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Por Juan Manuel
Antonietta - Vuelven los halcones. El flamante presidente del BCRA, Guido
Sandleris, expresó ayer en su asunción al mando de la autoridad monetaria que
el régimen de metas de inflación se dejará a un lado para abrir paso a un
esquema de control de agregados monetarios.
“El régimen de metas de
inflación como fue implementado en estos casi tres años no dio los resultados
esperados. No estaban dadas las condiciones necesarias para su éxito”, señaló
Sandleris. Así, dio paso al nuevo régimen de control de agregados que propone
que la base monetaria crezca cero en términos nominales desde ahora a junio de
2019, según el presidente del BCRA.
“Esta medida que estamos
tomando implica una importante contracción monetaria que es necesaria para
recobrar la estabilidad nominal y reducir las expectativas de inflación”, dijo
y agregó que “la base venía creciendo 2,2% por mes y ahora no va a crecer”. De
modo de poder llevar a cabo eso, la tasa de interés de las Leliq fluctuará de
manera diaria. Aunque matizó que esa volatilidad se producirá en las
negociaciones con los bancos y no debería trasladarse sobremanera a las tasas que
accede el público.
Las bandas
A este esquema para
combatir la inflación, el BCRA le agregará unas zonas de flotación sobre la que
el tipo de cambio se moverá libremente. “Confiamos en los beneficios de la
flexibilidad cambiaria”, indicó Sandleris pero aclaró que debido al fuerte
impacto que tienen en las expectativas de inflación, van a trabajar con zonas
de no intervención y de intervención cambiaria.
La zona de no intervención
será inicialmente entre $34 y $44 por dólar, y se ajustará diariamente a una
tasa de 3% mensual hasta fin de año. Dentro de la zona de no intervención, el
BCRA no operará en el mercado cambiario y se concentrará en mantener el
crecimiento nulo de la base monetaria mediante subastas de Leliq. De irse fuera
de las bandas el tipo de cambio, la autoridad monetaria realizará ventas de
hasta US$ 150 millones por día para dotar de liquidez al mercado y prevenir
oscilaciones injustificadas. Una cifra que, a priori, parece escasa. No
obstante, desde la autoridad monetaria aclararon que los límites entre las
zonas de intervención y no intervención no constituyen paridades fijas con las
que se comprometen sino que serán guías.
Los pasillos
Luego de la conferencia, en
los pasillos del BCRA El Economista dialogó con importantes
funcionarios del BCRA. “El miedo del mercado de quedarse sin oferente se verá
apaciguado en la banda superior por las ventas de la autoridad monetaria”,
explicaron desde el organismo y expresaron que el temor que estaban observando desde
Reconquista era una fuerte aceleración de la inflación. Así es que se decidió
con este control de agregados mostrar un compromiso máximo con reducir la suba
de precios.
“La idea es cambiarle el
foco al ancla monetaria y, sin pesos, es muy difícil poder comprar dólares”,
explicó un importante funcionario ante a este diario y agregó que “las ventas
de dólares han caído muy fuerte de la mano de la recesión, ya no hay tanto
atesoramiento porque los ingresos en dólares han caído mucho y hay menos ingresos”.
Además, se aclaró que “el
BCRA tiene libertad para ir al máximo en las ventas”. No obstante, la mayoría
de los economistas y hasta miembros del organismo creen que el dólar va a
tender a apreciarse más que a devaluarse. “Con un tipo de cambio real multilateral
alto y los fondos del FMI, confiamos en que el programa tendrá éxito”, aclaró
una fuente y agregó que la tasa va a funcionar porque ya no tiene tanta
competencia con el dólar.
“Con la dureza monetaria
que vamos a aplicar, el 23% de inflación en 2019 luce factible”, se animó a
afirmar un importante dirigente.
Lidera Rappoport
Por el lado administrativo,
se indicó que el Comité de Política Monetaria (Copom) va a cambiar y quedaría a
cargo de Verónica Rappoport. A su vez, el cambio de la carta orgánica del BCRA
seguirá demorado hasta que los tiempos políticos permitan su aprobación.
Los riesgos
Un importante economista
opinó, en diálogo con El Economista, que “ganó el FMI y es una academia
con poca muñeca, con una dosis no menor de dogmatismo libremercadista, y con
poca teoría en mente aplicable al caso específico de Argentina”.
Al respecto de la autonomía
del BCRA, se atrevió a señalar que “el problema ya no es respecto de si es
independiente de Hacienda sino del FMI”, pero cree que solo aplica cuando las
visiones del Gobierno y del FMI son diferentes: “En el caso actual, la vuelta
de la academia al BCRA asegura cierta convergencia de opiniones, así que en la
práctica no habría demasiada diferencia si la cabeza visible es Christine o Guido”.
Entre los principales
riesgos del programa economistas señalan un posible sobreajuste de la economía
(overkill), que hoy queda más latente que nunca. Por otro lado, no queda del
todo claro la consistencia de un esquema de bandas de flotación con el control
de los agregados monetarios.
Al respecto de esta
contradicción desde el BCRA indicaron: “El centro va a ser el control de
agregados, va a ser la relación dominante, controlaremos que no haya pesos en
exceso, siempre y cuando la demanda sea estable, algo que no controlamos
nosotros”. Si llegara a no ser suficiente, el organismo venderá dólares y no
esterilizará esa venta reduciendo aún más la base.
“Si estamos en la situación
contraria, compraremos dólares y dejaremos que esos nuevos pesos no se esterilicen
y queden en el mercado, dado que la demanda de pesos es totalmente natural”,
indicó un importante funcionario y concluyó que “si hay un mínimo incremento de
demanda por pesos vamos a sentir esa presión, con lo cual tenemos que tener una
válvula de escape para que esta restricción monetaria no termine encerrando la
economía”.
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