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Por Claudio Zlotnik - Se trata, ni más ni menos, del dato más
tranquilizador que recibió Nicolás Dujovne desde que empezó la crisis. Un informe interno, compartido por el Banco Central,
le indicó que la compra de dólares durante la primera quincena de octubre cayó
a un rango de entre u$s22 millones y u$s25 millones diarios por parte del
público minorista.
Esto implica un cambio drástico desde los meses críticos en los que los
argentinos hacían fila en bancos y casas de cambio para guardar bajo el colchón
o en las cajas de seguridad esos billetes, y en los que se llegó a temer que la
corrida cambiaria entrara en su fase más aguda de crisis bancaria.
También en estos días se evidencia una
sensible caída en los requerimientos de argentinos que hacen turismo en el
extranjero -algo totalmente esperable con una divisa cerca de los
$40-, y también se evidenció una menor compra de las empresas, que disminuyeron
su nivel de dolarización, al menos en las últimas semanas.
La novedad es alentadora para el objetivo que persigue el Gobierno: la
demanda minorista bajó ahora -y por lejos- al menor nivel del año.
Las compras de ahorristas habían alcanzado picos de u$s250 millones por
día allá por mayo. Ese mes se rompió el récord: u$s4.615 millones. Fue el
momento en que comenzó la disparada del tipo de cambio. El billete verde
saltaba más allá de los $20 y disparaba la demanda.
En aquel entonces hubo traspasos de depósitos hacia "moneda
dura". Y también desarme de Lebac (tanto de inversores extranjeros como
locales), que precipitaron una furiosa fuga de divisas.
La compra para atesoramiento siguió en niveles récord tanto en junio
como durante buena parte de julio, aunque retrocedió un escalón a raíz de una
cotización que ya había superado los $30.
Para ese entonces, las compras minoristas se ubicaron en un promedio
diario de entre u$s120 millones a u$s150 millones, de acuerdo al informe del
BCRA.
Las ventas recién cedieron hacia la última parte de julio, con un
promedio de u$s100 millones por jornada. Y esos niveles, de entre u$s80
millones a u$s100 millones, se extendieron hasta mediados de septiembre. Con un
billete que en algún momento superó los $40 y la noticia de un nuevo acuerdo
con el Fondo Monetario, la demanda colapsó.
Tras el anuncio del plan "emisión cero", la confirmación de la
llegada de dólares frescos del FMI para repagar la deuda y el salto de las
tasas de interés, la compra minorista declinó al promedio actual, de entre
u$s22 y u$s25 millones por día.
Este mismo miércoles, cuando la autoridad monetaria
difunda la situación del mercado cambiario correspondiente a septiembre, se
confirmará el escenario más calmo que ya había anticipado iProfesional.
De esa forma, Dujovne puede ver confirmada su proyección sobre una
acelerada reducción del rojo en cuenta corriente (la que mide la diferencia
entre los dólares que salen y los que entran al país) que antes de la
devaluación se acercó a un preocupante 6%, un nivel comparable a los momentos
previos a todas las grandes crisis económicas de la historia reciente.
El cadete suspendió South Beach
Este escenario, con los datos provisorios de la primera quincena de
octubre, ya luce parecido al que hace un par de meses reclamaba Carlos
Melconian, cuando el propio Mauricio Macri lo consultaba y su nombre sonaba con
insistencia para conducir la economía. En ese entonces, el tipo de cambio había
picado hasta los $30 pero la dolarización se calmaba poco y nada, de modo que
el economista afirmaba con su habitual estilo:
“Necesitamos un tipo de cambio tal que la tía deje
de comprar dólares y los cadetes dejen de viajar a South Beach”. Una cotización
alrededor de los $40 ya se parece mucho a ese postulado.
Los números del Banco Central lo confirman. Guido Sandleris festejó el
derrape en la demanda de divisas en su última aparición pública, el lunes
pasado, al presentar el informe de Política Monetaria.
