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Por Esteban Vaughan - Gabriela y Lucas
salieron hace seis meses en busca de un departamento que les permitiera cubrir
sus necesidades de vivir en más metros cuadrados.
La búsqueda fue intensa, visitaron varias propiedades hasta dar con una que era
ideal, salvo por el precio.
Los u$s210.000 que pedían los propietarios superaban el presupuesto de u$s200.000
al que ellos se podían estirar.
Ofertaron u$s190.000 con la expectativa de recibir una contrapropuesta cercana
al monto con el que contaban, pero la respuesta fue tajante: el precio no se
negocia.
Por aquel entonces, el dólar todavía
no se había disparado a los valores actuales, los créditos en UVA no
transitaban la pendiente en declive y los dueños de inmuebles preferían
mantener sus pretensiones, a la espera de dar con algún pretendiente dispuesto
a pagar lo que pedían.
Luego, el billete verde se disparó, los créditos hipotecarios se congelaron y
las ventas de propiedades comenzaron a descender. En este marco, la actitud de
muchos vendedores dejó de ser la misma.
Concretamente, de ser estrictos con los precios pasaron a mostrarse mucho más
flexibles, abiertos
a negociar y a aceptar rebajas de entre el 10% y el 15%, dependiendo del apuro
por cerrar la transacción.
A partir de esta nueva realidad, Gabriela y Lucas pudieron "abrochar"
el departamento en u$s197.000. Es decir, u$s3.000 por debajo de lo que aspiraban en
un principio.
El caso es ilustrativo de la nueva tendencia que se está constatando en el
mercado inmobiliario: luego de la devaluación -y como ha ocurrido
históricamente en situaciones similares-, hay una clara tendencia a la caída de
los precios inicialmente reclamados.
"Si uno dispone del efectivo y está en condiciones de cerrar la
transacción de manera más o menos rápida, las chances de bajar la cifra inicial son muy
altas", afirma a iProfesional Alejando Bennazar, presidente
de la Cámara Inmobiliaria Argentina (CIA).
"Todo dependerá del apuro y la necesidad del dueño. Pero la negociación
atada a un mayor descuento es cada vez más común", añade.
Los agentes inmobiliarios consultados coinciden en que esta tendencia se fue
haciendo más notoria tras la escalada de la divisa estadounidense. La gran duda
es cuánto tiempo va a perdurar.
Nadie se atreve a establecer un lapso determinado, pero anticipan que mientras
el mercado cambiario siga convulsionado, la aceptación de descuentos y el
regateo será moneda corriente.
El margen de negociación varía según la situación. Sobre todo, en base a la
necesidad del vendedor por cerrar la operación, ya sea para comprar otra
propiedad o porque precisa el dinero.
En los casos de mayor apuro y siempre que se disponga del efectivo, los
precios se repactan entre 10% y 13% por debajo. En algunos casos, hasta 15%.
En los otros, es decir en los que no hay urgencias por vender, se convalida
entre 6% y 7%, señalan a iProfesional referentes del sector inmobiliario.
"Si el vendedor no está abierto a aceptar una quita, es probable que la
operación se caiga", expresa Bennazar.
En su visión, no debe perderse de vista que muchas personas han sido
"víctimas" de las demoras y burocracia de los bancos, que dieron
lugar a que los pesos recibidos no alcancen para adquirir la misma cantidad de
dólares, devaluación mediante.
"Se encuentran con que no llegan con el dinero, por lo que deben pedirle
prestado a algún familiar o amigo y además negociar una rebaja",
añade presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina.
Martín Boquete, titular de Toribio Achával, adhiere a estos dichos: "Se
dan situaciones de todo tipo, desde operaciones que fluyen sin mayores
inconvenientes a otras que se caen porque los propietarios no quieren bajar sus
pretensiones".
"Mucho tiene que ver la situación de cada uno. Las partes pueden acordar
una rebaja del 4,5%, como nos pasó recientemente, del 9% e incluso más. El
mercado está así de cambiante", completa.
¿Llegó para quedarse?
Si bien la negociación entre partes se da en cualquier contexto, lo
cierto es que ahora ha tomado un color diferente, producto de la incertidumbre
cambiaria.
"En condiciones normales, si no hay posibilidad de regateo lo máximo que
puede ocurrir es que la operación se demore. En contextos como el actual, las
tratativas se tornan mucho más complejas, al punto de hacer caer una
venta", reconoce Boquete.
