Por Claudio Zlotnik - En estas semanas previas al G20, la Argentina
vive una temporada alta de visitas de delegaciones de inversores extranjeros que llegan para
saber, de primera mano, el funcionamiento del plan de estabilización puesto en
marcha por Mauricio Macri.
Es una ola que seguirá un par de semanas más. Con el festejo del "Thanksgiving"
(Día de Acción de Gracias), Wall Street da por terminado el año. Durante
diciembre, los bancos reparten los "bonus" entre sus analistas
estrellas y llega el momento de festejar.
Las misiones de financistas que llegan a la Argentina tienen, como
prioridad, llevarse un mapa de la actualidad política, en medio del plan de
ajuste acordado con el FMI.
Ya con la mente puesta en lo que viene, la
conclusión de la mayoría de esos operadores -representantes de los fondos de
inversión americanos, europeos y chinos más fuertes- es que todavía no es
momento para comprar bonos locales. Más bien al contrario, muchos se van con
ánimo vendedor.
Cierto es que algunos de esos fondos de inversiones extranjeros vienen
de pegarse un porrazo muy fuerte por sus inversiones en el país. La devaluación
los tomó por sorpresa, como a la mayoría de los argentinos.
Y ahora, sin la perspectiva de más tensiones cambiarias en el corto
plazo y con las elecciones presidenciales a menos de un año, la mirada está
focalizada sobre el escenario político. Hay preguntas que se repiten en todas
las reuniones: ¿Será Cristina Kirchner candidata? ¿Quién va a ser el Presidente
hasta 2023? ¿Podrá pagar la deuda?
A los financistas no les alcanzan las respuestas
técnicas. Por eso ampliaron el espectro: ya no sólo se los ve por los pasillos
de los Ministerios o del Banco Central. Consiguen audiencias con
funcionarios clave del área política del Gobierno y también van a escuchar a
los líderes de la oposición. Hasta les piden reuniones a los representantes
gremiales con más "rating".
La grieta
Como si se tratara de souvenirs sobre la Argentina, apenas bajan del
avión los inversores reciben las últimas encuestas
de las consultoras más respetadas. La última semana hubo un par que llamaron la
atención:
Una realizada por Aresco -la encuestadora de Julio Aurelio- que da
empatada en imagen negativa a Mauricio Macri y a Cristina Kirchner, en 58%. Lo
mismo ocurre con la imagen positiva (39% de Macri versus 38% de Cristina).
La otra pertenece a Elypsis, fundada por Eduardo Levy Yeyati y
actualmente manejada por el exsubsecretario de Programación Económica Luciano
Cohan. La misma destaca que, en una hipotética segunda vuelta electoral, Macri
le ganaría a CFK por 41,6% contra 41,2%. Un perfecto empate.
Al día de hoy, la moneda está en el aire. Y este escenario genera temor
entre los financistas.
Uno de los funcionarios clave de este Gobierno, con
despacho en el primer piso de la Casa Rosada, intentó calmar a las delegaciones
de Wall Street que recibió: "Mauricio va a ser reelecto en primera
vuelta", vaticinó.
Los inversores se sorprendieron por su
optimismo. Por pudor, no quisieron preguntar cuál era la fuente de su
predicción.
Otro funcionario de primer nivel -con despacho en el Palacio de
Hacienda- aportó un elemento adicional tranquilizador a los oídos de los
inversionistas: "A (Carlos) Menem lo reelegieron en primera vuelta con el
49,9% de los votos, en plena recesión. Acá
puede pasar lo mismo".
En la línea argumentativa oficial, en aquel momento (como en este)
existe un programa de gobierno sólido con proyección.
Una lectura que, más allá de la lógica polémica por el paralelismo entre
un escenario y otro (en la recesión del ‘95 Menem venía de seis años de mandato
en los cuales pudo mostrar más éxitos que fracasos, tantos económicos como
políticos), permite avizorar que el
Gobierno hará esfuerzos por tener a mano un "relato" para lo que
viene.
Miedo al "revisionismo" financiero
No obstante, el común denominador de las últimas visitas de inversores extranjeros tuvo una mayor
dosis de factores preocupantes que de elementos para confiar.
