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| Déficit fiscal en línea: la ofrenda ante el Fondo |
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22/10 - 08:39 Ambito Financiero |
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Por Carlos Burgueño - El Gobierno les dará esta semana argumentos a los
integrantes del board del Fondo Monetario Internacional (FMI) para que aprueben
el viernes el segundo capítulo del acuerdo con la Argentina cerrado en junio
pasado y revisado en septiembre. El déficit fiscal proyectado para este año
será de menos del 2,5%, y podría ubicarse incluso cerca del 2%, cuando la meta
prometida al organismo financiero internacional era de 2,7%. Incluso se
demostraría que el Ejecutivo está en línea para proyectar hacia 2019 una
reducción acelerada ya en el primer semestre del año, lo que si bien no
garantizaría el promocionado "déficit cero", al menos lo acercaría.
El dato no es menor. Con esto el Gobierno podría garantizarse la continuidad de
los giros del FMI durante 2019; y dejar tranquilo al board con que, al menos en
esta variable, el compromiso con el organismo se está cumpliendo.
Con este panorama, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, y el
mexicano Alejandro Werner -director para el hemisferio occidental- tendrán el
viernes en la sede de FMI en Washington argumentos para que los países más
díscolos y críticos a seguir apoyando a la Argentina puedan finalmente aceptar
las modificaciones del acuerdo original. Se sabe que dentro del board el
principal cuestionamiento a cualquier país es que el dinero que se presta desde
el FMI se utilice para financiar gastos corrientes. Por esto es importante en
el momento de presentar un acuerdo o someterse a los exámenes dentro del
artículo IV de la carta orgánica del FMI que la situación fiscal esté
controlada o en vistas de estarlo. En el caso argentino, las observaciones
sobre el fin para el que el país utiliza el dinero tiene doble interpretación.
Por un lado, es el dominio del déficit fiscal, terreno que el Ejecutivo tendría
controlado. El segundo es la negativa rabiosa por parte del FMI a que el dinero
se utilice para financiar corridas cambiarias, un capítulo que el propio Werner
dejó claro en el mismo momento de iniciar las negociaciones con el país en
junio pasado. Para esto el Banco Central que maneja Guido Sandleris preparó los
argumentos de funcionamiento del primer mes de la "zona de no intervención",
algo que para la entidad financiera, y el Gobierno en general, hasta aquí ha
dado buenos resultados. En especial durante la semana pasada, donde se sorteó
satisfactoriamente el desmantelamiento del antepenúltimo megavencimiento de
Lebac. Si todo esto tiene éxito, el FMI aprobará el viernes el acuerdo 2.0 y el
país comenzará a transitar el diseño del modelo económico para 2019, año
electoral.
Los términos del nuevo acuerdo habían sido negociados a comienzos de septiembre
en Washington, fundamentalmente por el presidente del Banco Central, Guido
Sandleris, que diseñó junto con el vicepresidente de la entidad, Gustavo
Cañonero, la "zona de no intervención" en el mercado cambiario de
entre los 34 y los 44 pesos. Sandleris discutió, además, con Lagarde, el
mexicano Alejandro Werner (el director gerente para el hemisferio occidental) y
el italiano Roberto Caldarelli (el encargado del caso argentino), la manera en
que se aplicaría la política de reducción a cero de la emisión monetaria y la
posterior generación del equilibrio fiscal durante 2019. Los tres funcionarios
del FMI aceptaron las condiciones, previa presión directa desde el Gobierno
norteamericano de Donald Trump y el aval de Lagarde que tomó el caso argentino
casi como una apuesta política personal. Sin embargo, se especulaba desde
Buenos Aires, el Fondo decidió dejar correr unos días la vigencia de la
"zona" antes de tomar una decisión final sobre la aprobación del
acuerdo desde el board del organismo. Como la creación de Sandleris-Cañonero tuvo
resultados medianamente positivos, junto con la promesa de desarticular la
bomba de las Lebac, Lagarde y compañía pusieron fecha para la revisión final
del acuerdo con la Argentina. El calendario quedó para el 26 de octubre, la
misma fecha que el FMI otorgó para controlar la marcha de la aplicación de las
normas del artículo IV del organismo en el reino de Bután.
El acuerdo que aprobará el board implica una extensión del préstamo original de
u$s50.000 millones, a u$s57.100 millones, además de reducción de los plazos de
giro del dinero. Este año, desembolsos por de u$s14.000 millones, es decir
u$s8.000 millones más que lo que establece el programa anterior, con lo que el
Ejecutivo respirará tranquilo que el dinero necesario para cerrar las cuentas
financieras de este ejercicio ya está garantizado. Para 2019, el dinero que
girará el FMI será de u$s23.000 millones, cuando el desembolso anterior era de
u$s12.000 millones. Totalizan sólo estos dos desembolsos los u$s19.000 millones
que fueron el centro de la explicación que Lagarde y Sandleris negociaron en
EE.UU., durante la última Asamblea General de las Naciones Unidas. El dinero
para 2019 debería resolver también los vencimientos de deuda del próximo año,
mientras que las necesidades de fondos para 2020 son hoy una incógnita. Ya
habrá tiempo de ocuparse de ese capítulo.
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