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Por Mariano Cuparo Ortiz
- La caída del salario real será un hecho en 2018 e irá en paralelo con el
ajuste fiscal anunciado la semana pasada por el ministro de Hacienda, Nicolás
Dujovne. La combinación preocupa a algunos analistas: en un contexto de caída
del salario, es complicado quitarle a la política fiscal la posibilidad de
compensarla.
Un informe de
Ecolatina señaló que este año el salario real registrado caerá 6%, en línea con
la dinámica de esa variable desde inicios del Gobierno. Al respecto existe una
discusión: ¿se trata o no de un ajuste buscado para mejorar la competitividad y
aliviar la inflación vía puja distributiva? La hipótesis se basa en que el
salario real corrió por encima de la productividad entre 2003-2015, lo que a
priori luce insostenible para la economía.
En
cualquier caso, la dificultad pasa por ajustar el salario real y en ese mismo
contexto ir a un ajuste fiscal. Lo explicó el economista de Ecolatina, Matías
Rajnerman: "Ir a déficit cero es complicado en cualquier contexto y más en
uno de caída de salario real".
Los
casos que saltan a la vista en forma inmediata son los de los países europeos.
Según un informe de CEPAL publicado en 2013, Noruega utilizó los impuestos y
transferencias para achicar el índice Gini (cuando tiende a cero implica más
igualdad). Ese año, antes de la política fiscal el Gini noruego estaba por
encima de 0,4 y luego disminuyó hasta estar por encima de 0,2. Algo similar
ocurrió en Alemania, que arrancó en torno a 0,5 y lo achicó a 0,3.
El
analista del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), Daniel
Schteingart, ejemplificó con la dinámica noruega: "Allá los sindicatos
aceptan moderar pretensiones salariales a cambio de estado de bienestar, y los
empresarios pagan altos impuestos y aceptan que haya estado de bienestar. Es un
triángulo virtuoso donde todos ceden". Más allá del escenario utópico, lo
que plantea el ejemplo es la necesidad de compensar por la vía fiscal lo que se
quita en los salarios.
Rajnerman
explicó que, al empezar el 2018, la idea del Gobierno "era bajar la
inflación y que el ancla nominal para lograrlo fuera el salario". Y
agregó: "En 2017 el ancla fue el tipo de cambio, este año se buscaba
corregir el atraso y seguir ajustando tarifas. Finalmente el movimiento del
dólar terminó siendo más abrupto que lo esperado y el salario terminó también
siendo un ancla más profundo".
El
economista jefe de Radar, Martín Alfie, coincidió en que los ajustes salarial y
fiscal juntos son problemáticos. "Es lo que algunos economistas llaman
overkill, es decir un doble ajuste. El riesgo al que te enfrentás es ir a una
crisis muy grande, desmedida inclusive para los desequilibrios acumulados, los
próximos meses sin dudas van a ser complicados en lo social", dijo.
Y
agregó: "El ajuste fiscal no es neutral. Por ahora va más que nada sobre
subsidios y obra pública. Eliminar el subsidio al transporte sería muy
regresivo y la obra pública genera empleo y dinamiza a la actividad".
Coincidió Rajnerman: "Ajustar obra pública y subsidios tienen un
componente regresivo. Impuestos como Bienes personales y Herencias no se van a
tocar".
Otra
discusión aparece por el lado de las retenciones. La búsqueda del déficit cero
incrementando impuestos para las empresas exportadoras es a priori una dinámica
progresiva. Pero hay coincidencia acerca de que, por ser fijas y en pesos,
habrá licuación a medida de que haya devaluación. El analista de la Fundación
Germán Abdala, Juan Balasini, opinó: "Yo creo que van a tratar de evitar
ajustes en subsidios porque generan una tensión social muy fuerte, pero yo veo
que con las retenciones no van a lograr recaudar más de la mitad de lo que
anunciaron y entonces deberán ajustar por otro lado".
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