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Por Juan Manuel Barca - Por medio
de un único decreto, que se publicará en las próximas horas, el Gobierno
dipuso finalmente un bono de $5.000 en dos tramos y un sistema de preaviso ante
las autoridades para los despidos sin causa.
Esas medidas que integran un paquete más amplio de beneficios destinados
también a jubilados y beneficiarios de planes sociales fue el precio que tuvo
que pagar ayer el macrismo para desactivar la quinta huelga general programada
por la CGT, una medida que amenazaba con empañar la cumbre del G20 y
enturbiar el clima social en vísperas de diciembre.
La tregua alcanzada fue fruto de las negociaciones que mantuvieron ayer
hasta altas horas de la noche funcionarios del Ministerio de Producción y
Trabajo, a cargo de Dante Sica, con los representntes legales de la CGT ante el malestar del sector empresario. Las gestiones
se dieron en paralelo a la reunión del consejo directivo de la central obrera,
que tras un extendido debate decidió en forma mayoritaria hizar la bandera
blanca. Una imagen que contrastó con el enojo de las cámaras privadas, en donde
consideraron “excesivas” las medidas en un contexto de recesión.
“La UIA no lo aceptó, se retiró de la mesa, cuando
vio que era inevitable”, dijo aiProfesional un abogado de la central
obrera.
El decreto de necesidad y urgencia (DNU) que se conocerá en
las próximas horas contempla en su primer capítulo el pago de una asignación no
remunerativa en dos cuotas de $2.500, una a pagar en diciembre y otra en enero,
para 6 millones de trabajadores del sector privado, con el objetivo de
compensar la pérdida de poder adquisitivo de los salarios que según datos
oficiales ya supera el 6% en el año.
La disposición establece además un proporcional para los asalariados de
jornada reducida y la adecuación de los plazos y montos en aquellas actividades
en “crisis” o “declinación productiva”.
En cambio, quedaron excluidos unos 320.000
trabajadores agrarios y 500.000 empleadas de casas particulares que deberán
discutirlo en el marco de sus regímenes laborales específicos.
Tampoco fueron alcanzados 3 millones de empleados
públicos.
Si bien habrá negociaciones en el ámbito de la administración nacional
para replicar el beneficio a los ocupados del sector privado, será más
complicado en las provincias y municipios, donde algunos gobernadores e
intendentes ya hicieron saber que no hay presupuesto para un esfuerzo
adicional.
Uno de los puntos más discutidos del DNU es aquel que permite enganchar
el bono a las paritarias. Los empresarios reclamaban que el mismo pueda ser
compensado por los incrementos pactados en la revisión de los acuerdos o fuese
a cuenta de futuros incrementos. Pero el texto firmado prevé que deberá
acordarse en el marco de las paritarias, una condición que fue celebrada por los hombres de
la CGT, ya que en práctica significa que las empresas deberán tener el
consentimiento del sindicato para que el monto de fin de año sea absorbido por
la negociación salarial.
En las últimas horas, como adelantó ayer iProfesional, la discusión
sobre la compensación de fin de año trabó las paritarias de la alimentación y
la industria metalúrgica, en donde los empresarios se resistían a
incorporar una suma adicional a las negociaciones.
“Ayer firmé un convenio por 37%, le di mucho más de lo que podía dar y
ahora quieren que les de cinco lucas, que son 3 o 4 puntos porcentuales más”,
se mostró indignado un miembro de la UIA. Mientras que en el rubro comercio,
las cámaras se vieron sorprendidas por el pedido de revisión que elevó el
gremio y en medio del debate del decreto.
El otro apartado que irritó al sector privado es el
capítulo tercero, en donde se fijó un procedimiento para dilatar los despidos
sin causa que estará vigente hasta el próximo 31 de marzo y que excluye a
la industria de la construcción. En concreto, los
empleadores deberán comunicar las cesantías con 10 días hábiles de
anticipación, un período que incluyendo los plazos de notificación podría
extenderse a tres semanas. Su incumplimiento será castigado con sanciones y el
Ministerio de Producción y Trabajo, a su vez, podrá convocar a las partes a
audiencias si lo desea.
Pese a que Macri negó en los últimos días que hubiera despidos
masivos, Sica explicó ayer a la prensa que se busca “un mecanismo de
flexibilidad para preservar el empleo por unos meses”.
La idea es que durante la activación del preaviso
empresas y sindicatos negocien alternativas al despido, que podrían incluir la reducción de salarios o la
jornada.
En ese sentido, el funcionario citó el ejemplo de la industria automotriz, donde las terminales iniciaron un
cronograma de suspensiones y retiros voluntarios por la caída de la producción,
y volvió a sugerir la necesidad de modificar los convenios laborales.
“En las suspensiones los trabajadores cobran en función de las horas que
trabajan, esa flexibilidad no está en muchos convenios, a lo mejor dialogando
podemos encontrar variantes, más en estos meses ante el impacto de la
desaceleración de la actividad”, dijo el ministro.
En su entorno anoche negaban que hubiera un distanciamiento del sector
empresario y, por el contrario, aseguraron que el decreto fue consensuado con ambas partes. Eso sí, en
medio de una de las jornadas más calientes que vivió el Gobierno en los últimos
meses, agitada por las protestas simultáneas de taxistas, movimientos sociales
y empleados de Aerolíneas. El jueves los gremios aeronáuticos paralizaron ayer
más de 200 vuelos en Aeroparque en reclamo de la aplicación del último tramo
del aumento -un 6,5%- correspondiente a agosto que llevaría el incremento del
2018 al 40%.
Las organizaciones territoriales, por otra parte, se reunieron el jueves
con la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, con el objetivo de
obtener un alivio para 4 millones de beneficiarios de planes sociales.
En la misma línea, la CGT junto al defensor de la tercera edad, Eugenio Semina,
avanzarán con las autoridades en un refuerzo a 4,5 millones de jubilados. Se trata del adelanto a enero del aumento previsto
para marzo y un bono extraordinario en diciembre de caracter alimentario,
de entre $3.000 y $5.000, que estará a cargo de los supermercados y será
deducible de impuestos. Así, explican, no se comprometerán las
metas de gasto público acordadas con el FMI.
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