
Por LAURA GARCÍA - Con el final del canje, las administradoras de fondos comunes quedaron cara a cara con la necesidad de reconvertir muchos de sus productos y pasar en limpio su estrategia para esta nueva etapa.
La entrega de los nuevos títulos marca la vuelta a la vida de los fondos de bonos en default (más de una veintena), condenados a un largo letargo de más de tres años, con suscripciones suspendidas en la mayoría de los casos. Pero la necesidad de cumplir con los requisitos mínimos de diversificación (no más del 30% en un mismo bono), obligará a las administradoras a salir a arbitrar, ya que sólo recibirán dos clases de títulos (fundamentalmente, Par en dólares).
Por otra parte, el final del canje supone la resolución del viejo problema de las Letes que, junto al corralito, había motivado el desglose de los productos de money market en tres (liquidez, Cedros y Letes). Pero los nuevos bonos poco tienen que ver con el perfil de estos fondos de liquidez, de riesgo ínfimo. Una vez más, las administradoras deben decidir si deshacerse de esos instrumentos, aunque se teme que esa decisión pueda generar problemas legales con los algunos cuotapartistas. La opción de rescate en especie, habilitada durante la crisis, quedó descartada desde el día siguiente al cierre del canje.
Los cuotapartistas de fondos comunes de inversión fueron considerados en pie de igualdad con los tenedores individuales de bonos en el canje. Los fondos pudieron optar por los bonos Par, hasta el límite de u$s 50.000, por cada cuotapartista y por cada bono en cartera, y no como un único titular. De esta manera, la industria no sólo se aseguró la posibilidad de obtener la mayor cantidad posible de estos títulos, sino que quedó en condiciones de evitar rescates masivos.
Con 400 millones de nominales en deuda defaulteada, de los cuales el 90% está en dólares y 170 millones corresponden a Letes, los fondos comunes de inversión quedan reducidos a un granito de arena frente a jugadores como las AFJP. El canje afectó al 80% de los fondos del mercado.
VariantesSólo algunas administradoras quedarán exentas de estos dolores de cabeza, básicamente las que decidieron vender los bonos en default y rearmar sus carteras con deuda nueva. En ese caso, sólo deben decidir en qué medida ir incorporando los nuevos bonos o si están dadas las condiciones para el lanzamiento de un nuevo producto de duration más larga. Aún menos son las que se salvan del dilema de las Letes, ya que fueron muy pocas las que no fueron "sorprendidas" con esos activos en cartera durante la crisis.
Para otras, el desafío pasa por revisar todo el menú de productos. Con casi una decena de productos de bonos que ya no tienen mucha razón de ser, deben encarar la liquidación de algunos, promoviendo la migración de los inversores hacia otros productos para poder darlos de baja en el mediano plazo (la normativa vigente no prevé a posibilidad de fusión de productos).
BNL fue una de las administradoras que hizo punta y ayer ya publicó en los medios un aviso dirigido a sus cuotapartistas sobre lo que ocurrirá de ahora en más. "Rehicimos los reglamentos de gestión de modo de tener todo listo para ahora poder relanzar estos fondos", explica Gustavo Rizzi. "En el caso del money market, se realizarán las Letes que pasarán a integrar el subfondo de liquidez. En el caso de los fondos con bonos, se buscará incorporar deuda nueva para cumplir con los requisitos de diversificación".
En el caso del Itaú, que heredó los fondos del ABN Amro, las cosas son más simples. "No teníamos Letes en el money market e iremos incorporando en pequeñas proporciones los nuevos títulos al de bonos indexados en la medida en que aparezcan en el Indice Argentino del Mercado de Capitales, que es nuestro benchmark", dice Luciano María.