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| Los tres talones de Aquiles de la economía |
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| Texto informativo:
08/11 - 08:47 Ambito Financiero |
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Por Walter Graziano - Recientemente, el nuevo presidente del Banco
Central, Guido Sandleris, salió a declarar que aspira a que no se hable del
Banco Central. Todo un contrasentido que sería gracioso si no fuera por el
hecho de que la situación en el mercado financiero dista centenas de kilómetros
de ser normal. La cuestión es que si de contrasentidos se trata, no hay ninguno
peor que salir a anunciar ahora -como también lo hizo- que el sistema de bandas
móviles de flotación con zonas de intervención y de no intervención va a
mantenerse en 2019 con un ritmo devaluatorio probablemente inferior al
actual.
La transitoria calma en el dólar, a un costo de tasa interbancaria del 6%
mensual y de tasas activas que pagan empresas y particulares de entre 7% y 10%
mensual, parece haber generado la fantasía en los funcionarios de que la
situación está bajo control cuando en realidad lo que hay es un descontrol
total en los rendimientos financieros que mantiene maniatado, quién sabe hasta
cuándo, al dólar. Y si el plazo es impreciso, es porque si bien la demanda de
dinero de diciembre refleja usualmente un incremento muy importante de su parte
estacional, esta se revierte por entero en los primeros meses del año
calendario. Diciembre suele ser una tómbola en lo que se refiere al valor del
dólar. Se han registrado diciembres de agudas bajas y también hubo diciembres
de fuertes alzas. Saberlo por anticipado no es fácil excepto cuando impera un
alto grado de retraso cambiario que incentiva una suba estacional de viajes al
exterior. Como ese no es el caso de 2018, se mantiene el enigma de cuál
diciembre viviremos en cuanto a valor de dólar y de tasas.
Pero volvamos a las declaraciones de Guido Sandleris. El presidente del BCRA
parece ignorar que la cantidad de dinero que hay en la economía ronda los
u$s100.000 millones en pesos, sin contar los depósitos en dólares, sólo tomando
el segmento de pesos. Lejos, muy lejos está la cantidad de moneda de haber sido
licuada por la fuerte devaluación debido, principalmente, a dos factores: en
primer lugar, la masa monetaria en pesos total había llegado en su pico máximo
con Federico Sturzenegger a la exorbitante suma del equivalente de u$s150.000
millones. En segundo lugar, las tasas de interés fueron altas durante todo
2018. Eso hace que la cantidad de dinero actual en la economía sea
prácticamente igual al máximo que se tocó en la era de la convertibilidad. O
sea, no estamos actualmente viviendo una escasez de pesos, sino todo lo
contrario. Su carestía es artificial y se origina sólo en la toma de crédito
por parte del Banco Central. Esto ya nos habla a las claras de uno de los
talones de Aquiles del plan: las enormes dificultades que van a tener una parte
creciente de los deudores para poder honrar las deudas a su vencimiento, sean
estas en dólares o en pesos. Las deudas en dólares subieron cerca de 100% en lo
que va del año. Y las de pesos se vienen devengando ahora a ritmo totalmente
desenfrenado. Hay cerca de 1,7 billones de pesos de crédito bancario otorgado
al sector privado, lo que representa 44.400 millones de dólares: un monto muy
alto en relación con épocas pasadas que marca el grado de deterioro que van a
sufrir los indicadores de liquidez y solvencia en caso de persistir estos
rendimientos. El único que va a poder pagar fácilmente sus deudas es el Banco
Central, que puede pagar las Leliq con más Leliq todo lo que quiera, lo que
explica el sorprendente conformismo de Sandleris con la actual situación.
Pero una empresa o un particular no van a poder saldar fácilmente sus deudas.
Apenas un mes y pico después de haber sido inaugurado este esquema ya hay
sonoros nombres de importantes empresas en convocatoria o a un paso y muchos
más son los rumores de deudores en graves aprietos. No hace falta que la
solvencia se deteriore a grados exagerados para que el barco haga agua de
manera importante. Basta con que la iliquidez haga imposibles algunos pagos
para que las entidades financieras generen la obligación de que el BCRA tenga
que emitir considerables cantidades de fondos para auxiliar a bancos en
problemas. Diciembre es un mes candidato a que esto ocurra.
El segundo talón de Aquiles es la posibilidad cierta de que la recaudación
tributaria comience a no alcanzar para pagar el gasto público mensual. Hasta
ahora esto no ha ocurrido, lo que hubiera significado la inviabilidad de seguir
con el actual esquema sin agudas nuevas presiones sobre el dólar. Pero es muy
posible que ello sí ocurra en 2019 dado que varias partidas del gasto público
sufrirán bruscas alzas: las jubilaciones se incrementarán con un ajuste en
función de la inflación de este año, los salarios en el sector público deberán
recuperar una parte del terreno perdido y el valor en pesos ( y en dólares) de
los intereses de la deuda pública sufrirá también importantes alzas. Por el lado
de los ingresos, cualquier baja adicional en la actividad económica impactará
en el cobro de impuestos directos e indirectos.
Esos son los dos grandes talones de Aquiles del plan. Un tercero se avecina:
las grandes dificultades para hacer un roll-over de la deuda tomada con el
sector privado a plazos que vayan más allá de las elecciones, lo que hará
necesario casi seguramente el uso de los recursos aportados por el FMI en forma
muy importante de aquí en más. Los mercados van a preguntarse entonces que es
lo queda para 2020 y la verdad es que lo que queda para ese año es una gran
incertidumbre que no se va a disipar de un momento para otro.
He aquí los tres grandes talones de Aquiles del plan. La transitoria
estabilidad del dólar es sólo una victoria pírrica al costo de una economía en
estado ruinoso. Crecientemente ruinoso como ya lo auguran los propios números
del Gobierno para el PBI -y más aún los del conservador FMI- de 2019. Flaco
favor le pueden hacer al país los funcionarios, Sandleris incluido por
supuesto, saliendo a hablar acerca del estado de situación en meses aún
lejanos. Lejanos a un costo de entre el 7% y 10% mensual para el sector
privado.
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