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Nueva York - Impulsada por
extraordiarios estímulos monetarios y generosos recortes de impuestos, Wall
Street suma otro hito: por primera vez desde 1946 pasó casi una década sin
padecer una crisis mayor.
Ayer, Wall Street llegó a los 3.453 días sin conocer una caída de más de 20%,
su resultado récord desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El último récord
del índice S&P 500, que reúne a las mayores empresas estadounidenses y
sirve de base a este cálculo, duró un día menos y culminó con el estallido de
la burbuja de internet, a comienzos de 2000.
"Es un símbolo alentador, pues significa que el entusiasmo sigue siendo
vivaz", comentó Sam Stovall, de la firma de inversiones CFRA. Esta
tendencia optimista nació en marzo de 2009, justo después de la crisis
financiera que había arrasado con más de la mitad del valor bursátil del
S&P 500.
Wall Street emergió entonces de su condición de "bear market",
mercado con caídas de más de 20% respecto a su récord, y reconquistó su
condición de "bull market", una plaza con tendencia alcista.
En respuesta a la crisis financiera de 2008/2009 que dejó a Estados Unidos en
una fuerte recesión, la Reserva Federal inyectó miles de millones de dólares a
la economía para reactivarla. Esa política estimuló inversiones más
arriesgadas, como las la de la Bolsa.
"El actual mercado alcista comenzó con tasas de interés más bajas que
cualquier otro mercado alcista y ayudó a alimentar el crecimiento y los
ingresos de las empresas", sostiene Stovall. Los precios de la Bolsa
treparon así más de 300% en nueve años.
Este contexto favorable a las empresas estadounidenses tuvo lugar al tiempo que
el crecimiento económico conocía un alza ininterrumpida prácticamente a lo largo
de diez años, un ciclo excepcionalmente prolongado.
Las empresas se beneficiaron además, desde la llegada al poder de Donald Trump
en 2017, de una reforma que redujo sus impuestos de 35% a 21%, lo que hizo que
sus ingresos se inscribieran este año "en el libro de los récords",
según señaló la sociedad de investigaciones DataTrek.
Pero tras una década de crecimiento, lo que se plantea actualmente con
insistencia es el tema del aterrizaje.
"Los mercados alcistas no mueren de vejez, sino de miedo", piensa
Stovall, y estima que el principal riesgo proviene de la posibilidad de una
recesión.
La mayor parte de los analistas no prevén, sin embargo, un escenario de ese
tipo a corto plazo. "Yo estaría mucho más preocupado si los resultados de
las empresas o los indicadores económicos comenzaran a ralentizarse, lo cual
marcaría el fin del ciclo de crecimiento", observa Art Hogan de la firma
de inversiones B. Riley FBR.
El aumento progresivo de las tasas de interés de la Fed, iniciada en 2015, está
siendo vigilado, en la medida en que esta política podría alentar a los
corredores a reequilibrar su portafolio en beneficio de la deuda estadounidense
a través de los bonos del Tesoro, menos riesgosos y cada vez más remuneradores.
Las tasas, no obstante, están evolucionando aún a niveles históricamente muy
bajos. Según un estudio conducido por Stovall, "las tasas de interés deben
situarse como mínimo 1,5 puntos por encima de la inflación, lo que
correspondería actualmente a 4%, para desatar un 'bear market', pero están
evolucionando entre 1,75% y 2%".
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