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Por Fernando Gutiérrez - Hay
un economista que no sólo no se sorprendió por el hecho de que el dólar se encaminara hacia el
"piso" de la banda de flotación sino que, además, desde el primer
momento anticipó que eso iba a ocurrir. Claro que contaba con una ventaja
respecto de sus colegas: vive en Uruguay, donde un sistema muy parecido al que
acaba de implementar Guido Sandleris ya se había aplicado en los años ’90.
Julio de Brun, que luego ocupó
la presidencia del Banco Central del país vecino durante
2002 y 2005, había realizado un trabajo de investigación sobre el
funcionamiento del entonces novedoso sistema, que combinaba la banda de
flotación vigente en países europeos con el "crawling peg" o paridad
deslizante.
En el Uruguay de los años ’90
pasaba lo que ahora se está insinuando en la Argentina: el dólar prácticamente no flotaba. Más
bien, estaba todo el tiempo recostado contra el límite inferior de la banda.
Esa situación era frecuentemente utilizada por los funcionarios como argumento
cada vez que eran criticados por el atraso cambiario: si realmente existiera
ese problema, afirmaban, entonces la divisa flotaría dentro de la banda y
llegaría hasta el techo.
Pero De Brun demostró, en un
trabajo presentado en 1993, que en este tipo de sistemas la flotación es la
excepción y no la norma. Y que si el billete verde se mantenía en el piso, eso
no era necesariamente un síntoma de que no existiera atraso del tipo de cambio,
sino que respondía a una cuestión de diseño.
La clave, al igual que lo que
ahora ocurre en Argentina, estaba en la combinación de un fuerte apretón
monetario junto con una paridad del dólar para la que estaba prevista
subas todos los meses. En otras palabras, que se creaba un entorno en el que la
demanda se reducía al mínimo, hasta que el Central compraba –en el
"piso"- e inyectaba liquidez.
Con ese antecedente, cuando
Sandleris dio inicio al sistema de bandas (con "zona de intervención"
y otra de libre flotación), De Brun fue uno de los pocos que pronosticó que
el dólar se estabilizaría rápidamente
sobre el piso, en contra del escepticismo generalizado.
"Había
una teoría, que se basaba en la experiencia de las monedas europeas, que
indicaba que el tipo de cambio se debía mover permanentemente entre el piso y
el techo. Pero el caso uruguayo, como ahora el argentino, tenía una diferencia
fundamental: el retoque al alza de la banda que se hacía todos los meses. Ese
deslizamiento lo hacía más parecido a una flotación sucia y le permitía
al Banco Central intervenir", explica el economista en diálogo con iProfesional.
En el Uruguay de los ’90, se
había reformado la carta orgánica del Banco Central de manera que la
entidad ya no podía financiar al fisco. Una situación análoga al compromiso de
Sandleris con el objetivo de "emisión cero" para combatir el alza de
los precios.
Pero, también
coincidentemente, la inflación rondaba el 40% anual. "Cuando una economía tiene esos niveles de inflación,
necesita más pesos todos los meses, a un ritmo de
2% o 3% mensual. Entonces, la banda cambiaria es un mecanismo ingenioso que
permite la expansión monetaria cada vez que el Central compra dólares, sin que
eso implique quebrantar el compromiso de no asistir al Tesoro con
emisión".
Tasa alta, dólar contra el
piso
De Brun explica que una clave
para sacar pesos del circuito es que el sector público no demande moneda
estadounidense en el mercado. En Uruguay se lo hacía por el mecanismo de venta
de divisas desde el Central hacia el Banco República, el equivalente
del Banco Nación.
"De
esa manera, cuando el ministro de Economía tenía que comprar billetes verdes
para pagar deuda no iba al mercado, porque ya tenía cuenta en el banco estatal. Y si al principal
comprador lo sacás del mercado, ya no había pesos suficientes como para
sostener una demanda fuerte de dólares. El resultado es que se pegaba siempre
contra el piso de la banda", recuerda el
economista.
Con ese antecedente se anima a
pronosticar que, en el caso argentino, se dará una situación análoga, siempre
que Sandleris al frente del BCRA mantenga la dureza que ha ostentado hasta
ahora.
Calcula que hacia marzo del
año próximo, con u$s20.000 millones, el Banco Central estará en condiciones de
comprar toda la base monetaria, cuando dólar esté a $40.
"La plata para hacerlo la
tienen porque el FMI se las está dando. Y, llegado a
ese momento, no quedan más pesos como para una corrida. Si el Gobierno da
señales de que cumple con el programa, va a ser muy difícil correr contra el
peso", anticipa.