El dato más sensible lo puso sobre la mesa uno de los economistas
referentes de la oposición. En su exposición dijo directamente que, en caso de
ganar el peronismo las elecciones del año que viene, habrá una revisión
integral de la deuda.
"Los vencimientos sin impagables. Nos acabamos
de endeudar por casi u$s60.000 millones a tres años de plazo. Y tenemos
compromisos en dólares de mediano plazo, con devengamiento de intereses",
alertó.
La advertencia provocó escozor entre los asistentes. No porque
desconocieran el peso de la deuda argentina. Al contrario, quienes
bajan del avión en Ezeiza tienen los números al día.
Para ellos, la novedad fue que un referente del
justicialismo "no K" planteara en vivo y en directo una segura
reestructuración de la deuda a partir de 2020. "Hay
que ser realistas, no podemos caer de nuevo en default. Tenemos que pensar en
una solución amigable con el mercado", argumentó.
Los inversores no salían del asombro. Tanto,
que varios de ellos se atrevieron a sugerir que les había parecido más
"conservador" el discurso del líder gremialista que acababan de escuchar
en la reunión del día anterior.
Ese sindicalista -después de repasar la pérdida de poder adquisitivo que
los asalariados absorberán este año- planteó dos cosas: que no espera un desborde social en diciembre y que el
sector sindical se prepara para un 2019 con reclamos de aumentos por encima del
30%.
A los inversores les pareció lógico ese
escenario, en el marco de un fuerte quebranto de los ingresos reales post
devaluación.
Llamativo, los hombres y mujeres de Wall Street sintieron más afinidad
con ese discurso, al que notaron más realista que el desplegado por algunos
consultores económicos de la City, que pintaron un escenario más optimista (que
el del sindicalista) para el año que viene.
Otro economista -ex funcionario durante el menemismo- pronosticó que la
actividad económica volvería a despegar para antes de los comicios
presidenciales. Y que esa mejora sería advertida por los votantes ya que
incluiría un repunte del consumo. Se trata de un esquema que, por ahora,
descarta el propio Fondo Monetario. Los técnicos del organismos prevén una
caída de 4% en el nivel de compras para el próximo ejercicio.
El escenario trazado por el consultor es parecido al que los inversores escucharon de los funcionarios
del equipo económico.
Uno de ellos le preguntó a su interlocutor: "¿Cómo usted y el Gobierno pueden predecir cómo
vendrá el crecimiento de acá a seis u ocho meses si cuando consultamos qué
pasará con la tasa de interés en el corto plazo nadie puede preverla con
exactitud?”
El financista de Wall Street había puesto el dedo en la llaga y no tuvo
una respuesta más convincente.
Desde el equipo económico se barajó un esquema muy similar al que los
funcionarios hacen en público: un crecimiento que se empezaría a notar hacia el
segundo trimestre de 2019, de la mano de la mejor cosecha y después de un
primer trimestre con un turismo interno mucho más activo por el salto del
dólar.
"El salario real tocará un piso entre enero y febrero, y a partir
de allí notaremos una reacción por la sensible desaceleración de la inflación y
la llegada de salarios mejorados", comentaron en el Banco Central. "La economía nos dará
sorpresas", añadieron.
Una vez en el ascensor de salida del edificio, uno
de los visitantes se atrevió a dar una mirada crítica: "Parece que en el
Gobierno hay una construcción lógica pero con poca sustancia
técnica". Compartió esta apreciación con los otros colegas.
Para los inversores, al discurso oficial le falta ponderar
un hecho insoslayable: las elecciones 2019 con Cristina Kirchner en el
escenario y con chances de volver al poder. Al menos, ese es el panorama al día
de hoy.
Si este marco se extendiera hacia el inicio de 2019, muy probablemente
tendrá impacto negativo sobre el mercado financiero argentino. "¿Qué pasará con el tipo de cambio si esto sigue así?
Tiene más chances de moverse que de mantenerse quieto", sostiene uno de
los analistas.
Así transcurren las delegaciones de inversores de Wall Street. Con más ganas
de esperar para ver qué ocurre en el plano político que a tomar mayores riesgos
apostando por Argentina.
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