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Otro momento clave para la historia financiera recientede la Argentina. Día y hora en que comenzará a rodar el nuevo “experimento” queintente ponerle fin a la corrida cambiaria, que aqueja a la economía desde hacecinco largos meses.
En ese momento, los ojos del “mercado”
-incluidos los de los funcionarios- estaránmirando fijo las pantallas. Comenzará a responderse la pregunta que recorre lasoficinas de la City (y también los despachos oficiales) desde la tarde del últimoviernes:
¿El mercado testeará el techo de la banda
cambiaria de $44? ¿Hay chances de que el dólar se dispare por
encima de ese límite?
Las subas consecutivas del tipo de cambio que
siguieron al anuncio del acuerdo con el Fondo Monetario pusieron más sensibles
las cosas. En la última semana, el valor del dólar escaló 11% pero
la mayor parte sucedió tras el anuncio que, al contrario de lo sucedido,
perseguía el objetivo de llevar tranquilidad a los financistas.
Parece claro a esta altura de la crisis que se perdieron los parámetros. Ya nadiediscute -ni en la City ni en el Gobierno- si la actual paridad es de equilibrio. O si ya lepermitió a la economía ganar la competitividad perdida durante los últimos años.Está claro que sí. Que durante bastante tiempo, la Argentina no debatirá sobre elatraso cambiario.
La cotización actual es una cotización de crisis. Que refleja con toda su potencia lacrisis de confianza. No hay credibilidad; gana la incertidumbre.
Y, en este contexto, el sistema anunciado por Guido Sandleris (BCRA) y NicolásDujovne (Economía) generó dudas. Profundizó la incertidumbre.
Básicamente: ¿Por qué poner una banda cambiaria si Christine Lagarde fue muyclara en su alocución, desde Nueva York, con Dujovne como testigo privilegiado?:
“Libre flotación sin intervención”, dijo. Y, para que no quedaran dudas, repitió la
frase en dos oportunidade s. Entonces…¿Para qué las bandas?
Esa es la pregunta que jugó en contra de un
Gobierno que esperó, en vano, que el solo anuncio del acuerdo despertara
mejores expectativas. Algo que ni siquiera ocurrió en el mercado de la deuda, a
pesar de que el súper préstamos del FMI garantizará los pagos
de los vencimientos.
Con un dólar mayorista que
se estacionó en $41,25 en la tarde del viernes, en el “mercado” sacaban
cálculos de los costos para apostar a que, más temprano que tarde, la
cotización seguiría camino hasta el techo de $44.
Sandleris dejó en claro que ese valor indicaría
una “zona de intervención”, en la cual el Banco Central vendería hasta u$s150
millones diarios con el único objetivo de brindar liquidez al mercado (para que
no suceda lo que en la mañana del viernes, que con un puñado de dólares se
profundizó la devaluación), y no para
orientar un precio.
Para que el billete verde no siga escalando, el Gobierno impuso tasas de interéscercanas al 70% anual. Por donde se mire, un escenario inviable.
Por ahora, esos fabulosos rendimientos no tentaron a los operadores. Al contrario, hasta el viernes existía una ola de descrédito a la estrategia oficial.
El nuevo partido, de todas formas, arranca el lunes a las 10. Se trata de la nueva horaseñalada.
Por Claudio Zlotnik
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