|
Por Eduardo Aulicino - Crisis sobre crisis. Un
factor de peso: la crisis que arrancó hace poco más de cinco meses con el dólar y
sacude a toda la economía. Un factor de tensiones domésticas: la crisis
del sindicalismo que complica el panorama para una negociación a tono con
ese cuadro. La combinación de los dos componentes no es la mejor y el resultado
hasta ahora es la reapertura de paritarias en continuado. Un camino con
estaciones sector por sector, que ya empezó y se extenderá por lo menos hasta
entrado el verano. Y que comenzó añadir preocupación seria por el cuidado
del empleo.
Como síntoma de ese cambio de clima -en
particular, el punto sensible de las fuentes de trabajo-, en medios
oficiales vuelve a hablarse en estos días, con intensidad, de los Repro. Esos
programas de Recuperación Productiva, o sus alcances, sufrieron varias
pulseadas durante la gestión macrista. El frío económico reactualizó el tema. Y
algunas provincias –las últimas habrían sido Chubut y Catamarca- han mantenido
contactos con el Gobierno para ampliar o mantener esa asistencia.
Fuentes del fusionado ministerio de Producción y
Trabajo señalan que ese punto ya integra la agenda de conversaciones regulares
entre Dante Sica y Jorge Triaca. Las estadísticas que manejan, con
registro de los primeros meses golpeados de lleno por la crisis, exponen caídas
de empleo en varios rubros de la producción industrial. "No es una
catástrofe, pero inquietan", dicen, y agregan que la preocupación y las
primeras respuestas apuntan a las empresas de menor porte.
Se verá cuál es el impacto de las medidas, por
ejemplo de los programas referidos, pero el otro dato saliente es que la
cuestión del empleo empezó a asomar en los aprontes para reabrir las
discusiones salariales. Las paritarias perfilan así una nueva y
persistente tanda de negociaciones, con el agregado de los puestos de trabajo
en riesgo. ¿Eso actúa como un inhibidor de los reclamos de subas frente a la
inflación disparada? "Sector por sector", dicen en el área de
trabajo. Los gremios, en tanto, se aprestan para una pulseada dura por partida
doble.
La idea de negociar "sector por
sector" no es novedosa en la lógica oficialista. En rigor, aún en momentos
menos críticos, desde el Gobierno fueron descartados los planteos o
insinuaciones sobre la necesidad de un acuerdo marco productivo. Los reclamos
llegaban no sólo desde fuera del oficialismo, sino también desde el interior,
casi como reflejo de la insistencia del "ala política" sobre la
búsqueda de entendimientos generales no sólo en el terreno político. No funcionó,
en primer lugar por el rechazo presidencial.
Ahora, además, existen datos externos que
alimentan la defensa de los acuerdos sectoriales: el estado de internas
irresueltas –con picos de tensión- entre los jefes sindicales que se
mantienen en la CGT y los que se agrupan alrededor de Hugo Moyano, entre
ellos gremios que cuestionaron y tomaron distancia de la salida de compromiso
que representó la instalación de un triunvirato de conducción avalado por el
jefe de los camioneros, junto o a los gordos, los independientes, el
barrionuevismo y otros grupos.
La batalla interna sigue siendo dura. El
triunvirato pasó a ser dupla. Quedaron Héctor Daer y Carlos Acuña; se
alejó por "razones de salud", reales y políticas, Juan Carlos
Schmid.Moyano ensayó aprovechar este capítulo para empujar la salida de un
grupo numeroso de integrantes del Consejo Directivo de la CGT. Por ahora, quedó
en suspenso. Moyano no juega solo esta partida: los gordos de grandes gremios,
los independientes de siempre (estatales de UPCN, construcción y aguas) y
algunos menos alineados, entre ellos colectiveros y parte de los ferroviarios,
han logrado hasta ahora articular negociaciones para evitar deserciones de
peso. No pudieron frenar el acercamiento del Smata al frente que lidera el
camionero. Evitaron sí la partida de la UOM.
Esas son apenas pinturas de una disputa mayor
que combina política y otros elementos. Moyano logró afirmar su frente sindical
-pensando además en las complicaciones judiciales- y allí conviven sectores
que tienen objetivos y estrategias propias para tensar la cuerda: desde la corriente
que encabeza el gremio de los bancarios hasta las dos CTA. Ahora, como
complemento de peso, coinciden además en la zona de acuerdo con el
kirchnerismo. Para unos es coyuntural o táctico, como ocurre con Moyano; para
los otros hace a un proyecto que extraña el poder.
Esa divergencia también reconoce al entramado
que sostiene la conducción cegetista, más inclinado al juego con el peronismo
de los gobernadores. No es un dato menor. Dicho de manera más o menos lineal:
este sector entiende la relación con el Gobierno de manera parecida a los jefes
provinciales del PJ. Tensar y acordar no son elementos necesariamente
contrapuestos.
Desde las oficinas de Trabajo, contemplan el
panorama y tratan de manejarse con cautela. Siguen de cerca cada movida. Las
conversaciones con jefes sindicales pasan por una etapa de reactivación –en
rigor, nunca fueron cerrados por completo los celulares-, pero por precaución o
por conveniencia adjudican también a ese cuadro sindical la imposibilidad
de citas colectivas y formales con la dirigencia sindical.
Como sea, el Gobierno no desatiende este
panorama: la lectura más realista de la economía refuerza la necesidad de
distender y contener el conjunto que genéricamente es definido como frente
social. En buena medida, eso explica el abandono de rigidices en el
tratamiento de las paritarias. Y la sucesión de negociaciones que se avecinan.
|