Como el comportamiento del dólar frente
al peso sigue siendo incierto, las dos partes tienen temor de avanzar. Para
hacerlo, ambos
deben "sentir" que hacen un buen negocio: el comprador por lograr la
rebaja y el dueño por hacerse de dólares "revaluados".
"Difícilmente la situación varíe en el corto plazo, no sólo porque el tipo
de cambio es una incógnita, también porque pareciera que el Gobierno no logra
controlarlo", afirma Bennazar.
Más UVA, más dólares, menos poder de compra
El punto clave para el sector del ladrillo son los créditos
hipotecarios, por tratarse del gran dinamizador. Sin apalancamiento bancario,
la actividad difícilmente pueda experimentar una vigorosa recuperación.
Hoy día, la demanda de créditos
UVA quedó muy reducida. En apenas cuatro meses, los préstamos para la
vivienda se derrumbaron cerca de un 60%.
"Después del primer sacudón, el mercado no se recompuso. Precisábamos al
menos de un par de meses de estabilidad pero, lejos de eso, sobrevino el mazazo
de la devaluación", se lamenta Jorge Toselli, de JT Inmobiliaria.
De acuerdo con Reporte Inmobiliario, el ingreso requerido subió cerca de un
250% de mayo 2017 a la actualidad.
En aquel momento, un departamento de 2 ambientes en Capital costaba u$s105.000
($1,7 millones). Ahora,
u$s115.000 ($4,4 millones).
Para financiar en Banco Nación
el 80% del monto de una vivienda:
- En mayo 2017 se podía solicitar hasta $1,3 millones, para una cuota mensual
inicial de $6.500 y un ingreso familiar de $25.000.
- Hoy día, se pueden conseguir hasta $3,5 millones pero, para ello, el sueldo
mínimo debe rondar los $90.000. Y la cuota mensual a enfrentar se
ubica entre los $22.000 y los $24.000
- En cuanto al ahorro previo, pasó de $340.000 (mayo 2017) a cerca de
900.000 pesos.
"Si comparamos el volumen de
créditos actual con de antes de la devaluación, que se inició en abril, se
observa un descenso importante", añade.
Por cierto, no sólo el billete verde genera dolores de cabeza: la evolución del
parámetro UVA también hace que se le deba más plata al banco:
- En un año, las
Unidades de Valor Adquisitivo (UVA) registraron un alza del 31%,
mientras que los salarios se ajustaron "apenas" 17,5 por ciento
- Al cierre de la primera
quincena de agosto 2017, una UVA equivalía a $19,50. Un año después, ese
parámetro se elevó a $25,50
- Las tasas reales (por encima de la inflación) pasaron de entre 4% y 5% a
ubicarse cerca del 10 por ciento
- Quien tomó un crédito por $1 millón el año pasado (agosto), suscribió el
compromiso de cancelar poco más de 51.000 UVA.
- Doce meses después, ese monto
se elevó a $1,3 millones más intereses ( 30%)
Este agravamiento de la situación
tiene como base el empeoramiento de la realidad económica de quienes intentan
acceder a una vivienda.
Según Reporte Inmobiliario, por una propiedad valuada en u$s115.000 con un
crédito hipotecario UVA del
Banco Nación que cubra el 80%, debe pagarse una cuota inicial cercana a
los $18.500 (30 años).
Si los asalariados privados reciben una remuneración bruta promedio de $29.173,
según datos oficiales, una familia necesitará el equivalente a tres salarios
para acceder a un crédito UVA.
"Si se compara con las cifras de mayo 2017, hoy se precisa casi un 180% más
de ingresos en pesos para un crédito en UVA", señalan desde
Reporte Inmobiliario.
José Rozados, director de la firma, luce bastante escéptico a la hora de
analizar el futuro del mercado: "Es difícil que cambie la tendencia a la
baja en este segundo semestre".
"El tomador de un préstamo debe mantener un ingreso que evolucione de
acuerdo con la inflación", señala.
Si del nivel remunerativo se trata, la situación está demasiado lejos de la
ideal: en los dos últimos años y medio, los salarios formales tuvieron un
incremento de 87%, mientras que la inflación acumulada superó esa cifra en caso
20 puntos porcentuales (104%).
Si los sueldos hubiesen seguido al índice de precios, el nivel medio tendría
que haberse elevado a casi $32.500 en junio.
En otras palabras, el poder de compra decayó poco más del 8 por ciento. Frente a ello, no hay UVA
que valga.
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