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Por Javier Blanco -
El dólar profundizó
ayer su carrera alcista en otra jornada de negocios aciaga para las monedas
emergentes en general, pero especialmente para el peso, que no logra
estabilizarse pese a las altas tasas y los esfuerzos oficiales por atenuar su
caída.
El billete cerró al público por primera vez por encima de los $32, con
lo que el peso se devaluó de 1,3 a 1,6% (según su versión minorista o
mayorista). Ante la nueva escalada, el Gobierno intensifica gestiones con los
enviados del FMI que
aún se encuentran en el país para introducir modificaciones al acuerdo sellado
en junio que permitan adaptarlo "a las actuales circunstancias del
mercado", según confiaron fuentes oficiales a LA
Las gestiones fueron confirmadas por voceros del organismo
internacional, quienes admitieron a LA NACION que hay "avances
importantes", pero se excusaron de dar a conocer mayores detalles hasta
que concluya la misión que está en Buenos Aires evaluando el cumplimiento de
los compromisos.
Los tiempos que manejan parecen no coincidir con los deseos de la
conducción del BCRA, que
observó con preocupación en las últimas dos jornadas cómo el mercado retomó una
dinámica "de corrida", tras un par de meses de relativa calma, por lo
que buscan alternativas que permitan aplacarla.
Ocurre que el billete sumó, con el salto de ayer, la séptima suba
consecutiva. Y que mantuvo y afirmó esa tendencia pese a las renovadas
incursiones del BCRA sobre la plaza cambiaria, las que implicaron sacrificar
US$410 millones de las reservas en las últimas dos jornadas sin hacerle mella a
la escalada, con lo que el dólar ya subió más de 4 pesos en el mes (había
cerrado julio a $28,03 y ayer quedó a $32,06, en promedio).
En este contexto, el volumen operado en el mercado, que se había
estabilizado en el rango de 400/500 millones de dólares por rueda en las
últimas semanas, volvió a dispararse en las últimas ruedas, totalizando más de
US$674 millones anteayer y elevándose hasta US$794 millones en la víspera.
"El problema para el BCRA es que es un secreto a voces que el
acuerdo con el FMI le impide intervenir vendiendo reservas para controlar el
nivel del tipo de cambio y que solo pueden abastecer al mercado en dosis
homeopáticas", explica el economista Fernando Camusso, director de Rafaela
Capital. "Y la opción de dejar correr el dólar solo te devuelve más
licuación y estanflación, y no es muy viable en un contexto en el que se encaró
el desarme de Lebac, porque sería asegurar que esos pesos vayan al dólar, con
un altísimo costo en reservas. Una verdadera encerrona", advierte.
"La sensación es que aquí siguen pesando más los factores locales,
aunque es cierto que hoy [por ayer] casi todas las monedas de la región cayeron
frente al dólar. Es necesario que el BCRA actúe con más convicción para
encauzar expectativas", juzgaron en Industrial Valores.
La sostenida debacle del peso queda bien graficada en la evolución del
dólar: había cerrado 2017 a $18,95 al público y alcanzó los $25,55 a mediados
de junio -cuando una serie de medidas y el recambio de autoridades en el BCRA
parecieron calmar al mercado-, todos precios que parecen "regalados"
al valor de cierre de ayer.
Así, la moneda nacional se depreció ya 14,5% en lo que va del mes y más
del 68% en lo que va del año, aun cuando el BCRA usó US$1446 millones de las
reservas en lo que va del mes (y US$12.876 millones desde el comienzo del año)
en sus fallidas incursiones -a juzgar por los resultados- para dosificar esa
caída.
Para el economista Martín Vauthier, director de EcoGo, estos resultados
demuestran "lo erróneo de la estrategia de tratar de contener el dólar con
tasas en niveles deovershooting para siempre y perdiendo reservas.
Vendieron US$410 millones en dos ruedas y el dólar vuelve a subir como si
nada".
Pero los recursos con que cuenta el BCRA para frenarlo son limitados, ya
que el acuerdo con el FMI le impide fijarle precio al dólar, lo que lo deja sin
la opción de poner una megaoferta de venta a un precio "tope", como
hizo Federico Sturzenegger al final de su gestión, y no es una opción para este
gobierno la posibilidad de fijar límites a la demanda.
Por esta razón, se había instalado ayer en la conducción del BCRA un
clima de ansiedad para que se anunciaran las reformulaciones al acuerdo con el
FMI, entendiendo que si ayudan para que se "calmen las expectativas"
contribuirán para que la demanda de dólares se desinfle y la plaza cambiaria se
reequilibre otra vez.
En el Gobierno apenas concedieron que el rediseño del acuerdo apunta a
tratar de "despejar todas las dudas" sobre un acceso al
financiamiento que asegure el repago de la deuda al menos hasta el final del
mandato del presidente Mauricio Macri. Lo que el Gobierno busca es la
posibilidad de quitarles o bajarles condicionamientos a los desembolsos ya
contemplados para 2019 para que puedan considerarse parte de una especie de
fondo de reserva destinado a cumplir con esas obligaciones.
El objetivo final es ayudar a bajar la tasa de riesgo país, que cerró en
689 puntos ayer, pese a que el promedio de riesgo emergente se redujo 0,7% en
la jornada y subió 96% en lo que va del año. "Lo que hoy trasciende es que
no habría ampliación del stand-by, sino un adelanto de los
desembolsos. Esto confirma que el plan financiero 2019 no estaba cerrado y el
mercado tenía razón en dudar. Y nos llevaría a preguntar ¿por qué demoraron en
reconocerlo? Es una gratuita pérdida de credibilidad", juzgó el economista
Julio Piekarz por Twitter.
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