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No es habitual que el presidente de Estados Unidos, Donald
Trump, emita un comunicado de apoyo tan explícito a un gobierno en aprietos.
Después de una llamada de 15 minutos con su colega Mauricio Macri, fue
difundido por la Casa Blanca a nombre personal del mandatario
estadounidense, lo que se interpreta, más allá de las palabras, como un
respaldo contundente.
Trump resaltó que Macri está haciendo un “trabajo excelente en
esta difícil situación económica y financiera”. “Tengo confianza en el
liderazgo de Macri y aliento y apoyo fuertemente su compromiso con el FMI para
fortalecer las políticas monetarias y fiscales argentinas para afrontar los
actuales desafíos económicos”, señaló el comunicado, minutos antes de que el
ministro Nicolás Dujovne ingresara a la sede del Fondo para negociar el
anticipo de un desembolso para cerrar las cuentas en 2019 e intentar aquietar a
los mercados.
Si bien Trump y Macri se conocen desde los tiempos en que el
estadounidense era un magnate inmobiliario de Nueva York y el argentino era el
joven heredero de la empresa constructora, la cuestión va más allá de lo
personal. Trump confía mucho en las relaciones interpersonales: aprecia
sinceramente a Macri y le gusta su perfil de gestión pragmática y empresarial.
Pero Estados Unidos necesita además cuidar la relación con la
Argentina y que a Macri le vaya bien con sus reformas económicas.
La llegada de Macri a la Rosada significó el reverdecimiento de las
relaciones bilaterales congeladas durante el kirchnerismo, que veía a Estados
Unidos como el “imperio” a denostar. Pero aquí se entiende también que Macri es
la punta de lanza de un movimiento que en el continente frenó al populismo en
varios países de la región, una clara preocupación de Washington, que ve en
Venezuela un fantasma que no quiere que se replique en el continente.
Por eso Estados Unidos necesita que a la Argentina le vaya
bien económicamente y que no haya “riesgos de volver al
pasado”. Durante años, Washington estuvo mirando hacia otro lado y ahora
necesita consolidar sus negocios en la región y evitar la predominancia china,
que con cash e inversiones en infraestructura ocupó un espacio que la Casa
Blanca cedió. La reciente gira del secretario estadounidense de Defensa, James
Mattis, a Brasil, Argentina, Chile y Colombia confirma también esa
preocupación.
Además, en noviembre Buenos Aires albergará la Cumbre del G-20 y
lo que menos quiere Estados Unidos es un escenario caótico allí. En este marco
se trabaja en otro fuerte gesto de respaldo: una visita de Estado –sería la
primera a Sudamérica— de Trump con Macri en la Rosada, poco antes del inicio
formal del G-20.
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