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Por Roberto Cachanosky - La
complicada situación económica por la que estamos transitando es
consecuencia de haber subestimado la herencia recibida del kirchnerismo y
sobreestimar la imagen de Mauricio Macri como factor que iba a atraer
inversiones con su sola presencia en la Casa Rosada. De todas maneras, justo es
reconocer que el conjunto de la dirigencia política también delira cuando dice
que de este problema económico se sale con crecimiento. Claramente no entienden
la relación entre crecimiento e instituciones. Todos creen que retocando el
tipo de cambio, haciendo una banda cambiaria o hablando de atender al mercado
interno, como si mágicamente la gente pudiera consumir más por una simple
disposición política, todo se soluciona.
Pero, ¿por qué digo
que sobreestimaron la imagen de Macri para atraer inversiones? Porque no
evaluaron el profundo deterioro institucional para atraer inversiones.
Para poder entender
el pecado económico original de Cambiemos, primero hay que comprender dos
cuestiones básicas: 1) qué es la tasa de interés y 2) bajo qué condiciones
alguien hunde una inversión.
Por empezar hay que
entender que la tasa de interés no es el precio del dinero, como comúnmente se
conoce, sino que tiene varios componentes.
La tasa de interés de
mercado es la suma de:
1) El interés
originario
2) La expectativa
inflacionaria
3) El riesgo
crediticio
4) El riesgo
institucional
El interés originario
es la compensación que pide el ahorrista para sacrificar consumo presente por
consumo futuro. Una persona tiene un determinado ingreso, para que genere
ahorro (no consuma una parte de su ingreso) y se lo preste a otro para que
invierta o consuma, pide a cambio que lo compensen por postergar su consumo. De
manera que la tasa de interés de mercado nunca puede ser cero porque eso
supondría que la gente no le otorga valor al tiempo y le es lo mismo consumir
hoy que dentro de un año.
Pero quien deja de
consumir una parte de su ingreso para prestarlo, además de pedir que lo
compense por sacrificar consumo presente por consumo futuro, también pide que
lo compense por la expectativa inflacionaria que tiene. Si espera que en
el año la inflación va a ser del 10% y presta sus ahorros a un año de plazo, al
cabo del año querrá poder comprar la misma cantidad de bienes que al inicio del
período, de manera que le cargará a la tasa de interés originaria, la
expectativa inflacionaria del 10%.
También considerará
el riesgo de cobrarle al que le presta sus ahorros. Es decir, puede pedir
compensación por el riesgo crediticio.
Finalmente, está el
componente riesgo institucional. En un país en el que no se respeta el
derecho de propiedad. Un país en el que el estado puede confiscar los ahorros
(Argentina tiene una larga tradición en este rubro como es el caso del plan
Bonex, el corralito, el corralón, la pesificiación asimétrica, la confiscación
de los ahorros en las AFJP, etc.). Un país en que el estado puede decidir de la
noche a la mañana que si uno prestó dólares tiene la obligación de recibir
pesos devaluados. En fin, en un país en que el Estado puede aplicar impuestos
sobre los ahorros en forma retroactiva, el riesgo institucional es tan alto que
quien está dispuesto a prestar sus ahorros en ese país va a cargar una tasa muy
alta de riesgo institucional. Esto quiere decir que la tasa de interés tiende a
subir en los países con alto riesgo institucional, entiendo por riesgo
institucional que el estado no respeta las reglas de juego. Que es arbitrario
en su manejo.
Ahora bien, ¿cuándo
alguien está dispuesto a hundir una inversión en alguna actividad diferente a
la financiera? En la medida que la tasa de rentabilidad esperada supere la
tasa de interés de un bono. ¿Por qué voy a asumir el riesgo de invertir en
una fábrica de hamburguesas, lidiando con el riesgo que mi producto no se
venda, los problemas de cobranza, los temas fiscales, laborales, etc., si la
tasa de rentabilidad esperada es menor o igual a la tasa de interés que rinde
un bono del gobierno? No tiene sentido invertir si puedo hacer la plancha
teniendo el mismo riesgo país pero sin hundir la inversión y comprando un bono
con el cual estoy líquido. De manera que solo invierto en una fábrica de
hamburguesas si la tasa de rentabilidad de la fábrica supera la tasa el
rendimiento de un bono.
