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Por Claudio Zlotnik - En lo que puede
interpretarse como un contundente respaldo a Mauricio Macri, el Fondo Monetario
Internacional aceptó finalmente una ampliación del crédito stand by -por un
total de u$s57.100 millones-, que permitirá erradicar las dudas de que la
Argentina podría caer en cesación de pagos, al menos hasta el final del mandato
del jefe de Estado, en diciembre de 2019.
A diferencia del acuerdo original -por u$s50.000
millones- ahora no sólo se amplían en u$s7.100 millones los desembolsos sino
que esos fondos serán de transferencia efectiva. Y ya no solamente
"precautorios" como en el stand by rubricado en mayo
último.
De esta manera, el Gobierno ya
cuenta con el dinero suficiente para pagar los vencimientos de deuda de este
año y del que viene. Incluyendo los bonos, las Letras (Letes) y las Lebac, que
seguirán bajo un programa de desarme total.
Como contrapartida, el Ejecutivo se comprometió
a una eliminación del déficit (primario), algo que ya fue plasmado en el
proyecto de Presupuesto que empezó a debatirse en el Congreso.
El anuncio del nuevo acuerdo se efectuó desde
Nueva York -a minutos de las seis de la tarde de Buenos Aires- y fue encabezado
por Nicolás Dujovne y por la
propia Christine Lagarde, todo un gesto para simbolizar el respaldo político
hacia el presidente Macri.
Minutos después, y ya en la sede del Banco
Central, el flamante titular, Guido Sandleris, dio detalles del programa
monetario consensuado con el FMI y de la
estrategia a seguir en el mercado cambiario.
Como era lo esperado, la
condición del staff del Fondo es que los dólares que envíe del nuevo convenio
no sean utilizados para intervenir en el mercado cambiario. Desde la firma
anterior, las reservas del BCRA cayeron unos u$s13.000 millones, con lo cual se
esfumó casi la totalidad del desembolso concretado a mediados de junio.
Justamente, a 24 horas de la difusión de este
nuevo pacto, Luis Caputo se
alejó de la presidencia del Banco Central, enfrentado con las autoridades del
organismo, que fueron muy críticas de la intervención cambiaria.
En definitiva, la condicionalidad del FMI es bien
clara: no quiere que el crédito sea usado para financiar la dolarización y fuga
de capitales. Lagarde y el resto del Directorio pretenden que las divisas que
envíen se destinen exclusivamente a cumplir con los vencimientos de la deuda.
Fue la mismísima Lagarde
quien en la tarde del miércoles dejó en claro esa condición: "No habrá
intervención (del BCRA) en el mercado cambiario", dijo. A su lado, Dujovne asintió
y, seguidamente, refrendó esas palabras.
¿Eso significa que el Gobierno dejará escapar la
cotización del dólar? No
necesariamente. El hecho de que haya una amplia "zona de no
intervención" (entre $34 y $44) se complementa con una férrea política
monetaria, de manera tal de quitarle chances a una posible escalada del billete
verde.
En este marco, algunas fuentes de la City porteña consultadas por iProfesional no
descartan que el Banco Nación pueda hacer su aporte a la estrategia oficial
vendiendo billetes verdes, en caso de que sea necesario y en días puntuales, de
modo tal de acrecentar la oferta y aplacar la cotización.
Después de casi un semestre de extrema
volatilidad en el mercado cambiario, el Gobierno se jugó
a este nuevo respaldo financiero internacional. Pero también a aplicar una
durísima estrategia monetaria.
En la práctica, eso
significa que utilizará la cantidad de dinero en circulación -y, por ende, a
las tasas de interés- como "ancla nominal" de la economía.
Sin la chance de vender más dólares en el
mercado, la única posibilidad ahora pasa por regular el caudal de pesos. Aun
cuando esa política implique pagar costos muy elevados en términos de actividad
económica.
De hecho, cuando a Guido Sandleris, titular del
BCRA, le preguntaron sobre en qué medida se resentiría la actividad en el
actual contexto, se limitó a responder que "la prioridad es reducir el
riesgo de volatilidad cambiaria".
