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Por Daniel
Sticco - Desde el inicio de este mes de octubre el Gobierno dio un
giro en su política económica al advertir claras señales de agotamiento y
fracaso del "gradualismo", y se abocó a una política de
"shock" cuyos costos comenzaron a manifestarse en más inflación y
recesión, y consecuente disminución del empleo junto a caída del poder de
compra de los salarios.
Pablo Tigani, Magister en Economía y Política Económica Internacional y
profesor en UADE, CEO y co-fundador en 1993 del Grupo Hacer, analizó la
coyuntura y se mostró escéptico sobre la posibilidad de que el presidente
Mauricio Macri pueda terminar este ciclo de 4 años con un escenario de
recuperación de la senda del crecimiento sostenido.
– El Gobierno esperaba coronar el 2018 como el segundo año con
crecimiento sostenido, pero no lo logró, y ya habla de recesión hasta casi
mediados de 2019, y lo atribuye en gran parte al cambio del escenario
internacional y la crisis de Turquía. ¿Comparte ese diagnóstico, y qué eso
explique que el equipo económico deba corregir sus pronósticos de actividad,
inflación y tipo de cambio cada 3 meses?
– Es un combo, y nadie puede negar el cambio de la situación internacional.
Pero no puede ser que la crisis de Turquía le afecte más a la Argentina que a
ese país. Los shocks exógenos solo se producen con una magnitud difícil de
manejar cuando la política nacional elige exponerse a ellos. Hasta dos
años y medio a 3 atrás teníamos una mezcla de deuda pública doméstica y
externa, pero se ha elegido una mayor proporción de dólares, y la variabilidad
de esa divisa no la puede manejar la Argentina. Eso significa no manejar
tampoco la tasa de interés, que cuando sube, afecta al tipo de cambio, porque
provoca la apreciación del peso. Y cuando el dólar se aprecia en el mundo,
bajan los precios de las materias primas.
– Estamos frente a una situación repetida varias veces en los últimos 40
años…
– Sí, con los años que tengo he visto subir varias veces las tasas de interés
de la Reserva Federal de los EEUU de 1% a 5% o 6% anual, como ocurrió en 2008 y
2009, y no de 0,2 o 0,3 puntos porcentuales, como ocurre ahora. Sin embargo,
más allá de los cimbronazos que provocó a nivel mundial, en la Argentina nos
afectó más por las dificultades que tenía para colocar la deuda.
– ¿Ese cambio del mix de nuevo endeudamiento con más deuda extranjera
que en moneda nacional, se puede haber originado en la destrucción del ahorro
privado, con la eliminación del sistema de AFJP, y trabó la maduración del
mercado de capitales doméstico, o lo atribuye al cambio de ideología respecto
del gobierno precedente?
– Es evidente que hay un cambio ideológico. Siempre le digo a mis alumnos de la
maestría de Economía en la UADE en la primera clase: levanten las manos quienes
no tienen ideología ni posición política, sobre 30 lo hace la mitad, eso
implica que muchos economistas son en general bastante brutitos, y me
incluyo, porque revela una alta proporción con una ideología altísima y una
posición apolítica muy peligrosa, porque un apolítico está abierto a cualquier
otra cosa que no sea la política. Y aunque le parezca mentira, por eso Joseph
Stiglitz me aconsejó estudiar Ciencias Políticas. Creo que la elección inicial
del gradualismo por parte del gobierno de Mauricio Macri es ideológico. Es un
Presidente ingeniero, que no tiene formación social, y está un poco alejado de
la realidad en cuanto a que su vida tiene privilegios que las grandes mayorías
no tienen.
“El Presidente es ingeniero, no tiene formación social, y está un poco
alejado de la realidad en cuanto a que su vida tiene privilegios que las grandes
mayorías no tienen”
– Pero el Presidente eligió un amplio equipo de asesores, ministros y
secretarios de Estado que complementan su formación, y cuentan con alta
calificación local y formación académica internacional…
– Sí, pero eligió a quienes se parecen a él, no llamó a Juan Grabois para que
le diga los problemas sociales que podrían surgir si se aplican determinadas
políticas. Lo único que han hecho es más asistencialismo, un poco de populismo
de derecha.
– ¿Cree que había margen para haber hecho otra política desde el inicio
de la gestión, dada la situación heredada de enormes desequilibrios
macroeconómicos y singular grieta social y política?
