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| BCRA apuesta a la "desdolarización" (en torno de los $44) |
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| Texto informativo:
01/10 - 08:42 Ambito Financiero |
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Por Jorge G. Herrera - Con la confirmación de la
ampliación del programa con el Fondo y del adelantamiento de los desembolsos al
2019, el Gobierno se ocupó de presentar y comenzar a implementar (ver aparte)
la nueva política monetaria y cambiaria. Más allá de la estrategia de
intervención, la clave sigue centrándose en la recuperación de la confianza en
el peso de los ahorristas e inversores. En realidad, una vez despejada la
incertidumbre sobre el riesgo de default en 2018 y en 2019, el ojo del huracán
continúa encapsulado en la batalla cambiaria. Todo el optimismo oficial pende
de que el actual nivel del tipo de cambio real sea, no solo lo suficientemente
desalentador para las decisiones de atesoramiento de dólares (y en menor medida
de turismo) sino lo más atractivo posible para que los "dolarizados"
decidan ir desprendiéndose de su atesoramiento de los últimos años. Por lo
tanto, todo se resume en la imprescindible recuperación de la confianza y
credibilidad en el Gobierno y en su eficacia en la implementación de la nueva
política económica pactada con el Fondo. Sin el retorno de la confianza no hay
salvataje ni blindaje que compense la falta de pericia. De modo que es clave
que los movimientos del tándem Hacienda-BCRA transmitan idoneidad y convicción,
evitando por demás los ruidos innecesarios. Ahí juega un rol preponderante
tanto la comunicación de las medidas como la su implementación.
Las divisas que llegarán desde las bóvedas del FMI tendrán como destino, a
pesar que el dinero es fungible, cubrir los vencimientos de deuda y parte del
déficit fiscal. De modo que la intervención del BCRA será con sus propia
posición de reservas netas, que precisamente, no es holgada. Claro que el
Tesoro "colaborará" con la venta de los dólares prestados por el FMI
para el déficit fiscal, mediante subastas, para evitar el síndrome Lebac. Por
ello desde el BCRA se ocuparon de convalidar su optimismo sobre el éxito de la
nueva política en el hecho de que parten de un nivel de tipo de cambio real muy
competitivo. Cierto es, que el límite de la zona de no intervención, o sea los
$44 nominales, es equivalente al tipo de cambio real que regía entre 2008 y
2009, y resulta casi un 23% superior al promedio histórico de largo plazo que,
según estimaciones privadas ronda los $36. Es más, lo que podría considerarse
el centro de la zona de no intervención ($34-$44) es muy similar a dicho
promedio.
Pero amén de los diferentes cálculos sobre la paridad teórica de equilibrio es
indudable que el actual nivel del tipo de cambio real debería augurar que el
ajuste del sector externo comenzará. Donde además de la esperada caída en las
importaciones ante el menor nivel de actividad doméstica (recesión) todos los
cañones apuntan a derrumbar el atesoramiento y el gasto en turismo al exterior,
ya que no se esperan cambios sustanciales por el lado de la oferta natural de
divisas en el corto plazo que nutran el mercado cambiario. Por lo tanto,
suponiendo que el atesoramiento y el turismo retroceden naturalmente, la
apuesta está por el lado de la vuelta, de parte, de los dólares que fueron
atesorados en la era Macri que ascienden a u$s53.000 millones.
Hay que recordar que a lo largo del 2016 el nivel de atesoramiento se mantuvo
en torno a los u$s830 millones promedio mensual, el año pasado pasó a u$s1.846
millones y en lo que va del 2018 a u$s2.850 millones. Y en los años del Cepo el
promedio mensual fue u$s250 millones en 2014 y u$s600 millones en 2015. Otro
tanto ocurrió con el gasto en turismo. Ambos canales de la demanda fueron
claves en la presión sobre el mercado cambiario. Si el sector privado se
convence de que el dólar "está caro" (siempre y cuando siga
acompañando a la inflación futura) y es momento de vender por decisión
especulativa o por necesidad de fondos, el BCRA habrá conseguido su cometido
cambiario.
Cabe plantearse, cuántas cosas se hicieron mal, ya que a lo largo del 2016 y en
gran parte del 2017, cuando el Gobierno gozaba de una credibilidad y confianza
casi plena de los mercados, los ahorristas seguían atesorando. Semejante nivel
de atesoramiento es casi el programa ampliado obtenido del Fondo. O sea, el
país tenía esos recursos internamente, sin necesidad de ir a buscarlos, en
peregrinación a la "virgen de Washington". Si el Gobierno, que tuvo
más de dos años de luna de miel, tomaba el toro por las astas y miraba más allá
de las elecciones del 2019, seguramente no tendría que haber recurrido a un
salvataje ortodoxo. Quizás, con una red contingente con el Tesoro de EE.UU. o
la Fed, hubiera sido suficiente. Pero ya está, y ahora, siempre y cuando se
cumplan las metas fiscales, todo depende del accionar del torniquete monetario
y que las intervenciones cambiarias convenzan al mercado.
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