En verdad, esos son los intereses pagados por el Estado y
BCRA. Dos entes públicos que cuentan con los mejores datos sobre posibles
medidas a futuro. ¿Qué inflación/devaluación esperada justificaría tamañas
disparidades de rendimientos?
La nota intentaba señalar el tremendo sobrecosto impuesto a todos los
argentinos porque el gobierno no quiere reconocer lo más sabido. La gente tiene
más confianza en los dólares que en los pesos que se devalúan permanentemente.
Que los gobernantes prometan lo que quieran. Como reza el billete
norteamericano "En Dios confiamos". Las tasas de interés siderales y
la permanente volatilidad de la economía argentina nos maltratan a todos. Y
seguirán torturándonos por siempre, hasta tanto podamos emplear la moneda más
prestigiosa entre nosotros y en el mundo.
Las reservas de divisas del BCRA permitirían cambiar toda la base monetaria,
todos los billetes circulando, más los depósitos de los bancos en banco
central, a 26 pesos por dólar. Si quieren guardar una reserva para otras
eventualidades, a 40 pesos por dólar sobrarían casi 17.000 millones de dólares
para otras posibles necesidades. El primer paso es la Convertibilidad, es decir
asegurar que el BCRA vendería dólares al tipo de cambio fijado, hasta el
momento que podamos dolarizar nuestra contabilidad. Esta propuesta ambiciosa
podría contar con el apoyo de gobiernos y entidades internacionales. Nuestra
situación angustiante y las posibilidades formidables de nuestro país al
eliminar esta fuente de incertidumbre ameritan medidas audaces. Cambiemos.
Si en lugar de dolarizar prefirieran una convertibilidad, podrían mantener el
programa monetario anunciado por las autoridades, con la sola corrección de las
bandas de intervención. El BCRA debiera comprometerse a vende todos los dólares
que le pidan al precio que se anuncie, y comprar un poco por debajo. No importa
tanto a que valor se haría la convertibilidad. Lo determinante es que el tamaño
del metro sea constante.
Asegurando un dólar de 40 pesos, por ejemplo, por largo tiempo, la población y
los inversores confiarían al ver satisfechas sus inquietudes. Y el costo
financiero y la inflación se derrumbarían en pocos días, como prometió el
presidente Macri. El Estado, las empresas y los deudores ahorrarían ingentes
recursos. Y la Argentina eliminaría una de las causas de la permanente
volatilidad que entorpece las mejores intenciones y nos sume en la pobreza.
Teniendo una moneda confiable, nos sobrarían recursos, los inversores volverían
y estaríamos todos más pletóricos.
La tan publicitada flotación en nuestro país, y otras naciones, ha fallado
irremediablemente. En vez de lograr el pregonado "cambio de precios
relativos", las devaluaciones impactan principalmente achicando los
patrimonios del conjunto y acelerando la inflación. Una frustración que nos
viene empobreciendo de forma sistemática. A los argentinos les espanta el FMI
porque lo asocian a caídas de ingresos y devaluaciones sin fin. Una consecuencia
contundente es que desde 1970 tuvimos que cambiar cinco signos monetarios para
suprimir 13 ceros a nuestros pesos actuales. La cotización de 40 pesos por
dólar en verdad debiera leerse 400.000.000.000.000 cuatrocientos millones de
millones de pesos por dólar.
Mi nuevo libro Fin de la Pobreza descubre el largo camino a construir la
confianza del consenso, buen trato y el rol de cada institución en defender los
derechos de propiedad y la riqueza de la nación. Una moneda confiable, la
deseada por la población e inversores, es un paso sustancial.

