Por Claudio Zlotnik - El Gobierno da por seguro -e inminente-
un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario que
le permita llevar algo de calma al agitado mercado financiero.
En este marco, fuentes oficiales adelantaron a iProfesional que el
anuncio se concretará apenas estén cerradas las negociaciones que se vienen
llevando a cabo en el más alto nivel.
"Las conversaciones están bien encaminadas", señaló un destacado
miembro del equipo económico.
Según pudo saber iProfesional, se está barajando la posibilidad de
que el FMI ponga a
disposición del Gobierno entre u$s15.000 y u$s20.000 millones adicionales al
acuerdo que está en plena vigencia.
De esa manera, confían en el Ejecutivo, se despejarían las dudas que
existen entre los financistas de Wall Street respecto de que la Argentina no
cuenta con los fondos necesarios para hacer frente a los vencimientos de
la deuda del
próximo año.
Los tiempos se adelantaron
Tal como anticipó iProfesional el último 6 de agosto, la idea original de Nicolás Dujovne y de Luis
"Toto" Caputo era que el adelantamiento de los desembolsos del Fondo
ocurriera recién en 2019, de forma de tranquilizar a los inversores
durante el año electoral.
Sin embargo, las dudas de los financistas sobre la solvencia de la
Argentina se fueron profundizando aún más en las últimas semanas, en simultáneo
con la convulsión observada en el mercado cambiario.
Según el Gobierno, el bache financiero del próximo año ronda los u$s7.500
millones. Con esos fondos ya podría asegurarse que el país cumplirá con los
vencimientos de la deuda y, por lo
tanto, evitaría un default.
No obstante, hay divergencias
sobre el monto real de las necesidades. Algunos bancos de Wall Street estiran
ese número a u$s15.000 e incluso hasta u$s20.000 millones, al añadirle los
vencimientos de la deuda en pesos.
Es que los operadores en Nueva York prefieren sumar todos los pasivos, bajo el
argumento de que si un inversor no quiere refinanciar ese vencimiento, lo más
probable es que termine demandando dólares, tal como sucedió con una buena
parte de quienes poseían Lebac.
En el Banco Central tienen
la certeza de que si la Argentina puede mostrarle al mercado que ya cuenta con
todo ese dinero, los precios de los bonos se recuperarían, bajaría el riesgo
país y también disminuirían las presiones sobre el tipo de cambio.
En las últimas jornadas, el "riesgo país" superó los 700
puntos, lo que equivale colocar a la Argentina en el lote de los mercados más
riesgosos del mundo. Un escalón que, a ojos de los funcionarios, luce
totalmente exagerado.
Este "riesgo país" significa, ni más ni menos, que los
mercados de crédito voluntario se encuentran cerrados. Es decir, que no podría
salir a buscar los fondos que requiere para tapar el agujero financiero del
próximo año.
En la secuencia imaginada por los funcionarios, si al final logran
disponer el monto de dinero para cubrir las necesidades de 2019, los mercados
volverán a abrirse.
El Gobierno necesita imperiosamente un cambio en las expectativas de los
financistas, de manera de estabilizar la plaza cambiaria. Es condición
fundamental para pensar en una recuperación, lo más rápida y contundente
posible, de la actividad económica.
Revisando la letra chica
En estas horas se está definiendo el mecanismo a través del cual el
Gobierno se aseguraría el dinero. Como el compromiso vigente hasta ahora hace
referencia a desembolsos trimestrales a medida que el Palacio de Hacienda
cumpla con las metas fiscales, un adelantamiento de los dólares implicaría un
rediseño de lo ya firmado.
Una de las posibilidades es que el FMI ponga a disposición
de la Argentina entre u$s15.000 y
u$s20.000 millones, que sólo podrían utilizarse para enfrentar los vencimientos
de deuda, siempre
y cuando el Gobierno se encontrare impedido de recurrir a los mercados.
Uno de los temas bajo análisis es, justamente, la manera de amoldar las
necesidades del país a las reglas ya escritas del FMI.
Tanto el economista jefe del Fondo, el italiano Roberto Cardarelli, como
el jefe del Departamento del Hemisferio Occidental, Alejandro Werner, dicen
desconocer cualquier avance en las conversaciones.
Un reconocido consultor de la City que en la tarde del martes quiso
saber de boca de Werner el estado de las negociaciones recibió una clara
respuesta: "Yo la veo difícil. No hay ni siquiera ninguna nota formal bajo
análisis".
