|
Por Claudio Zlotnik- Fernando Gutiérrez - El dólar trepó 7,6% en
una sola jornada y terminó vendiéndose a $34,50 en el Banco Nación. En
simultáneo, se desplomaron los bonos de la deuda pública y también el valor de
las acciones argentinas que cotizan en Wall Street, que son de las compañías
más grandes y representativas del país. También se dispararon los seguros contradefault (CDS), ante el temor de los financistas de que el país no pueda honrar losvencimientos de la deuda.
Lo más grave de este escenario de terremoto financiero fue que sucedió
en la misma jornada en la que Mauricio Macri anunciara un
acuerdo extraordinario con el Fondo Monetario Internacional, que consiste en un
adelantamiento para 2019 de los fondos comprometidos para más adelante. Es
decir, ante un mensaje cuyo explícito objetivo era disipar cualquier sospecha
sobre problemas para pagar la deuda, la respuesta del mercado fue la de
demostrar una desconfianza aun mayor.
La medida -adelantada por iProfesional el último 6 de agosto- fue escuetamenteanunciada por el jefe de Estado en un mensaje de tan sólo un minuto y 42 segundos: afirmó que esa iniciativa serviría para "fortalecer la confianza y retomar el senderode crecimiento lo antes posible".
Y que consistía en "adelantar todos los fondos necesarios para garantizar elcumplimiento del programa financiero del año próximo". Fuentes oficiales dejarontrascender que implicaría que en 2019 estarán disponibles los u$s29.000
millones del préstamo del FMI que estaban
previstos originalmente para 2020 y 2021.
A primera vista, eso debería tener el efecto de un calmante potente. A fin de cuentas, si lo que generaba dudas era la falta de dólares, el anuncio apuntaba justamente agarantizar que no habría problemas de caja. Pero quedó en evidencia que los inversores están haciendo
otra lectura: no tomaron el mensaje de Macri como una
muestra de fortaleza sino de debilidad política. Y sólo ven un escenario decomplicaciones a futuro.
Pulgar para abajo
En un contexto en el que el mercado reacciona mal cuando Macri trata de llevar
calma por la vía de mostrar capacidad financiera, la pregunta que empezó a
flotar en el ambiente político y empresarial es qué tipo de medida hace falta
para cambiar el humor. Si es que aun queda margen para ello, porque hay
operadores en la City que consideran que se pasó un punto de no retorno.
“Wall Street le bajó el pulgar a Macri”, fue la lectura inmediata en los centrosfinancieros. A tal punto que desde varios bancos internacionales y fondos deinversión extranjeros comentaron a iProfesional que habían recibido llamadasurgentes de sus clientes para conocer detalles y los motivos de semejante corrida.
“Estamos sorprendidos por la crudeza de la corrida. Por la magnitud de ladesconfianza en la Argentina”, describió el representante de uno de esos fondos deinversión ante una consulta de iProfesional.
Una explicación que ensayaban estos operadores es que se considera casi
descartadas las chances reelectorales de Macri, lo cual pone una
cuota de incertidumbre política para 2019, y en ese contexto los inversores
prefieren el repliegue. Se escucharon también críticas en el sentido de un
error de diagnóstico por parte del Gobierno: de hecho, nunca estuvo en duda la
capacidad para pagar los vencimientos de deuda, sino que los interrogantes
radicaban en la visión del rumbo económico, y eso no ha sido modificado.
Es en ese contexto que la nueva corrida del dólar es percibida
como una reacción lógica: la respuesta clásica en cada crisis argentina, ante
la falta de decisión política para un ajuste estructural.
Hay, por otra parte, una sensación de "rendimiento decreciente" en los anuncios demedidas oficiales y en los intentos de generar certidumbre.
Desde finales de abril a esta parte ya hubo varios pronunciamientos dando por
terminada la corrida, e incluso el Gobierno ya jugó su "bala de
plata": el acuerdo con el FMI, que ahora fue
reformulado para captar la confianza de los inversores.
Pero nada de eso sirvió. Ni siquiera cuando el anuncio fue encabezado por elmismísimo jefe de Estado.
"Ahora, lo más importante es que el Banco Central contenga la corrida. Queestabilice el mercado", señalaron desde un banco de inversión.
