Por
Alejandro A. Tagliavini - De la reunión de la Fed de esta semana no se esperan
novedades: una reafirmación de la política actual de paulatina suba hasta
alcanzar la "tasa neutra", hacia fines de 2019. Lo que sí puede
sorprender son las elecciones de medio término en EE.UU. Según las encuestas,
el Partido Republicano podría retener el Senado pero perder el control de la
Cámara Baja, lo que podría profundizar la reciente corrección de Wall Street
que -además de la guerra comercial y la desaceleración del crecimiento global-
ayudó a que octubre fuera el peor mes para las bolsas globales desde 2012.
El MSCI World cayó -8,5%, el Nasdaq -8,6%, el EuroStoxx -5,93%, el índice de
Shanghai casi -10% y el Shenzhen -12,2%. Por cierto, los mercados bursátiles
chinos, desde que se abrieron a los foráneos hace un año, recibieron más de u$s
122.500 millones, superando a la inversión extranjera directa total en 2018,
por u$s 91.800 millones. Para los emergentes, el mejor escenario sería que
ganen los demócratas ya que, además de morigerarse la guerra comercial, el bono
del Tesoro a 10 años podría caer unos 10 pb, y tocar un rendimiento del 2,8%.
Uno de los factores que va despertando dudas en Wall Street es que la economía
no estaría creciendo sanamente, sino inflada con endeudamiento. Durante el año
fiscal 2018 -finalizado el 30 de septiembre- Washington se endeudó en u$s 1,2
billones cuando el déficit fiscal del presupuesto fue de u$s 779.000 millones,
la diferencia radica en gastos extrapresupuestarios. O sea, que el déficit real
es un 50% superior al presupuestado. Y más preocupante es que el pago de u$s
325.000 millones por intereses ya explica el 40% del déficit y sube.
Entretanto, el Merval sufre más que la media global, demostrando una caída en
la inversión productiva a favor de la bicicleta, el "carry trade". El
plan para desarmar el stock de Lebac llevó a un aumento del 100% en la cartera
de títulos públicos en los bancos entre enero y agosto -y se acelera- ya que
los utilizan para integrar los aumentos de encajes.
Así, aumenta el crowding out, es decir, el financiamiento al sector privado cae
en favor de esta bicicleta del BCRA con tasas de casi 70%. El crédito en pesos
a los privados cayó en un récord de $22.721 millones en la era Sandleris. Y, a
pesar del optimismo del BCRA, desarmar ese stock en manos de los bancos podría
generar un déficit cuasifiscal de 5 o 6 puntos del PBI, o más según cae la
economía.
Ahora, pese a que el BCRA forzó al dólar e incluso la tasa de referencia a la
baja, queda lo más preocupante: el riesgo-país muy alto que, sumando a un
aumento de la tasa en EE.UU., complicará enormemente el financiamiento
"más allá del FMI". Hoy, la ratio de deuda del gobierno sobre PBI
ronda el 80% y podría superar el 100% a fines de año, según evolucione el
dólar. Así, el pago de intereses que en 2017 fue del 2% del PBI, superaría el
3% en 2018 y más de 4% en 2019 -optimistamente- lo que genera incertidumbre
respecto a la sostenibilidad. Los bonos no suben lo que deberían, y la curva de
los bonos medios y largos muestra que todavía existe incertidumbre.
Según Economía & Regiones, para evitar un default es necesario un superávit
primario de 3%, cuando Dujovne planea un 1% para 2020, y esto suponiendo que la
economía no caiga fuerte como parece que ocurrirá. Con lo que quedará claro que
el plan del FMI -al financiar esta economía inviable en lugar de dejar que
quiebre y se reconvierta- fue contraproducente. Peor, según Ecolatina ni el
déficit cero en 2019 se logrará, sino que rondaría el 0,5%.
Para remate, el círculo vicioso en el que han entrado va camino de convertirse
en una bola de nieve. El BCRA se comprometió con el FMI a sostener la tasa de
Leliq encima de 60% hasta que las expectativas de inflación reportadas en el
REM hayan declinado durante dos meses lo que se cumplió la semana pasada, pero
el BCRA no la bajaría de 60%. El FMI pretende que se sostengan las tasas reales
elevadas en el tiempo, que sequen la plaza monetaria y reduzcan el riesgo de
una "salida de capitales" y la depreciación del peso. Por cierto, se
refiere a la salida de los "golondrina" que son los únicos que
entran, por el "carry trade".
Ahora, si el dólar perfora el piso de la banda hoy en $35,10, el BCRA podría
comprar divisas, según insinuaron y, si sucede, compraría con el doble objetivo
de sostener la cotización y aceitar la economía, en recesión: "El BCRA se
compromete a garantizar que las compras no se esterilicen, lo que resultaría en
una expansión monetaria". O sea, más inflación, con dólar abaratado y
tasas astronómicas.
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland,
California.
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