Sin embargo, ese escepticismo del mercado contrasta con el optimismo de
los funcionarios, que saben que estas decisiones corren por el carril político,
donde el gobierno de Macri tiene los mecanismos bien aceitados.
De hecho, es muy probable que hace tres meses y medio, cuando el
Presidente en persona tomó contacto con Christine Lagarde para sellar un pacto,
Werner hubiese dicho más o menos lo mismo si lo consultaban sobre un acuerdo con
la Argentina.
Está claro que este tipo de
negociaciones se manejan en el máximo nivel político. De hecho, cuando se
rubricó el convenio de mayo, hubo un tironeo entre el staff técnico y el ala
política del Fondo Monetario.
El adelantamiento del Plan B
El plan original de la dupla Dujovne-Caputo refería a que el FMI pudiera
adelantar los desembolsos previstos para el 2020 al 2019, que es electoral.
La aspiración era ya disponer el año que viene del remanente del
acuerdo, pese a que el crédito del organismo se extiende a lo largo de tres
años y está previsto que ese dinero sea transferido de manera gradual
durante ese lapso.
Sin embargo, ante el descrédito de
los financistas, debió ponerse en marcha el "Plan Adelantamiento".
En el origen, el "Plan A" del pacto con el Fondo Monetario era
que el acuerdo por sí sólo sirviese para anclar las expectativas y detener la
corrida que se había iniciado hacia fines de abril. Pero fracasó.
El dólar, que al momento
de la rúbrica se ubicaba en $25 (y que el Gobierno había dictaminado que hasta
ahí había llegado la devaluación) ya cotiza por arriba de $32. Es decir, se
registró una suba adicional del 28% y nada indica que la escalada haya llegado
a su fin. Por el contrario, a medida que pasan las jornadas, la desconfianza
parece profundizarse.
Y no es solamente una cuestión de cotización. Lo cierto es que, en
apenas dos meses, desde que llegó el primer tramo del aporte del Fondo
Monetario por u$s15.000 millones, las reservas del Banco Central ya
cayeron en u$s8.575 millones.
Es decir, no sólo hubo una desvalorización de la moneda sino que, en
simultáneo, continuó la salida de capitales. Una tendencia similar a la que ya
se venía dando durante el mandato de Federico Sturzenegger en el Banco Central.
Ya jugada la "bala de plata" -que fue el acuerdo con el FMI- ahora el
Gobierno trata de montar una ingeniería que impida una nueva mega devaluación.
Del estilo de la que insinuó hace una semana Carlos
Melconian, quien dijo que si el Ejecutivo no lograba una estabilización del
sector externo (salida de divisas por dolarización de portafolios, turismo e
importaciones), lo más probable iba a ser el advenimiento de un "Plan
C".
¿En qué consistiría ese eventual "Plan
C"? En más devaluación y en la imposición de retenciones a las
exportaciones, de manera de amortiguar el traslado del dólar a la
inflación. Sobre todo a los precios de los alimentos.
"El Plan C es un parche. Es un retroceso y no una solución. Pero sí
una forma de parar la demanda cambiaria sin que eso vaya a complicar tanto el
salario real. Por un lado, un golpe mortal al turismo y, por el otro, las
retenciones ayudarían a que la devaluación no se contagie tanto a los precios.
Sería una devaluación compensada", imagina Melconian.
"Se trata de una medida transitoria, que podría caerle bien al
Fondo", agrega.
Justamente, y con respecto al precio de equilibrio del billete verde,
Melconian volvió a hacer hincapié en que el valor de $30 no es el que detendrá
la dolarización ni los viajes al exterior. "No sé cuánto va a valer la
semana que viene el dólar, pero es como
el tema de las Lebac: la crónica de una muerte anunciada", remarca.
"El tipo de cambio tiene que ser tal que la
tía no compre más dólares y que el cadete no se vaya a Itaparica o South Beach.
Ese es otro tipo de cambio que no es el de $30", había señalado. En su
visión, como a $30 sigue habiendo una demanda que supera la oferta, la clave
será determinar a qué precio podrán equilibrarse ambas variables.
El Gobierno no quiere rendirse ante esa evaluación. Por eso ahora puso
todas las fichas (otra vez) a que un acuerdo con el FMI modifique el
estado de cosas.
¿Lo logrará? No falta mucho para saberlo.
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