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Por Juan Bergelin
- Si la economía argentina está
atravesando por una tormenta, como graficó el presidente Mauricio Macri para
evitar usar la palabra crisis, este 21° aniversario de BAE Negocios encuentra a
la actividad en el ojo del huracán.
La peor sequía en
50 años marcó el camino de una recesión que se profundizó con una
megadevaluación del peso que impactó de lleno en el consumo interno y una suba
de tasas que dejó herida a toda la industria local. Sin certeza de haber tocado
fondo, y ante un mercado interno golpeado además por un duro ajuste monetario,
el Gobierno pone sus fichas a que una reactivación de Brasil logre
sacar al país de estas nubes negras. Para el año que viene el campo promete
mejores números, pero el efecto derrame a otros sectores es limitado.
Los últimos datos
muestran que en julio la actividad económica cayó 2,7%, con la industria
manufacturera y el comercio como los principales sectores afectados por la
recesión, reflejando un mercado interno golpeado por la pérdida de poder
adquisitivo. En agosto, la industria registró una pérdida interanual de 5,6%,
con números en rojo en diez de las doce ramas. Uno de los que logró esquivar el
azote fue la industria automotriz, que tras meses de caída se recuperó gracias
a una incipiente recuperación de la economía brasileña, que se tradujo en una
mayor exportación de autos.
El otro de los que
logró mantenerse a flote fue la intermediación financiera, aunque encara por
delante un ajuste monetario que podría hacer mella en sus balances. De todos
modos, en ese aspecto las aguas están divididas en el mercado, y hay quienes
creen que con el alto rendimiento de las Leliqs y los encajes remunerativos
podrá compensar el menor crecimiento del crédito.
Pero si hay una
deuda pendiente que el sistema financiero tiene con la sociedad es la falta de
crédito hipotecario. Después de la convertibilidad, los bancos enfocaron sus
negocios en préstamos al consumo, con escasas ofertas para acceder a la
vivienda propia y relegando en el Estado le
rol de financiar ûo mejor dicho, subsidiar- a los nuevos propietarios. Sin
embargo, no fue la falta de protagonismo de los bancos lo que hizo del crédito
hipotecario una especie en extinción sino más bien el contexto local, con una
economía altamente dolarizada y con una inflación sin control.
De hecho, esas dos
variables son las que explican la falta de crédito hipotecario. Con el precio
de las propiedades en dólares, por la falta de confianza de los agentes
económicos en la moneda local, cada volatilidad en el tipo de cambio hace aún
más lejano el sueño de la casa propia. Y con una inflación que no logra bajar
de los dos dígitos en el año, es prácticamente imposible que los bancos
financien a 15 o 20 años a una tasa que sea accesible para los clientes y a su
vez compense la suba de precios de esos años.
Así, podría decirse
que la falta de crédito hipotecario refleja a la perfección a una economía muy
atada al dólar con una inflación que sigue sin poder domarse. Esos dos puntos
son justamente los que busca atacar el nuevo presidente delBCRA,
Guido Sandleris, que diseñó junto al FMI un
plan extremadamente restrictivo en el plano monetario que en un primer paso
busca controlar al dólar y a mediano plazo planchar la inflación, después del
intento fallido de aplicar las metas de inflación en el país.
El tiempo dirá si
el BCRA logra contener los dos objetivos. En el mientras
tanto, es sabido que el ajuste monetario agudizará aún más la recesión, y será
clave una recuperación del principal socio comercial que logre traccionar a la
economía local, en pleno año electoral.
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