Si se acepta este
punto de partida, es obvio que cuanto mayor sea el riesgo institucional de
un país, mayor será la tasa de interés y mayor la tasa de rentabilidad que el
inversor le va a pedir a su proyecto de inversión. Cuánto más alto sea el
riesgo institucional, menor será la cantidad de proyectos de inversión que
superen la tasa de interés. Es decir, a mayor riesgo institucional, menor
inversión hundida en el sector real de la economía.
Justamente este fue
el punto clave en el que se equivocó Cambiemos creyendo que la sola presencia
de Macri en el sillón de Rivadavia iba a atraer una lluvia de inversiones que
conduciría al crecimiento. Así, mágicamente la economía iba a crecer, el
crecimiento se traduciría en más recaudación y con el gasto público congelado
en términos reales, la brecha fiscal cerraría por mayor crecimiento. El
mismo discurso que utiliza ahora la oposición para decir que esto no cierra con
ajuste sino con crecimiento.
Grosero error tanto
de Cambiemos como de la oposición, nuestra cruz es arrastrar una tradición de
país defaulteador que no paga sus deudas y la mayoría de su dirigentes
políticos aplauden de pie esa decisión. Nuestra cruz es ser confiscadores
con los impuestos, con los ahorros en el sistema financiero, con reglas de
juego en los que está ausente el derecho de propiedad o limitado
significativamente en nombre de la
solidaridad social.
El error de Cambiemos
fue creer que la sola presencia de Macri en la presidencia podía borrar nuestra
historia de irresponsables. Es más, el discurso de Cambiemos siguió alentando
la cultura de la dádiva en vez de la cultura del trabajo. La competencia por
ver quien ha dado más planes sociales estaba y está en cada debate entre la
gente de Cambiemos y los K. Tanto prevaleció la cultura de la dádiva que el
gobierno dio marcha atrás en la reducción de impuestos e incluso los aumento para
sostener "planes sociales".
¿Por qué en un país
de saqueadores de riqueza iban a llover inversiones si el nuevo gobierno y la
oposición no mostraban una actitud y discurso de cambio en el sentido de
apostar a la cultura del trabajo?
Esta historia que el
gasto público era intocable, llevó al lío de la deuda externa, las LEBACs que
hoy se transforma en el lío de las LELIQ, las LECAPs, el aumento de los encajes
bancarios y las típicas corridas cambiarias producto de los arbitrajes tasa
versus dólar que implementan los gobiernos cuando no quieren tocar el gasto
público.
Tantas barbaridades
institucionales cometidas en el pasado no se superan tan fácilmente. Lo primero
que hay que cambiar es el discurso y terminar con el populismo de la cultura de
la dádiva. Lo segundo es reforzar ese discurso con medidas concretas. Lo tercero
es comunicárselo con sencillez a la población. Y lo cuarto es tratar de
convencer a la oposición que el discurso populista espanta inversiones. Si
no se convence a la oposición hay que buscar primero el apoyo de la población
para empezar a cambiar los valores que hoy imperan en la sociedad. Sin
estos estos pasos previos ni diez Macri juntos van a genera una lluvia de
inversiones. Por su parte la oposición tiene que dejar de delirar con el verso
que de esto se sale sin bajar el gasto público diciendo que se sale con
crecimiento. Esa expresión es una contradicción porque mientras el gasto
público siga siendo tan alto, la confiscación del trabajo y de los activos va a
seguir, por lo tanto el riesgo institucional continuará siendo alto y las
inversiones, el único camino de crecimiento de largo plazo, seguirán ausentes.
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