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Por Pablo Wende - A todo o nada. El
plan que puso en marcha el Gobierno puede llevarlo a ganar las elecciones el
año que viene, si sale de acuerdo con lo planeado. Y si no se da el
resultado económico podría ser desastroso, tirando por la borda cualquier
chance de continuidad. Este segundo escenario incluye descontrol cambiario,
espiralización de la inflación y una caída mucho más pronunciada de la
economía.
El dato que alienta al oficialismo es que aun a pesar de un 2018
desastroso en materia económica, Mauricio Macri igual mantiene una
intención de voto que no baja del 30%. Se apunta por lo tanto a un grupo muy
grande de indecisos que a priori no está dispuesto a votar por el kirchnerismo.
Y que podría volcarse al Gobierno si demuestra cintura para salir una vez más
de una situación crítica. Tal como sucedió en 2017 previo a las elecciones
legislativas. La confianza del equipo económico sobre el resultado favorable
del nuevo programa es gigantesca. Muchos podrían considerarle exagerada y hasta
voluntarista. Es imposible saber a esta altura si todo sucederá como lo
imaginan.
En la carta de intención que firman el ministro de Hacienda, Nicolás
Dujovne, y el titular del Central, Guido Sandleris, se afirma que la
economía argentina tendrá una recuperación que dibujará una "V", es
decir muy súbita a partir del segundo trimestre del año que viene. A tal punto
que en el último trimestre del 2019 el crecimiento respecto al mismo período de
este año llegaría al 8,5% interanual. Ese megarepunte coincidiría justo
con las elecciones presidenciales.
Dicho diagnóstico es muy distinto al que buena parte de la oposición
planteó durante el debate del Presupuesto 2019 en Diputados. La gran mayoria de
los oradores planteó que se trata de un programa de ajuste salvaje, que
impedirá que la economía argentina vuelva a crecer. El escenario oficial es
completamente distinto.
Para el FMI, el plan fiscal es "muy ambicioso"
El staff técnico reconoció que el ajuste fiscal comprometido por el
Gobierno es "muy ambicioso". Y aporta un dato sorprendente. De todos los
países que tuvieron un programa de financiamiento con el organismo, el actual
plantea una reducción del déficit fiscal que lo ubica entre el 5% más duro de
toda la historia del organismo. En otras palabras, existen pocos casos en
la historia moderna en el que se haya planteado una disminución del rojo de las
cuentas públicas tan rápido: 3,2 puntos porcentuales del PBI en apenas dos años
para llegar al equilibrio fiscal primario. Cumplirlo será una meta muy
desafiante.
La gran apuesta es por lo tanto la reducción del déficit. Esa menor
necesidad de endeudamiento, el programa de emisión monetaria cero del Banco
Central y el desembolso de USD 24.000 millones que el FMI comprometió hasta
marzo constituyen otra de las patas clave del programa. Con estos componentes,
la apuesta es que el dólar se mantenga tranquilo en los próximos meses. En
octubre se logró, pero será necesario mantener esa estabilidad varios meses
más.
El reporte del Fondo divulgado el viernes indica que el atraso cambiario
que el propio organismo había advertido en el "artículo IV" conocido
a fines de diciembre quedó atrás. Pero advierte que ahora el tipo de
cambio está sobrevaluado. "Esperamos que al menos un 85% de esta
sobrevaluación quede atrás entre septiembre de 2018 y diciembre de 2019".
Aunque no menciona un "target" concreto para el dólar, está claro que
plantea que el tipo de cambio se irá atrasando en relación a la inflación desde
ahora hasta fines del año próximo.
La recuperación del poder adquisitivo
El Central consiguió calmar al dólar en este último mes en base a un
fuerte aumento de las tasas de interés. Pero el propio Sandleris planteó en la
última semana que en la medida que la inflación dé señales concretas de
descenso en noviembre y diciembre, esas tasas también comenzarán a bajar.
La reducción de la inflación es la otra condición necesaria para que se
cumpla el pronóstico de recuperación en "V" de Dujovne. Si bien el
índice de octubre estará cerca del 5%, los datos de la segunda quincena
muestran un menor ritmo de remarcación de precios y permite avizorar un
noviembre mucho más calmo. En la medida que la inflación baje, será más
factible que los salarios recuperen en 2019 parte del terreno perdido este año.
Y eso también le daría impulso a la esperada reactivación. Las proyecciones del
FMI indican que podría pasarse de una inflación superior al 40% este año a
menos del 25% el próximo.
Si se da el escenario "base" que imaginan el Gobierno y el
FMI, mejoraría la confianza de los mercados, junto con una mejora del precio de
los bonos en dólares y un aumento de la demanda de dinero. A eso apuntaba el
primer acuerdo pero fracasó. Esta segunda vuelta incluye condiciones mucho más
duras para la Argentina pero también desembolsos más contundentes que alejarían
las dudas sobre la capacidad de pago de la Argentina, al menos hasta el 2020.
El 2019 serán, dentro de este planteo, dos años en uno. En el primer
trimestre continuaría la caída observada en esta última parte del 2018. Pero a
partir de abril, confiando en una favorable cosecha de soja, empezaría una
reactivación que se volverá aún más fuerte a partir de mediados de año, de la
mano de una recuperación del consumo. El mejor momento llegaría hacia fines del
2019, al mismo tiempo de las elecciones. La apuesta es otra vez a un salvador
"segundo semestre". Ahora de la mano del FMI.
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