– Como yo tengo un enfoque holístico, político y económico creo que hablar de
gradualismo tendría sentido si me rodeo de gente que cree en eso, o sabe
hacerlo, o pueda tener efecto de sorprender, como hizo Carlos Menem en 1989,
llamó a María Julia Alsogaray y al equipo económico de Bunge & Born, con
Miguel Roig y Néstor Rapanelli, quienes no tenían nada que ver con la gente que
lo acompañó en su campaña, como Eduardo Curia. Por eso, para los que
tenían la esperanza de reducir el gasto público, no el déficit fiscal, era una
cuestión política, no económica, ¿por qué? Porque el gobierno anterior creía
que había que elevar el universo de jubilados; creía que había que darle
asistencia a través del subsidio al electrodependiente; y que había que
mantener los planes sociales. Por tanto, no es que subió el gasto, sino que la
política es otra política, no respondió a una decisión económica, aunque tiene
consecuencias económicas.
Si el nuevo Gobierno pensaba lo contrario, es decir bajar el
gasto, cualquiera que hubiera hecho una reingeniería en una empresa, en
los 90 con Miguel Ángel Broda he hecho como 30, sabe que debe enfrentar 15 días
muy complicados. Lo que hay que hacer es dar muestras de que se va en serio y
que se pueden mostrar resultados rápidos, con lo que por un lado se deberá
enfrentar situaciones de descontento, pero se habrá evitado lo peor. Si usted
tiene una fábrica con 2.000 obreros, pero la productividad determina que sólo
es sostenible con 700, si no hace el ajuste de 1.300 lo que vendrá es el cierre
de la planta y afectará también a los 700 que se podrían salvar.
– ¿Usted cree que el 10 de diciembre de 2015 había margen para haber
optado por una política de shock como plantea?
– El análisis de hoy, a casi 3 años, demuestra que sí, ya que podría haberle
adjudicado el costo inicial al gobierno anterior. Permítame agregarle que los
pronósticos no se enseña en la universidad, pero hablamos de pronósticos, que
consta de 3 partes: 1) el diagnóstico en el cual Carlos Melconian;
Miguel Broda; Miguel Bein, yo, Axel Kicillof, es decir el 98% de los
economistas vamos a estar de acuerdo, aunque unos podrán ponerle paños fríos si
se está de un lado, o ser muy duros, si se está del otro; 2) qué va hacer
quien está al frente de la toma de decisiones. Muchos, me incluyo, pensábamos
que este Gobierno iba a hacer otra cosa, en particular en lo que respecta a
levantar gradualmente las restricciones al movimientos de capitales con el
exterior, y no de una vez, porque eso tiene un costo muy alto cuando se sigue
una política de altas tasas de interés, porque deprime el tipo de cambio y
afecta a los exportadores; y 3) pensar cómo le van a contestar los
mercados.
“Creo que todas las correcciones
que se han hecho, desde el punto de vista del “ahora sí” desde la ideología y
de la política, con un tipo de cambio holgado, y con las correcciones de las
tarifas, han generado un costo social muy alto, y que todavía no se pagó”
– ¿Hoy pareciera que el Gobierno ha logrado eliminar muchas de las
distorsiones heredadas, como el atraso cambiario, parcialmente a nivel
tarifario, la salida plena del default, pero no ha logrado estabilizar los
precios e ingresar en el sendero de la reactivación sostenida, y pareciera que
está empantanado ¿Cómo cree que será la salida de ese estado?
– Creo que todas las correcciones que se han hecho, desde el punto de vista del
"ahora sí" desde la ideología y de la política, con un tipo de cambio
holgado, y con las correcciones de las tarifas, han generado un costo social
muy alto, y que todavía no se pagó. Pienso que con un tipo de cambio de
$37 se está más cómodo que con un de $20; y con el cuadro tarifario las
empresas de energía, seguramente, en algún momento comenzarán a invertir. Eso,
va a comenzar a resolver los problemas de desequilibrios macroeconómicos, pero
no está calculado el costo social; como tampoco el de la extraordinaria
recesión que se generó con altísimas tasas de interés, en particular a nivel de
las pymes.
– ¿Qué otra política podría haberse seguido ante el fracaso del
gradualismo, y con la amenaza de que el tipo de cambio continuara subiendo sin
freno, sobre todo porque en las primeras tres semanas de severa astringencia
monetaria, la cotización del dólar pasó de $41 a menos de $37, con lo que
cambió las expectativas de inflación?
– El problema es que si la esterilización de pesos genera una fuerte suba de
las tasas de interés, por la falta de pesos, no habrá financiamiento y las
empresas van a tener problemas en su cadena de pagos, y el Estado va a tener
dificultades para sostener la recaudación de impuestos. Por eso, la
alternativa era bajar el gasto público, y eso es lo que observo en el
Presupuesto 2019, que será muy costoso para la sociedad.
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