También hace una advertencia
sobre las tentaciones en las que no debería caerse. Una es que el Tesoro venda
dólares para ayudar a "planchar" la cotización. "Si el ministro
los tiene, que los use sólo para pagar deuda. Si no, va a hacer macanas. La
defensa del peso argentino tiene que venir por el lado de las tasas de
interés".
La otra advertencia es la de
mantener la señal de firmeza en el plano fiscal: "Estos sistemas sirven
para estabilizar pero no para posponer los ajustes. Si se cae en esa tentación
por ser un año electoral, ahí sí se arriesga una salida traumática y con salto
devaluatorio. Pero no debería ocurrir, según lo que se ha visto hasta
ahora".
Con la pelota bajo el brazo
Como buen uruguayo, De Brun
recurre a metáforas futboleras para argumentar sobre economía. Y ante la
pregunta sobre cuáles son los riesgos que se corren con un régimen de bandas
cambiarias, afirma que la clave es que el Banco Central no olvide que es
"el dueño de la pelota".
"Si
sos el dueño de la pelota, no te pueden llenar de goles. En algún momento te
enojás, ponés la pelota bajo el brazo y te vas a tu casa. Es decir, la gente
puede demandar dólares y ponerse nerviosa porque es un año electoral, pero la
pelota es del Central. Y si el Central no te da pesos, no se pueden comprar dólares", argumenta.
Su visión es que el billete
verde se pegará al piso de la banda en la medida en que el mercado perciba que
especular contra el peso le cuesta caro: "Si no hay pesos, la única forma de comprar billetes
verdes es endeudarse, y con una tasa alta la demanda se va a frenar".
En otro orden, el experto no
duda en elogiar la "mano dura" en el plano monetario: "Lo que
hay que tener en claro es que en un momento de crisis no se puede dudar, si para
renovar las Leliq tienen que seguir subiendo la tasa, ‘vamo arriba’".
Prevé que a comienzos de 2019
Sandleris y su equipo evaluarán si se justifica el ritmo de 3% mensual para el
corrimiento de la banda o si será necesario ralentizar.
La importancia de salir a
tiempo
A la hora de señalar qué
lecciones puede aprender Argentina sobre cómo resultó el experimento uruguayo
de los ’90, De Brun advierte que la banda de flotación debe usarse
preferentemente en períodos cortos. De hecho, el final fue traumático en
Uruguay: un salto fuerte devaluatorio.
"Es un
buen instrumento, pero no puede mantenerse indefinidamente. Ese tal vez fue el
error de Uruguay. Y era un sistema en el
que nadie tenía incentivo para una cobertura de tipo de cambio porque la daba
gratis el Estado", argumenta.
En 2002, ya con una década de
vigencia de la banda, y con el peso argentino y el real brasileño devaluados,
la presión se empezó a hacer fuerte y ahí sí, por primera vez, el dólar empezó a flotar y obligó al
Central a vender cuando la cotización llegó al techo de la banda. Fue entonces
cuando el FMI puso como condición para un nuevo desembolso que se abandonara
ese régimen cambiario.
El final no
fue un espectáculo agradable de ver. La divisa estadounidense pasó en pocas
semanas de 17 pesos a 29 pesos y, para empeorar, la
devaluación coincidió con un contagio de insolvencia a buena parte del sistema
bancario. La economía, que ya llevaba tres años consecutivos de recesión,
se hundió más de 7% antes de tocar fondo y empezar a recuperarse en 2003.
Pero De Brun rechaza las
críticas de quienes creen que el sistema de bandas fue el culpable de la crisis. Admite que había un atraso
cambiario, pero que la apreciación de la moneda era inevitable por el contagio
regional.
"La moneda se habría
apreciado de todas formas. La realidad es que la banda cumplió su objetivo,
pero no se había pensado cómo salir de ese sistema y con qué sustituirla. Era
un momento de crisis de confianza, y entonces los
dólares que no se perdían por defender al tipo de cambio se iban por la
aceleración de la corrida".
En todo caso, su conclusión es
que la experiencia uruguaya demuestra que el régimen de banda de flotación
puede ser útil para dar estabilidad en un momento complicado, pero que no se le
debe pedir que resuelva los problemas surgidos en el plano fiscal. Y que no se
debe esperar a una nueva crisis para abandonar el instrumento.
En definitiva, nada muy
diferente a las lecciones que los economistas argentinos ya habían sacado sobre
el régimen de convertibilidad.
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