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Por Alejandro Radonjic - Con recesión (y fuerte
caída del consumo) y un dólar que subió casi 100% en pocos meses es lógico que
las importaciones se derrumben. Importar es más caro y no hay demanda
suficiente.
Algo así ya está pasando. Según el ICA del Indec,
en agosto achicaron 0,3% en valor y 5,4% en cantidades. La baja hubiera sido
más poderosa si no hubiera subido 58% la factura de combustibles (sus precios
subieron 33%) y no hubiera sido necesario importar casi US$ 200 millones más de
porotos de soja para atender la falta de insumos locales producto de la dura
sequía. “Descontando estos factores, las importaciones hubieran caído 9% en
agosto”, apuntan desde LCG. De hecho, los otros renglones importadores tuvieron
bajas sensibles, incluso de dos dígitos, como bienes de capital (-25%) o
vehículos de pasajeros (-15%).
Por esos factores puntuales, y por exportaciones
que no ayudaron (-1,4%), el saldo comercial de agosto fue deficitario en US$
1.127 millones contra pronósticos de un rojo de US$ 200-300 millones.
Pero septiembre trajo novedades alentadoras. Por
ejemplo, el hecho, difundido ayer, del regreso (luego de varios años de
furiosos rojos) del superávit comercial con Brasil. Fue solo un mes y una cifra
testimonial (apenas US$ 6 millones), pero una señal de que el comercio exterior
está ajustando. Las compras a Brasil cayeron 35,2% el mes pasado.
A la vez, AFIP dijo, también ayer, que la
recaudación por IVA Aduana se desplomó 26% el mes pasado. En concreto, las
importaciones están cayendo con fuerza y algunos expertos, como Martín Polo,
creen que el superávit comercial extraviado en 2016 podría regresar a escena.
Se verá hacia fin de mes cuando el Indec divulgue el ICA del mes pasado.
Se trata, sin embargo, de un ajuste “malo”, si
se quiere, porque no se nutre de más exportaciones sino menos importaciones. El
próximo desafío es que la fuerte suba de competitividad-precio contagie a la
exportaciones, que no han sido un motor en 2018 porque el tipo de cambio
arrancó atrasado y, sobre todo, la sequía. Y porque, además, Argentina ha
perdido capacidad exportadora (en rigor, el boom de los 2000 fue más por
precios que por cantidades) y, además, no está integrada a las famosas Cadenas
Globales de Valor (CGV).
El 2019 trae mejores perspectivas, lluvia, Vaca
Muerta y Brasil mediante, y así lo avizoran en Hacienda. El Presupuesto 2019
proyecta un avance de las exportaciones de 20,9%. Sería clave para activar
nuevos motores, y más sanos, para crecer. ¿Será posible semejante salto? Se
verá porque el comercio global, también es cierto, no pasa por sus mejores
días.
Aun así, el regreso del superávit comercial (ya
sea para septiembre o en algún momento del cuarto trimestre) sería una noticia
fuerte para los mercados porque mostraría que Argentina tiene capacidad de
generar dólares reales, además de pedir préstamos, tomar deuda y consumir
divisas como un V8. Ayudaría, a la vez, para bajar el gran déficit de Cuenta
Corriente, hoy estimado en 5% del PIB, con la ayuda de una balanza turística
también más equilibrada.
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