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| Macri confía en revancha luego de “convencer” a auditores de Wall St. |
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30/08 - 08:45 Ambito Financiero |
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Por Carlos Burgueño - Mauricio Macri se jugará su
credibilidad final ante los mercados financieros internacionales en Wall
Street. Será antes de fin de mes en Nueva York; y para ese momento, el presidente
argentino quiere tener el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional
(FMI) ya firmado, y el acuerdo político por la aprobación del Presupuesto para
2019 cerrado y encaminado. El jefe de Estado, tal como adelantó este diario, se
presentará en persona en al menos cuatro encuentros con financistas y hombres
de empresas en Nueva York, cuando viaje a la Asamblea Anual de las Naciones
Unidas, un evento del que hubiera preferido prescindir, pero del que finalmente
participará. La crisis local, ya sin posibilidades de adjudicar sus causas a
ningún otro efecto que no sea el criollo, y la decisión de Macri de ser él
personalmente el que salga a defender la estabilidad de su plan económico
hicieron que el Presidente cambiaria de opinión y se pusiera al frente de la
misión de convencimiento y recuperación de la credibilidad.
Macri tiene ya preparados dos desayunos de trabajo con inversores
internacionales. Uno organizado por el Blackrock y otro, por el fondo
Templeton, dos de los que más colaboraron en los tiempos de crisis financiera
comprando las ofertas de emisión de deuda que desplegó el Banco Central desde
que Luis Caputo ocupa el sillón presidencial. Se están organizando además otras
dos reuniones, ambas con invitación a operadores y fondos de inversión con sede
en los Estados Unidos; en este caso, con dos bancos de primera línea como
anfitriones. En todos el orador será el propio Macri, secundado por sus
funcionarios más importantes en el manejo de la economía, pero como
"chaperones". La idea es que sea él mismo en persona el que conteste
preguntas y le haga frente a la adversidad. Aparentemente, el resultado algo
desilusionante de la presencia del vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, de la
semana pasada hizo que Macri decidiera ponerse las explicaciones al hombro. Fue
así incluso que optó por dar personalmente la cara ayer por la mañana antes de
la apertura de los mercados, en una fallida presentación de llamado a la
tranquilidad del público y los operadores, la que evidentemente no cumplió con
su objetivo.
Macri quiere llevarles a los operadores la certeza absoluta, no sólo de la
imposibilidad del país de caer en default, sino que los nuevos términos del
entendimiento con el FMI serán cumplidos. Y que ya no habrá nuevas
desviaciones, como las que llevaron a no poder alcanzar las metas negociadas en
junio pasado, y que derivaron en el récord absoluto de un país que incumple lo
firmado antes de los seis meses.
Macri necesita que antes del viaje a Nueva York, preparado para la última
semana de septiembre, el directorio del organismo termine de aprobar un nuevo
Memorándum de Entendimiento con metas generales más creíbles que las que se
presentaron en el acuerdo de junio. Se sabe que las negociaciones con el
organismo que maneja Christine Lagarde durarán unas dos semanas, y que lo más
difícil será convencer a países de posiciones más conservadoras como Alemania,
Holanda, Japón o Gran Bretaña sobre la necesidad de discutir nuevas pautas. La
esperanza en este sentido es una sola: la capacidad infinita de Lagarde de
ejecutar su gran apuesta política de rescatar a la Argentina de la crisis y
anotarse una victoria personal en su historia como directora gerente del
FMI.
Macri y su equipo económico confían en que el nuevo Memo para ser creíble
necesitará como componente fundamental las garantías de que la meta de un
déficit fiscal primario para 2019 de 1,3% del PBI será cumplida. Y para esto
Macri piensa llevar bajo el brazo algún tipo de preacuerdo político entre los
gobernadores y los referentes legislativos de la "oposición racional"
(léase, no kirchnerista) para la aprobación de un Presupuesto para 2019 que
garantice ese déficit. El Presidente tendrá como principal aval para la promesa
que hará en Washington el resultado proyectado para este año, de un déficit de
2,4% del PBI, cuando la meta original acordada con el FMI era de 2,7%.
Como tercer argumento, Macri llevará a los oídos de los inversores externos la
manera en que se fue negociando con el FMI el proceso de desmantelamiento de la
bomba de las Lebac; un instrumento del que, por otro lado, muchos de sus
futuros interlocutores participaron entusiastas en los días de tasas en pesos
altas, dólar congelado y bonos del Tesoro de EE.UU. de rentabilidad negativa.
Deberá esperarse Macri en este capítulo: los inversores extranjeros desconfían,
y mucho, de la manera en que Argentina piensa cambiar los vencimientos de Lebac
en pesos con otros en la misma moneda, cuando los tenedores cuentan con la
posibilidad de acceder a los dólares que aportan las reservas del Banco
Central. Más cuando Argentina se había comprometido a desmantelar la bomba con
recursos genuinos, no con los ahorros del Central que, en gran parte, son
enriquecidos con los aportes del FMI. En otras palabras, Macri deberá explicar
por qué la devaluación es en este sentido proactiva, pese a sus efectos
inflacionarios.
Supone Macri que con todos estos argumentos alcanzará. Pero aún hay una carta
final para jugarse en Estados Unidos: un contacto directo con Donald Trump a
través de las gestiones que está haciendo el secretario del Tesoro
Norteamericano, Steven Mnuchin. Este último fue uno de los artífices de la
aceptación del FMI del cambio de cronograma de desembolsos al país, luego de
hablar con Trump sobre la necesidad de ayudar, otra vez, a la Argentina para
que no caiga en una crisis más. Mnuchin tiene en carpeta algo más: un dinero de
potencial ayuda al país si la situación continúa complicándose y los mercados
siguen jugándole en contra al Gobierno de Macri. En los exel oficiales de
EE.UU. figuran entre 8.000 y 10.000 millones disponibles para un país amigo
que, entre otras cuestiones, es el contrabalance en la región contra Nicolás
Maduro y su régimen venezolano. Por ahora, Macri no quiere esta opción. Ya la
había tenido en junio pasado, cuando optó por el retorno del país al FMI. Pero
si el nuevo Memorándum no alcanza, el Presidente no tendría más opciones que
aceptar la ayuda de su amigo americano. Y quizá, de algún tipo de aporte
multilateral de bancos internacionales.
Macri confía mucho en los resultados de este viaje a Estados Unidos. Al punto
de considerarlo casi como un relanzamiento de su gestión económica ante el
mundo. Luego, y si tiene éxito, para su regreso a Buenos Aires, su propio
gabinete está en la mira.
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