Todo dicho, al menos desde
las intenciones: el Gobierno está
dispuesto a pagar con una fuerte recesión el final de la incertidumbre del tipo
de cambio.
La nueva oportunidad para Macri
El diagnóstico quedó bien claro: si todos los
días los agentes económicos (inversores, empresarios y hasta el público en
general) vive pendiente de la cotización del billete verde, desde ese lugar
resultará imposible que la economía pueda funcionar.
La jugada, a partir de hoy mismo, es que sí o sí
debe estabilizarse el mercado cambiario y que la cotización de la divisa se
mueva de manera más o menos previsible y ordenada. Y, si surgen presiones, el BCRA actuará elevando aun
más las tasas de interés en pesos.
Desde el costado más político, Macri se juega a
"surfear" lo que queda de este año y parte del que viene a convivir
con una recesión. Se plantea así un escenario que, por un lado, pondrá bajo la
mira su destreza para gobernar bajo ese escenario desfavorable.
Y, por el otro, le planteará el desafío de
comenzar en ese mismo plano la campaña para la reelección. Por eso es tan
relevante la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cuánto durará la recesión y
cuál será su profundidad y efectos en el mercado laboral?
Para que no quede ninguna duda sobre cuál es la
jugada (aquietar al dólar cueste a
como dé lugar), lo primero que mencionó el flamante presidente del Central fue
que habrá un objetivo de "crecimiento cero" de la Base
Monetaria.
En otras palabras, que no tiene problemas en que el costo del dinero suba lo que
tenga que subir con tal de cumplir con ese objetivo y así pinchar
cualquier atisbo de corrida.
Urgido por la necesidad de estabilizar el dólar, Sandleris dio
una pista más sobre lo que se viene: esta banda cambiaria (de $34 a $44) se
actualizará diariamente a un ritmo del 3% mensual, de aquí hasta diciembre.
Después se verá.
Parece lógico: para superar
semejante crisis cambiaria, el Gobierno se pone
metas de cortísimo alcance. Los funcionarios imaginan que, llegado el caso, si
hacia fin de año el mercado cambiario se tranquilizó y se regeneraron las
expectativas positivas, ya habrá tiempo para pergeñar un plan de más largo
alcance.
Por ahora, entonces, la jugada se resume así.
Por un lado, brindando la certidumbre a los inversores de que se les pagará
todos los compromisos de la deuda. Default cero hasta fin de 2019.
El monto total del acuerdo Stand By se
incrementa de u$s50.000 a u$s57.100 millones.
Se elevan en u$s19.000 millones los desembolsos
del año que viene.
Para lo que queda de 2018, esos desembolsos
suben de u$s6.000 millones a u$s13.400 millones
Para el 2019 pasan de u$s11.400 millones a
u$s22.800 millones
Estos fondos ya no tienen carácter precautorio
(como establecía el acuerdo original) sino que podrán ser plenamente utilizados
Lo que también quedó en claro en la tarde del
miércoles es que la plata del FMIpodrá blindar a
Macri pero habrá incertidumbre para quien lo suceda.
El organismo adelanta los desembolsos y Lagarde le devuelve la gentileza del
"enamoramiento". Pero si Macri
es reelecto, tendrá que sentarse a negociar de nuevo. Y si es otro el
Presidente, tendrá que ingeniársela para conseguir los recursos para pagar los
bonos de 2020.
Este esquema no pasa desapercibido en el
mercado: desde hoy, los fondos de inversión internacionales van a analizar los
riesgos de invertir en activos de la Argentina de más largo plazo.
La estrategia oficial no mira tan lejos, al
menos por ahora. Aun con los conocidos riesgos que ello implica, habrá también
una apuesta a reflotar el famoso "carry trade". Es decir, tipo de
cambio quieto y tasas de interés por las nubes, de modo tal de atraer a los
"dólares calientes" que sirvan, en definitiva, para compensar tanto
ajuste.
Pero eso es mirar el muy largo plazo. La suerte
empieza a jugarse cuando los mercados reabran este jueves.
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