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Por Claudio Zlotnik - El Fondo Monetario Internacional se opone a
que el Banco Central intervenga en el mercado comprando dólares en caso de que
la cotización continúe a la baja, toque la banda inferior y se meta en la
denominada “zona de intervención”.
Esa postura fue explicitada en las últimas horas
por el economista jefe del FMI, Roberto Cardarelli, a
las autoridades del BCRA. El mensaje fue directo, sin fisuras: “Sería una
intervención prematura para que la Argentina expanda la cantidad de dinero”, planteó
Cardarelli, según pudo saber iProfesional de fuentes confiables.
La posición oficial del FMI se choca contra la pretensión del Gobierno
argentino, que ya dejó trascender que intervendría en el mercado si el dólar llega a la
banda inferior. Y deja expuesta la férrea visión del Fondo sobre la crisis
local, y que la receta (ortodoxa) del organismo para estabilizarla no varía
demasiado respecto de las que ha diseñado en el pasado, más allá de los
planteos públicos.
Para el staff del FMI, la única manera de
garantizar la estabilidad es a la vieja usanza: manteniendo tasas de interés
reales elevadas en el tiempo, que sequen la plaza monetaria y reduzcan al
mínimo el riesgo de una salida de capitales y la depreciación de la moneda.
El último viernes, el billete verde alcanzó a
$35,49 en el segmento mayorista, que es donde interviene el Banco Central. El
lunes, cuando abra el mercado, el piso de la banda se ubicará en $35,10. Quiere
decir que si la cotización cae 39 centavos ese día, la autoridad monetaria
podría salir a comprar divisas.
Es lo que dejaron trascender tanto Sandleris como su vice, Gustavo
Cañonero. Que en caso de que eso suceda -algo de lo que están muy confiados-,
el BCRA saldrá a comprar dólares con el doble objetivo de sostener la
cotización y de lubricar la economía, que sufre la recesión en medio del
apretón monetario.
El FMI, no obstante, no
quiere correr ningún riesgo. Lo dejó asentado el propio Cardarelli, en diálogos
que mantuvo con funcionarios argentinos y con economistas del sector
privado. “La estabilidad no está asegurada.
Es algo que se está logrando y estamos en medio de ese proceso”, insistió el
economista italiano a sus interlocutores.
El último acuerdo firmado por la Argentina y el FMI postula dos cosas
muy concretas sobre la posible intervención del Banco Central, ya sea vendiendo
si la cotización se fuera por encima de la banda o comprando para las reservas
si cayera a la banda de abajo, que es lo que se discute ahora:
“El BCRA tendría la opción (pero
no un compromiso) de anunciar una subasta para comprar o vender hasta u$s150
millones por día”. Es decir, no hay ninguna obligación de intervenir. Es una
opción.
“El Banco Central se compromete a garantizar que todas las compras (de divisas) no se esterilicen, lo
que resultaría en una expansión monetaria”.
Justamente, es a esto último a lo que se opone el Fondo. Al menos en
este momento. En palabras de Cardarelli, “parece prematuro” hacerlo. Antes, el
organismo se quiere asegurar de que el plan funcione.
Un plan, justamente, que fue pergeñado con una dureza monetaria pocas
veces vista en la Argentina. Las elevadas tasas de interés y la “emisión cero”
le quitaron toda la fuerza a la ola especulativa que había llevado al tipo de
cambio hasta los $41 hace apenas un mes.
El modelo de emergencia fue diseñado por el Gobierno y el FMI para evitar la
espiralización de la crisis. Hasta hace un mes, nadie podía apostar por el
final de la crisis cambiaria. Hoy en día, la situación cambió.
En el equipo económico creen que la “Fase A” del
plan terminó. La estabilización cambiaria, con el desarme de las Lebac. Nada
menos. A lo que habría que sumarle lo que se potenció en las últimas jornadas:
empresas -pymes y grandes, pero sobre todo estas últimas- vendiendo dólares en
el mercado.
Se trata de un escenario hasta hace algunas semanas, por lo menos,
improbable, a juzgar por la mayoría de las consultoras de la City. Le daban más
chances a que el dólar testeara el
techo de la banda y menos a que la cotización se deslizara hacia el piso. Pero
es lo que ahora está sucediendo.
