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Una de las tantas
consecuencias de la devaluación es la caída del salario real en dólares y,
junto a él, el de las distintas cargas asociadas (impuestos, aportes
previsionales, entre otras). Esto significa, al mismo tiempo, una pérdida de
poder adquisitivo para los trabajadores y una importante rebaja del costo
laboral en moneda extranjera para las empresas. Según un informe que publicó
ayer Abeceb, con el salto del dólar, Argentina redujo su costo laboral 50%.
¿Preparamos los paraguas para la lluvia de inversiones? No tan rápido. Los
analistas señalan que hay otros factores que afectan la competitividad.
Ranking
Por el escalada del 110% del
tipo de cambio, el país en un año abandonó la última posición y escaló diez
puestos en el ranking de Costo Laboral Unitario Global de Manufacturas (CLU)
que elabora la consultora fundada por Dante Sica. Así, en 2018 se ubica 15°
entre 25 países representativos. Un proceso similar, aunque en menor medida,
vivió Brasil a causa de la depreciación del real.
A contramano, los países de la
eurozona y algunos de Europa oriental, como República Checa y Polonia, tuvieron
una apreciación de sus monedas en el último año.
Entre los 25 países de la
muestra, Taiwán es el más competitivo en costos manufactureros, seguido por
Indonesia, México, Tailandia y China (ver gráfico). Mientras que los últimos
puestos los ocupan Francia, Brasil, Italia, Suiza y Australia.
La gran pregunta es si esta
competitividad ganada será un incentivo para la llegada de inversiones
productivas. Alberto Schuster, director de la Unidad de Competitividad de
Abeceb, explicó que “tanto Argentina como Brasil siguen siendo países con una
estructura de costos elevada y, a la vez, poco productivos, aun cuando los
costos laborales hayan disminuido 50% en dólares respecto al promedio del año pasado”.
En ese sentido, el informe afirma que existe una correlación estructural entre
la competitividad de un país y su nivel de productividad: “Un país es más
productivo que otro cuando mediante la combinación de factores de capital,
trabajo y eficiencia en el uso de esos factores obtiene, por unidad de trabajo,
un mayor producto”.
Schuster sostuvo, además, que
en el caso argentino la mejora en el ranking debe ser considerada como
temporaria hasta que se establezca una nueva relación entre tipo de cambio y
costos salariales.
Consultado por El
Economista, Martín Alfie (Radar) consideró que “es difícil que Argentina
atraiga inversiones por una baja temporal en los costos laborales. Puede haber
algún sector, pero Argentina no se inserta en el mundo como una plataforma de
exportación regional o global con salarios bajos, como hacen México o algunos
países del sudeste asiático”. Y planteó que la inestabilidad macroeconómica, la
volatilidad cambiaria, las malas condiciones financieras y todo lo que está
asociado a la corrida compensa el mayor rédito vía caída del salario en
dólares.
Por su parte, Schuster dijo
que el camino hacia una economía competitiva e integrada al mundo es largo y
deben superarse los problemas estructurales del país. ¿Qué cambios propone? En
línea con los reclamos del empresariado, habló de la necesidad de avanzar en
una reforma laboral (algo fuertemente resistido por los sindicatos por la
pérdida de derechos que implicaría) como “una de las prioridades para reducir
costos ineficientes, mejorar la productividad y atacar la elevadísima tasa de
informalidad que actualmente deja a más del 30% de los trabajadores en una
situación de vulnerabilidad”. También afirmó que debe jerarquizarse la
infraestructura, poner los insumos energéticos a costos competitivos y tener
tasas de interés, un mercado de capitales y una estructura impositiva razonable
que permitan profundizar la integración al mundo.
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