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Por Adrián Ravier - Los
anuncios del lunes a la mañana fueron, a grandes rasgos, correctos. Mauricio
Macri se ocupó de la política, hablando con el corazón, mientras que Nicolás
Dujovne ofreció las medidas técnicas para alcanzar equilibrio fiscal primario
en el próximo presupuesto 2019, lo que el oficialismo entiende que es la madre
de todos los problemas.
Del 2,7% de déficit fiscal
primario sobre PBI se financiará la mitad con nuevos impuestos, especialmente
con las retenciones a las exportaciones; mientras que la otra mitad se
fundamenta en recortes de obra pública y un achicamiento de la estructura del
Estado, reduciendo la cantidad de ministerios. El planteo me parece
correcto, porque una reducción del déficit fiscal permite reducir la
dependencia del financiamiento externo, en un momento en que los inversores
prefieren abandonar las economías emergentes y buscar activos más seguros. Con
equilibrio fiscal ya no se requiere monetizar, lo que ayuda a paliar la
inflación. Tampoco se requiere seguir tomando deuda, y las tasas de interés
pueden empezar a bajar para financiar proyectos de inversión reales. Con
equilibrio fiscal, además, se puede empezar a revisar la estructura tributaria,
y evaluar su reducción y simplificación.
El mercado, sin embargo, miró
para otro lado y el dólar siguió escalando. ¿Qué faltó? A la estanflación que
vive la Argentina desde hace algunos meses se suman al menos cinco condimentos:
1.¿Más impuestos? Si algo
necesita la economía real, es menos impuestos, no más. Que la mitad de la
corrección del déficit fiscal primario sea por medio de más recaudación en
lugar de baja del gasto nunca es una buena señal para el mercado. En especial
cuando las medidas revierten el rumbo que se había tomado durante este mismo
gobierno.
2.Déficit financiero. El
déficit cero por el que trabajará el Gobierno en 2019 es el primario, pero eso
no incluye los intereses de deuda. Hace tiempo que los economistas
señalamos que las metas deben ser sobre el déficit financiero, que incluye
estos intereses en dólares, en lugar del déficit primario. Por otro lado, el
Gobierno minimiza la importancia de los intereses de deuda, relacionándolos
siempre con respecto al PBI, en lugar de hacerlo frente a la recaudación. El
número es preocupante, especialmente después de la devaluación, porque los
intereses son en dólares y la recaudación, en pesos.
3.Renegociación con el FMI. El
acuerdo con el Fondo exigía que la tasa de inflación no supere el 32% en este
2018. Las estimaciones tras la nueva crisis cambiaria muestran que la inflación
superará ampliamente este valor, incluso trepando arriba del 40 por ciento.
Dujovne viaja a Washington y renegociará las condiciones. Si vuelve con apoyo
para mantener el acuerdo y adelantar fondos, esto puede contribuir a
tranquilizar a los mercados.
4.Credibilidad y cambio de
nombres. Si bien se redujo la estructura del Estado y algunos ministros
pasarán a ser secretarios, no se observan caras nuevas. Los ministros
actuales han perdido credibilidad y llevará tiempo que puedan reconstruirla. Un
cambio de nombres que contengan esa credibilidad permitiría dar confianza al
mercado de que los anuncios no serán solo palabras.
5.Elecciones 2019. No hay
garantías, sin embargo, de que avances en estos tres frentes sean suficientes
para el mercado, porque Macri está debilitado para las elecciones 2019, y el
mercado ya descuenta el riesgo de un cambio de gestión.
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