Y la pregunta que se instaló en el mercado fue concreta: qué hará
Sandleris cuando el dólar caiga a ese
valor, que se sitúa algunos centavos por encima de los $35.
Si se cumplen las expectativas del Gobierno, y también de la City, es
muy probable que en las próximas jornadas el dólar caiga al piso
de la banda y el BCRA decida si interviene o si, por el contrario, se maneja
con la posición conservadora de los técnicos del FMI.
Los motivos de cada uno
Para el staff del Fondo Monetario, la única prioridad pasa por la
estabilización, la baja de la inflación y que la Argentina asegure el repago de
su deuda.
En ese contexto, los técnicos no son sensibles a las necesidades de
rápido crecimiento que pueda tener la actividad económica. La preferencia está
clara: el tipo de cambio debe quedar donde lo ubiquen las fuerzas del
“mercado”. En un contexto de altas tasas de interés reales.
Para el Fondo -y así quedó expresado en el último
acuerdo con la Argentina- uno de los ejemplos a observar es la resolución de la
crisis mexicana de 1994-1995. Durante el Tequila, el organismo aplicó una dura
política monetaria, que sostuvo a las tasas de interés en niveles elevados a lo
largo de un año.
Esa dureza, en la perspectiva de Washington, fue la que permitió
estabilizar el mercado cambiario y, a nueve meses del estallido de la crisis,
lograr los primeros “brotes verdes”. Para 1996, al año siguiente del terremoto
económico, México ya pudo mostrar crecimiento de su PBI.
El último informe de la Fundación Mediterránea parece darle la razón a
la estrategia del organismo: “Si bien en las últimas semanas el mercado
cambiario se ha estabilizado y el peso se ha apreciado, esto ha ocurrido más
por la suba de las tasas de interés que por el aplacamiento de las expectativas
de devaluación”, escribió el economista Gustavo Reyes, a cargo del editorial
del reporte.
Según la consultora, las tasas de interés -que
ahora rondan el 68% anual- podrían caer al 32% anual recién a finales del
próximo año. Reyes imagina ese proceso así:
Asumiendo que los riesgos del actual plan se atenúan en el tiempo y de
acuerdo a las proyecciones del FMI para el nuevo
programa económico, las actuales tasas de interés en pesos (cercanas al 70%
anual) no bajarían demasiado hasta fines de año y luego, a partir de principios
del 2019, se reducirían gradualmente para llegar al 32% anual a fin del año
próximo”.
Es decir, y tal cual también lo pergeñó el Fondo, Mauricio Macri estaría
obligado a hacer campaña electoral con un costo del dinero que seguirá ahogando
la actividad económica y a las empresas.
Está claro, también, que ese camino estará lleno de tensiones. Así como
ahora, el Gobierno ya planteó su deseo de comprar dólares en el mercado para
lubricar la actividad y avanzar en la baja de las tasas, se presume que esa
idea se potenciará durante el año electoral.
El riesgo de la dureza monetaria está claro: que el
tipo de cambio continúe su ritmo de apreciación.
El último reporte de la consultora LCG (fundada por Martín Lousteau) le
pone números a esa tendencia y a ese peligro: "La apreciación nominal del
último mes y la aceleración inflacionaria erosionaron casi 40% de la mejora de
competitividad alcanzada por el ajuste del tipo de cambio desde fines de abril:
el tipo de cambio real multilateral pasó de un mínimo de 1,29 (25-abr) a un
máximo de 2,05 (30-sep) y hoy (1-nov) se ubica en 1,73”.
La consultora MacroView (Melconian & Santángelo) también realizó un
ejercicio comparativo.
Para esa consultora, los $36,60 del cierre del
último viernes dejan en claro que el colchón se erosionó con la baja del tipo
de cambio combinado con la elevada inflación.
Durante los primeros dos años de Macri en el poder, el dólar (traído a
precios de hoy) estaría en $25,90. Pero advierten que ya está cerca de los
$32,40 que (a valores de hoy) estuvo el “dólar CFK antes del
cepo), entre 2007 y 2011.
Para tener otra idea: el precio del dólar en la era de
Néstor Kirchner (2003-2007) hay que buscarlo en torno a $46,40. Diez pesos por
encima del valor actual.
Ahí están planteados algunos de los riesgos del camino tomado de la mano
del FMI.
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