En los hechos, no es el único dato que tranquiliza a las autoridades.
El superávit comercial de septiembre -el primero en
20 meses- también llevó tranquilidad. Si bien se da por obra de un colapso de
las importaciones (se desplomaron 21% contra septiembre del año pasado) y no
por un repunte de las exportaciones (que continúan en baja), lo más destacable
es que pudo revertirse una de las fuentes de salida de divisas.
Aun con el superávit de u$s314 millones del mes pasado, en los primeros
nueve meses todavía se acumula un rojo comercial de casi u$s6.500 millones
(superior a los u$s5.100 millones del período enero-septiembre 2017).
Cuando el Banco Central divulgue los detalles del mercado cambiario del
mes pasado, los funcionarios también allí encontrarán motivos para suspirar.
iProfesional ya había adelantado que, en los
números preliminares, la dolarización de septiembre habría rondado los u$s1.100
millones, sensiblemente inferior al récord de u$s4.600 millones de mayo. Del mismo modo,
bien por debajo del promedio de u$s3.000 millones mensuales del último
trimestre.
El otro gran agujero por el que se estuvieron escapando los dólares en
los últimos tiempos fue el turismo: este miércoles se tendrán datos recientes
sobre la desaceleración de esa fuga.
Algunos indicios de lo que podrá verse:
1.- Los gastos de los argentinos
en el extranjero cayeron nada menos que 48% el mes pasado respecto a 2017,
según las administradoras de tarjetas de créditos.
2.- A su vez, se contrajeron 52%
las reservas de pasajes en avión hacia Chile
3.- Las reservas con destino a Brasil se
precipitaron 31%
4.- Los shopping de Santiago de
Chile reportan desplome del 75% en la presencia de argentinos en
sus antes tan transitados locales
Todos estos son datos que redundarán en una caída formidable del déficit
de cuenta corriente. No obstante, en el Gobierno aspiran a que el equilibrio no
solamente sea producto de la menor cantidad de dólares que salen, sino que
además empiece a notarse una aceleración en el ingreso de divisas.
Las esperanzas para ello están puestas en el repunte de las
exportaciones agrícolas que se empezarán a ver en los próximos meses. Ya con el
capítulo cerrado de la sequía que vapuleó la actividad durante 2018, se proyectan
mayores niveles de producción en el campo.
Para los funcionarios, este incipiente giro en el
mercado cambiario se convierte en el primer paso sólido para ilusionarse con
una estabilización duradera. Dicho de otro modo: si continuaba abierto el
canal de fuga, lo más probable es que la cotización del dólar siguiera espiralizándose.
En todo caso, de aquí en adelante comenzará otra discusión: de qué
manera y en cuánto tiempo la economía logrará su equilibrio para luego volver a
crecer.
Para todos está más que claro que con las actuales tasas es imposible
producir y reactivar, pero también se sabe que para hacerlo se necesitan
divisas: hay que importar insumos y productos que demandan las industrias
cuando están en fase de expansión.
El círculo virtuoso aparece con tipos de interés más bajos. Pero
Sandleris ya dejó en claro que la prioridad pasa por consolidar el delicado
equilibrio logrado en las últimas tres semanas. Cualquier paso en falso
dispararía, otra vez, la ola dolarizadora y ya sería muy difícil de contener.
Con estos números más cerrados de la cuenta corriente
y un billete más estable (asegurado también por las elevadas tasas), el
Ejecutivo aguarda una pronta desaceleración de los precios.
Ya lo mencionó Dujovne durante el Coloquio de IDEA: la inflación
mostrará signos más aceptables a partir de noviembre.
La hoja de ruta oficial, por ahora, luce muy modesta. No va más allá de
reafirmar este equilibrio. “Esto es día a día, semana a semana, mes tras mes”,
dijo Sandleris en público. Con tono dramático, su mensaje pareció sincero.
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