Algunos economistas empezaron a advertir que con
el dólar en estos
niveles, y desbocado, la presión inflacionaria podría espiralizarse. En el atardecer delmiércoles, un reconocido mayorista de alimentos ya había recibido el alerta devarios proveedores de que se suspendían las entregas hasta nuevo aviso.
Wall Street también sigue de cerca los movimientos políticos del Presidente. A estaaltura, la cuestión refiere a si Macri dará un vuelco
a su estrategia y convocará finalmente a un gran acuerdo político para hacer frente a la complicadísimasituación económica y social.
El escenario político formó parte de los análisis, en medio de la intensificación de lacorrida. Justamente, uno de los interrogantes que dejó el anuncio presidencial fue sila Argentina tendría solvencia para afrontar los vencimientos de deuda de largoplazo.
Es decir, que si bien el FMI adelantaba los
fondos para abonar los compromisos del año que viene, la gran incógnita pasaba para 2020. Posiblemente con otro gobierno. Un artículo en el Financial Times, planteando esas dudas para el escenario 2019 y2020, tuvo gran repercusión entre los analistas y operadores de Nueva York.
Por eso mismo, en el atardecer neoyorquino, algunas voces se alzaban parareclamarle al Gobierno un "plan de estabilización", que logre anclar las expectativas.
La intensificación de la corrida dejó la sensación de que el Gobierno ha perdido elrumbo. Que parece no tener reacción y que, en definitiva, persigue a la crisis desdeatrás.
Además, que de una situación tan delicada se logrará salir con un amplio acuerdopolítico. Y con un plan económico.
Lo que no gustó
Las críticas no sólo fueron sobre la política económica propiamente dicha, sinotambién de forma respecto de cómo se ha manejado la comunicación política.
En Wall Street se escuchan voces categóricas de lo que no gustó de ese mensaje delPresidente. Después de todo, fue pensado exclusivamente para calmar a losoperadores:
1.- De apenas 1’42”, el anuncio no contuvo ningún detalle del nuevo
acuerdo con el FMI
2.-El tono volvió a ser pretendidamente distendido, casi como el de discurso decampaña, y nuevamente atribuyendo la "tormenta" financiera a factores externos
3.- Hubo un reconocimiento de debilidad por parte del Presidente, quien admitió lafalta de confianza de los inversores en la economía del país
4.- No hubo ninguna mención a si contendría algún condicionamiento adicional porparte del organismo. Después de todo, se trataría de adelantar dinero que, segúnestaba pautado, sólo llegaría al país en cuotas trimestrales, y a condición de que laArgentina cumpla con las metas fiscales, monetarias y de inflación
5.- Mientras tanto, el Banco Central continúa sacrificando reservas. Este miércolesbajaron u$s396 millones. En los tres primeros días de la semana, perdió u$s1.056millones (ya se encuentran en u$s54.300 millones)
En ese contexto, ocurrió lo inevitable: el ámbito político volvió a ser un hervidero derumores sobre cambios de nombres en el Gabinete. Para empezar, se volvió sobre eldebatido tema de si se debe sustituir el actual esquema de "mesa chica" y decisionesatomizadas por el clásico "superministro" que concentre el poder de las decisiones. El ex titular de Hacienda, Alfonso Prat Gay, insistió sobre la cuestión durante unaentrevista televisiva el martes a la noche.
"Para ordenar esta economía, que es un quilombo, necesitás un ministro deEconomía. Si no hay un responsable que tenga la visión general, se nos van a ir losdesequilibrios. Si se elige el camino del gradualismo, exige un monitoreo", sentenció.
Los nombres de Nicolás Dujovne y, sobre todo, del jefe de Gabinete Marcos Peña, son por estas horas los blancos de las especulaciones políticas. Mientras tanto, elmercado se prepara para nuevas jornadas nerviosas, con la tónica de otro escenarioconocido: nadie quiere vender dólares y el sector público aparece como el únicooferente.
El escenario sigue propicio para nuevos deslizamientos del tipo de cambio, lo cualpor un lado cumple la expectativa de un ajuste -aunque sea "por las malas", al licuaren dólares el gasto público-. Pero, por otra parte, la inestabilidad agrava elenfriamiento económico y pone una cuota de nerviosismo político.
En su peor momento, el macrismo busca superar la desconfianza de un mercadoque -páradójicamente- ya no cree en discursos "market friendly".
|