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Por Fernando Gutiérrez - Claudio Zlotnik - El Gobierno de
Mauricio Macri vive sus horas más dramáticas.
Ya con la evidencia del descreimiento total del mercado ante cada anuncio de
medidas, su margen de acción política se achica a toda velocidad.
Con una nueva escalada del dólar, que tocó los $42, queda en
evidencia que cada acción que decida de
ahora en más implicará un alto riesgo, porque puede acelerar la dinámica de
la crisis.
El jueves, en otra jornada de histeria cambiaria, con ahorristas que
hicieron colapsar las páginas web de los bancos y en la que se escucharon todo
tipo de rumores, quedó claro que la crisis dejó de ser financiera para
pasar a ser política.
Las declaraciones mañaneras de Marcos Peña -sindicado por muchos
como uno de los generadores de la actual situación- parecieron exacerbar aún
más el malhumor de los inversores.
El jefe de Gabinete negó que exista "un fracaso económico" y aseguró
que se está en proceso de corregir los desequilibrios estructurales, tras lo
cual llegó la consabida catarata de críticas en las redes sociales.
Peña tuvo un esbozo de autocrítica al reconocer que el mercado esperaba mayores detalles sobre el
acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, lo que generó la expectativa
sobre un anuncio en ese sentido que nunca llegó.
Al mismo tiempo, en la reunión empresarial del Council of Americas, los
empresarios del llamado "círculo rojo" se dividían entre los que
aplaudían el sinceramiento de las variables con la flotación cambiaria y los que
expresaban su preocupación por la falta de reacción política del Ejecutivo.
En ese mismo foro, ya durante la tarde, todas las miradas recayeron en
Rogelio Frigerio, uno de los funcionarios sobre los que circularon rumores de
que podría asumir mayores responsabilidades en medio de las fuertes
turbulencias.
"Hubo errores propios, errores forzados por una situación política
difícil y errores no forzados también por parte de nuestro Gobierno", se
sinceró el ministro del Interior ante el auditorio empresarial.
A esa altura, el desplome del peso ya era título de los principales
medios de comunicación del mundo. Y en el
mercado financiero era noticia la caída estrepitosa de las acciones de empresas
argentinas en Wall Street.
Los precios de los ADR argentinos en Nueva York bajaron hasta 16,7%,
como fue el caso de Edenor. A su vez, Banco Macro se precipitó 11,2%, Banco
Supervielle (-6,1%), BBVA Francés (-12,1%) y Grupo Financiero Galicia (-14,9%).
A su vez, el índice de
"riesgo país" que mide JP Morgan saltó a 774 puntos, el nivel máximo
desde que Mauricio Macri es Presidente.
Para completar el malhumor, las principales empresas alimenticias, que
habían enviado comunicaciones a los supermercados para disponer aumentos,
decidieron dejar sin efecto esa lista, a la espera de que se clarifique el
mercado cambiario.
Lo que viene es una nueva lista con mayores incrementos y, en el mientras
tanto, uncongelamiento de los envíos de
mercaderías. En otras palabras, la economía empieza a quedarse sin precios.
Mientras tanto, en los medios informativos y en las redes de Internet,
economistas que en los últimos dos años y medio han apoyado las políticas del
Gobierno abogaban por medidas drásticas, desde la imposición de nuevas
retenciones a las exportaciones, hasta un cambio de Gabinete.
Demasiado como para que se pueda definir, a esta altura, como una crisis financiera inducida por un
cambio de tendencia de los mercados internacionales.
Y, como siempre, en el epicentro de todo el malhumor social y el
nerviosismo del mercado, el gran termómetro argentino: el dólar.
Lejos de dar señales de que la incertidumbre se disipaba, el billete
trepó 15,6% y cerró en $39,78 promedio, para la venta, en los bancos. Ese
cierre no fue lo peor del día: después del mediodía había llegado a los $42 en
algunos bancos líderes. Sólo una intervención de último minuto del Banco
Central, por u$s330 millones, evitó una depreciación mayor.
El caos en el mercado se inició desde el comienzo de las operaciones, y
en todo momento se pareció a una continuación de la turbulenta jornada del
miércoles. Como ese día, ayer jueves, la
alocada suba del dólar también se combinó con una
liquidación de bonos de la deuda y de las acciones de las empresas argentinas
que cotizan en Wall Street.
De nada sirvió que el Banco Central elevara, temprano y de manera
sorpresiva, la tasa de interés de
referencia al 60% anual, que rápidamente contagió a las otras tasas que operan
en el mercado financiero (call interbancario y rendimiento de las Lebac en el
mercado secundario).
Al contrario, esa decisión de Luis Caputo fue interpretada por los
financistas como otro rasgo de la debilidad y mala praxis de los funcionarios,
en medio de la corrida.
Un punto de inflexión
A esta altura de la crisis, la visión desde los centros
financieros es que la corrida ya dejó de
ser eminentemente cambiaria. Y que su solución también excede las decisiones
técnicas de los funcionarios especializados.
"El problema es 100% político", razonan en distintos bancos
consultados por iProfesional. Ese el el diagnóstico compartido tanto en
Wall Street como en el microcentro porteño.
¿A qué se refieren? A que, con un dólar en $40, guiado hasta allí por
operaciones de poco volumen en el mercado, y que para muchos ya supera la
necesidad de una mayor competitividad que requería la economía argentina antes
de la ola devaluatoria, se hace más
necesario que nunca que el Presidente defina los próximos pasos.
