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El
“crawling peg” es una
devaluación progresiva y controlada de la moneda por el Banco Central. La idea
es que la devaluación
está predeterminada y la tasa de cambio es conocida con
anterioridad.
En rigor, consiste en una serie de devaluaciones progresivas que
tratan de ubicarse por encima de la inflación, pero siempre evitando dar saltos
bruscos en el valor de la divisa. Bajo este esquema, el tipo de cambio se va
moviendo de acuerdo a una pauta que fije la entidad monetaria.
En el FMI sostienen que el "crawling peg" puede ser
establecido de manera prospectiva (con un ajuste atado a un
tipo fijo preanunciado y/o de la inflación proyectada). Como se dijo, de esta
forma se permite una progresiva devaluación de la divisa con un efecto menos
traumático en la economía. Además, esta técnica ayuda a prevenir, o al
menos a amortiguar, la especulación sobre la divisa.
A la vez, sostienen, esto podría recuperar algo del flujo de entrada de
dólares de no residentes y de esa forma compensar en parte
la salida de dólares. Comenzar usando el dólar como ancla nominal y migrar a un
sistema de crawling peg para darle más certidumbre a los mercados. La última
vez que se utilizó este mecanismo en Argentina fue bajo la gestión económica
del ex ministro Axel Kicillof.
En aquel momento, el gobierno kirchnerista buscaba compensar la pérdida de
competitividad de los últimos años, en donde la inflación le
había ganado por lejos a la suba del dólar. Si bien en aquél momento este
mecanismo no funcionó del todo porque el atraso del tipo de cambio era
importante, las hipótesis que manejan los equipos económicos del Gobierno es
que ahora sería distinto porque la devaluación efectuada durante este año
cambió esa base de comparación. El tipo de cambio real se encuentra en niveles
de 2008-2013.
Según sostienen en el mercado, el nivel del dólar parece suficiente para equilibrar los
flujos externos y para que las reservas alcancen como back
up para la base monetaria. La idea es que con sólo mantener la devaluación en
línea con la inflación, podría estabilizarse el mercado cambiario sin perder
competitividad y dando señales claras para la fijación de precios.
Por supuesto existen
varios talones de Aquiles, pero quizás el principal es cómo hacer
para que los exportadores no retengan su liquidación bajo la expectativa de
que, cuanto mayor es la demora, mayor cantidad de pesos van a obtener por esos
dólares que van a vender. El resto de las variables, piensan en el Palacio de
Hacienda, deberían ir cediendo: tasa de interés, déficit fiscal, gasto público e
inflación.
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