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| Gobierno acelera el plan B: FMI o auxilio desde la Casa Blanca |
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29/08 - 08:42 Ambito Financiero |
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Carlos Burgueño - Mauricio Macri pide calma. Y asegura a todos sus
colaboradores directos que pronto habrá novedades importantes que, según la
visión oficial, despejarán las principales dudas que hay sobre el futuro
financiero del país. Aunque no lo dice con estas palabras, el jefe de Estado se
refiere a la preparación de un paquete de entre u$s8.000 y u$s15.000 millones
de ayuda internacional, con lo que se cubrirían las necesidades de
financiamiento para todo este año y 2019. Y para después de este anuncio, se
esperará a que en la última parte del año el ministro de Producción, Dante
Sica, termine de diseñar un plan de desarrollo que apunte a levantar la muy
alicaída economía real, basándose en aquellos sectores que mayor capacidad de
reacción podrían mostrar luego de la megadevaluación que se acumula este
año.
La mayor parte del dinero del primer paquete, si las negociaciones llegaran a
buen puerto, se está discutiendo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La
hipótesis de máxima es que el organismo que maneja Christine Lagarde libere más
fondos para el stand by con la Argentina; aunque se reconoce que esta
alternativa es difícil. Según la visión del propio encargado del caso argentino
para el FMI, Ricardo Caldarelli, los u$s50.000 millones originales son mucho
más de lo que podía aspirar el país, y hay otros estados que integran el board
que no aceptarían esa ampliación. La segunda hipótesis entonces en negociación
es que el FMI acelere los tiempos en el plan de liberación del dinero,
reduciendo de tres a dos años la vigencia del plan de desembolsos. La idea es
que para el segundo semestre de 2019 los u$s50.000 millones estén ya
liquidados; y, con esto, las necesidades financieras de todo el Gobierno de
Mauricio Macri cubiertas.
Si estas negociaciones no avanzaran (todo dependerá de la decisión política de
Lagarde y del apoyo con que cuente en el directorio del Fondo), se analiza el
plan B: los contactos con la Secretaría del Tesoro norteamericana que dirige
Steven Mnuchin. Este funcionario es un viejo amigo del Gobierno de Mauricio
Macri, y representa la relación más sólida entre las finanzas argentinas y
norteamericanas. Con Mnuchin incluso fue con la primera persona que se sondeó
luego de abril algún tipo de ayuda financiera para apuntalar la economía
argentina, cuando desde EE.UU. comenzaron a subir las tasas de interés de la
deuda de ese país. En ese momento se consideró que aún la situación era
manejable, pero que se tendría en carpeta el ofrecimiento. Luego, con el
agravamiento de la crisis, hubo contactos con el secretario de Tesoro, pero el
dinero disponible no alcanzaba para cubrir las necesidades financieras para el
año y despejar las dudas para todo 2018. Por eso desde Buenos Aires se eligió
la alternativa del FMI, pero sabiendo que este plan B (adelantado por este
diario el 14 de agosto pasado) estaría disponible. El problema, tal como lo
dejó claro Mnuchin, es que la palabra final la tiene Donald Trump y que, en
consecuencia, deberá ser una gestión personal del Presidente argentino con su
colega y viejo conocido norteamericano la que destrabe la ayuda. El monto que
se negocia es, por ahora, un misterio. Lo mismo que las condiciones. Sólo
existe el antecedente de Bill Clinton con México luego de la crisis tequila del
94. Pero se reconoce que las circunstancias son diferentes. Los argumentos de
la ayuda serían más políticos que financieros. Se habla de la convicción desde
Washington de la importancia de mantener la estabilidad económica del país, en
tiempos en los que Argentina es uno de los principales referentes regionales
contra el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Esto, además de las
incógnitas que trae la situación brasileña y las posibilidades serias de una
victoria electoral de Luiz Inacio Lula da Silva.
La convicción desde Argentina es que el dinero que podría aportar EE.UU. (más
otro tanto provenientes de fondos de inversión internacionales amigos), debería
servir para despejar la incógnita que los mercados tienen con el país: que
pueda pagar las deudas acumuladas, al menos, hasta diciembre de 2019. Y que
mientras tanto, los planes presupuestarios para el próximo año de ajuste fiscal
se cumplan. Macri y su gabinete están seguros de que esto último será
garantizado, y que sólo necesita que se despeje la primera duda para poder,
ahora sí, comenzar a hacer equilibrio macroeconómico para pensar en un 2019
mejor que 2018 (en realidad, mucho esfuerzo no habrá que hacer). Finalmente,
hacia octubre y una vez que el Presupuesto 2019 esté aprobado por el Congreso
nacional (con la promesa real de una reducción del déficit a 1,3%), Mauricio
Macri le dio la orden a Dante Sica para que prepare un plan de medidas de
reactivación. El plan, obviamente, deberá tener como principal restricción las
metas presupuestarias acotadas, con lo que la esperanza está puesta en los
sectores que se beneficiaron con la devaluación y que, pronto, deberían
comenzar a responder con la generación de divisas. El más importante es el
campo. Para el Ejecutivo terminaron los meses de penar por la sequía, y comenzaría
un período más optimista.
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