En concreto, la primera evaluación es que el Banco Central dejó finalmente escapar precio del billete verde por
las condicionalidades que impone el acuerdo con el FMI. Washington abrió
la billetera (y ahora se negocia el adelantamiento de fondos) bajo la condición
de que no se utilicen esos dólares para financiar la fuga de capitales.
En ese contexto, en el que el BCRA tiene las manos atadas, los
vendedores de billetes verdes no aparecen. ¿Quién va a ofrecer sus dólares si,
día tras día, la cotización va para arriba y se sabe que Luis Caputo no puede
jugar un rol activo, con la fortaleza que le dan los u$s54.000 millones de
reservas, porque está obligado a cumplir con el acuerdo firmado en Washington?
Lo cierto es que el mercado trataba de desentrañar si la actitud del
Central –que recién intervino sobre el cierre de la jornada y logró una baja de
dos pesos- obedece a alguna estrategia o si se inscribe en la línea de correr
detrás de los hechos. Caputo vendió $330 millones que apenas sirvieron para
evitar que el tipo de cambio cerrara por encima de los $40, pero que de ninguna
manera implican una garantía de que el viernes pueda darse un nuevo capítulo de
la corrida.
Ya a esa altura habían trascendido los informes de bancos de inversión
internacionales –entre ellos el JP Morgan, semillero de los cuadros económicos
del PRO- en los que se aconsejaba
explícitamente abandonar el esfuerzo por ponerle un precio a la divisa
estadounidense.
Antes que desgastarse política y financieramente en esa batalla perdida de
antemano, sugerían dejar que el mercado llevara el tipo de cambio a su nivel de
equilibrio, como forma de salir rápidamente de la turbulencia con una economía
más competitiva.
Por momentos parecía que en el Central compartían ese punto de vista y
que se convalidaría un "overshooting", pero igualmente la tímida
intervención se produjo.
La lupa en los gestos políticos
Las últimas apariciones públicas
de Macri y de Marcos Peña causaron
alarma entre los inversores. Justo el efecto antagónico al buscado. Pero
no sólo eso. Los financistas aumentaron su nivel de preocupación por el
(des)manejo de la situación.
Cada vez más convencidos de que la salida de esta crisis -que empezó siendo cambiaria,
que irradió hacia la economía real provocando una recesión, y con chances de
que altere el escenario político- está en las próximas decisiones del
Presidente, los empresarios y financistas siguen con lupa los pasos del jefe de
Estado.
Básicamente, si Macri modifica su visión y convoca a
un acuerdo político amplio para afrontar la crisis. La mirada de los inversores está puesta en la aprobación del
Presupuesto 2019. El Gobierno lo sabe, y de hecho a eso apuntó el
ministro Frigerio cuando, en las últimas horas, aseguró que la Casa Rosada pone
sus esfuerzos en una rápida aprobación parlamentaria de la ley de leyes.
Para eso, el propio Frigerio se viene juntando con los gobernadores
provinciales. Pero está claro que, a esta altura, no alcanza. Las provincias
tienen sus finanzas más saneadas que la Nación y el ajuste 2019 recaerá sobre
renglones del Presupuesto que, por ahora, son inflexibles a la baja: las
jubilaciones y el gasto social.
Junto con las cuentas del año que viene, el jefe de Estado tendrá que
decidir cómo se reparte el ajuste que dejará la nueva escalada del tipo de
cambio.
Lo más urgente refiere a los precios de los
alimentos. La devaluación deja muy expuesto a ese
rubro, socialmente tan sensible. Algunos
economistas, incluso de corte ortodoxo, como Carlos Melconian, venían
sugiriendo que, en caso de una fuerte devaluación, el Gobierno debería
reinstalar las retenciones a las exportaciones.
Según Luciano Cohan, ex subsecretario de Programación Económica del
Palacio de Hacienda, si se impusiera una retención del 5% a los productos
exportables, el Gobierno podría recaudar entre u$s3.500 y u$s4.000 millones en
2019.
Al día de hoy implicaría un ingreso extra de hasta $160.000 millones. Un
"ajuste" por el lado de los ingresos que hasta el propio FMI avalaría
con gusto.
Otro factor urgente a considerar es que en
la Argentina los combustibles están desregulados y la suba del dólar tiene un impacto inmediato
sobre los precios de las naftas y el gasoil.
Algo parecido sucede con las tarifas de los
servicios públicos. Con la necesidad de achicar el rojo de las
cuentas públicas, el Gobierno viene incrementando las tarifas de luz y gas. El
salto del tipo de cambio también debería afectar las boletas que, de por sí, ya
iban a aumentar (en el caso del gas) antes de fin de año.
En definitiva, si algo tiene claro el Gobierno en estas horas de
confusión es que nada indica que jornadas como las de este jueves no vayan a
repetirse. Todavía no ocurrieron las
temidas escenas de ahorristas sacando sus depósitos de los bancos, pero todos
saben que en este contexto es la posible próxima estación de la crisis.
El mercado ya no mira tanto al Banco Central sino hacia la Casa Rosada
en busca de una reacción sobre un golpe de timón. La suba de tasas de interés
al 60% no tardó en ser defenestrada por los economistas como una medida
desesperada que no puede sostenerse por muchos días.
El viernes, otra vez la atención del país estará en los paneles de las
casas de cambio. El margen político se achica y cada vez más rápido.
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