No
todo está perdido. Ésa es la evaluación que hace el ministro de Hacienda,
Nicolás Dujovne, y es lo que buscó transmitirle durante la semana a Mauricio Macri.
La posibilidad de reelección está muy atada a
la suerte de la economía y por eso se siguen los indicadores casi minuto a
minuto.
El Presidente arranca su gira en Nueva York para hablar en la asamblea general
de la ONU, pero el verdadero propósito es otro: consolidar la notable mejora de
los indicadores financieros de las últimas jornadas a partir del contacto
directo con grandes inversores.
El equipo económico considera que las chances
de revertir el duro impacto generado por la devaluación es absolutamente
posible. Sin embargo, aún quedan muchos meses por delante que serán
duros. Ahora es cuando más se empiezan a sentir los efectos de la gran
devaluación y las dos corridas cambiarias.
En
septiembre la inflación se ubicará por encima del 6% y se mantendrá en niveles
altos en octubre y noviembre. El impacto sobre el bolsillo ya se está sintiendo
y se profundizará en los próximos meses.
Esta semana el Gobierno deberá enfrentar otro trago amargo. El jueves el INDEC
divulgará los datos de pobreza e indigencia del primer semestre. Podrían
reflejar los primeros efectos de la devaluación y el salto inflacionario sobre
los ingresos familiares, aunque lo peor todavía no estará reflejado en este
índice.
Aún en medio de la dura estanflación que atraviesa la actividad, el tipo de
cambio flexible sí ayudó a amortiguar los efectos de la crisis. "Si hubierámos tenido un dólar fijo como otras
veces la caída hubiera sido mucho peor y los efectos sobre el sistema
financiero mucho más duros", aseguró a Infobae una alta fuente de Hacienda.
El aumento del tipo de cambio real permitirá recaudar más vía retenciones y
tratar de llegar al déficit cero el año próximo.
La ansiedad por estas horas en Casa Rosada es entender si hay posibilidad de
empezar a ver señales económicas favorables el año próximo. Nadie ganó en la
Argentina una elección presidencial con la economía en caída.
Carlos
Menem consiguió la reelección en 1995 dejando atrás la crisis del Tequila y en
medio de una fuerte repunte de la actividad. Raúl Alfonsín años antes perdió
una elección legislativa clave en 1987 por una economía jaqueada por la inflación
y el déficit. En 2007 y 2011 Cristina Kirchner ganó
por amplio margen, con una actividad en franca expansión, aunque con
desequilibrios crecientes (a los cinco días de su reelección impuso el cepo
cambiario).
Con estos antecedentes, está claro que el voto pasa mucho más por la situación
del bolsillo que por cuestiones ideológicas. El tema es: ¿hasta qué punto se
podrá dar verdaderamente la reactivación?
La apuesta es obviamente repetir el "milagro" de 2017. El año pasado
la economía venía muy golpeada por la devaluación y caída de la actividad del
2016, pero a partir de mayo-junio comenzó una recuperación que se volvió mucho
más sólida en el segundo semestre. Para octubre, la expansión ya era muy
sólida, impulsada por el aumento del fconsumo, un dólar atrasado y fuerte
impulso a la obra pública. El resultado ya es conocido: el candidato de
Cambiemos, Esteban Bullrich, le ganó a Cristina Kirchner en
la provincia de Buenos Aires.
¿Cuál es la chance de una recuperación firme
de la economía el año próximo? Por lo pronto, en la última semana se dio el
primer paso hacia ese objetivo, que hoy luce muy lejano. La caída del dólar de
$40 a $38 es un dato auspicioso.
Reflejó
una menor desconfianza de los inversores, pero generó otro efecto favorable:
una notoria baja de la tasa de interés de los bonos en pesos. Las Lecap
colocadas al 50% por el Tesoro habían bajado ya al 43% por la fuerte demanda
del mercado.
sto preanuncia que también estaría cercana la
baja del costo del dinero para que las empresas puedan financiarse a corto
plazo, ya sea con emisión de fideicomisos o vía descuento de cheques.
La profundización de la recesión que arrancó en el segundo trimestre del año,
con una caída superior al 5% interanual, será mucho más fuerte en estos meses.
El derrumbe del campo explicó el freno de la actividad a partir de abril, pero
ahora el principal impacto es la baja del consumo, es decir la caída del poder
adquisitivo. Este derrape continuará hasta fin de año y se prolongará hasta el
primer trimestre del 2019.
Pero a partir de allí la expectativa es que se produzca un repunte, primero por
la mejor cosecha del campo, asumiendo que quedó atrás la sequía. Y más adelante
un dólar más estable y la inflación decreciente ayudarían a que mejore el
consumo.
Si
bien en el Presupuesto 2019 figura una caída de 0,5% del PBI, en realidad
serían dos "años" distintos: uno con caída hasta marzo, pero luego
una recuperación mucho más vigorosa.
De acuerdo con los cálculos de Dujovne, la
expansión económica podría superar incluso el 5% interanual a fines del año
próximo.
El objetivo para el 2019 de máxima es, por lo tanto, repetir el 2017: un
arranque flojo, que arrastra la recesión del año anterior. Pero después
llegaría la mejora de la mano principalmente del campo, un repunte de la
demanda interna y la obra pública, que mezclará obras del Gobierno, con el
nuevo programa de concesiones viales de parte de privados y lo que aporten las
provincias.
El respaldo que otorgue el FMI a la Argentina en el nuevo acuerdo será un dato
clave de esta semana para seguir con la buena senda de recuperación
financiera.
En los pasillos de Hacienda adelantan a Infobae que la cifra final será
"por lo menos" de u$s70.000 millones, incluyendo obviamente los
u$s15.000 millones ya desembolsados. El monto permitirá cubrir no sólo los
vencimientos del año próximo, sino además dejar un buen "paraguas"
para el Gobierno que asuma en 2020.
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