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Por Andrés Sanguinetti -Las principales alimenticias
del país acumulan pérdidas millonarias que ya superan largamente los $10.000
millones. Y todo indica que esta cifra se incrementará aun más hacia el cierre
del año.
Se
trata de Mastellone, Arcor y Molinos, cuyos balances generales correspondientes
a los primeros nueve meses del 2018 evidencian las consecuencias que han tenido
en sus cuentas el freno de las ventas en el mercado doméstico y la fuerte suba del dólar registrada,
principalmente, entre abril y septiembre.
Es decir, la recesión y la devaluación, una combinación de hechos
negativos que le generaron a las tres principales empresas alimenticias de la
Argentina un agujero financiero de inciertas consecuencias.
De hecho, sumando los tres balances negativos, que ascienden a los
$10.541 millones, y calculando los nueve meses ya transcurridos, se concluye que vienen
registrando pérdidas por $1.171 millones por mes o, lo que es lo mismo, $39
millones cada 24 horas, en promedio.
Hace unos días se conocieron los estados de resultados de Mastellone, que
arrojaron una pérdida de $2.201 millones en el último trimestre y un acumulado
de $3.400 millones entre enero y septiembre pasados.
Luego fue el turno de Arcor, que también sintió en sus números el
escenario recesivo e inflacionario que atraviesa la Argentina e informó un rojo
de $6.247 millones en el mismo período y generado por iguales razones que la
empresa láctea dueña de la marca La Serenísima y en la cual el grupo cordobés
de la familia Pagani ya controla el 42,2% del capital accionario.
En cuanto a Molinos Río de la Plata, la alimenticia de los Perez
Companc acaba de reportar pérdidas por $2.066 millones también en los primeros
nueve meses del año debido al efecto negativo de la devaluación en sus
operaciones.
Fábricas con
capacidad ociosa
Las cifras evidencian la fuerte retracción que atraviesan las tres
mayores compañías alimenticias del mercado local en particular y las del sector
en el que compiten de manera general.
Una industria que actualmente ostenta el uso de la capacidad instalada
más bajo desde el 2001, año en el cual la crisis golpeó a todos los estamentos
de la economía del país y derivó en la caída del gobierno de Fernando de la Rúa
a fines del mismo período.
Desde la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios
(Copal), se informa que la capacidad ociosa ya se ubica en torno al 40%
en la mayoría de las plantas, incluso en algunas que nunca
evidenciaron un freno en los últimos 30 años y que ahora producen en un solo
turno, afectadas por la menor demanda y la retracción en el consumo.
Un dato que refleja cómo el sector viene siendo golpeado por la fuerte recesión
y la volatilidad financiera y económica derivada, en gran parte, de las
políticas equivocadas asumidas por el gobierno de Mauricio Macri que lo
obligaron a pactar un acuerdo con el FMI para evitar el default del país.
Se trata de un escenario que desde las propias empresas admiten que no
se va a modificar por los próximos meses. Argumentan que las razones que
explican sus balances en rojo se mantendrán y en algunos casos hasta se
profundizarán. Es decir, la devaluación, la retracción del consumo, la
inflación y las altas tasas de interés que impiden la toma de crédito para
producir.
De hecho, las fuertes
pérdidas ponen en duda la capacidad de estas empresas de cumplir con el pago de
un bono de fin de año por $5.000 anunciado por el Gobierno.
Si bien todavía no
se conocen el alcance ni la forma de cancelación de este adicional para todos
los trabajadores del sector privado, entre las compañías se suman quejas con la
medida.
Problemas para pagar
el bono
Fuentes del sector advierten sobre el impacto del bono, que sería
pagado en dos tramos entre noviembre y enero, y argumentan que las fuertes
pérdidas son un condicionante de peso.
De todos modos, admiten que no podrán evitar tener que cumplir con la orden del
Gobierno. "Las
cámaras están trabajando con la letra chica del decreto, pero estamos seguros
de que las grandes empresas no vamos a poder zafar del pago",
advierten.
Recuerdan que, en el caso de las alimenticias, el escenario negativo
que atraviesa la economía y las propias empresas provocó un freno en las ventas
y en la producción. Incluso, en la actualidad el sector solamente utiliza el
63% de su capacidad instalada.
Es más, la fuerte retracción que sufre el sector por el contexto
económico del país también provocó la pérdida de 2.300 empleos y la acumulación
de balances negativos en la mayoría de las compañías.
Por eso, los empresarios admiten estar resignados a cerrar el 2018 con
un pésimo desempeño en sus cuentas y con perspectivas de que sea el año de las
mayores pérdidas en la historia de cada una de las compañías. Es
decir, tanto de Mastellone, como de Arcor, Molinos y del resto de las firmas
que participan en la industria de la alimentación.
El año pasado, el desempeño de las tres sociedades fue diferente. Sus
balances cerraron con números positivos y las perspectivas eran de mantenerse
en crecimiento y con planes de inversión que ahora, a la luz de la crisis, fueron
totalmente paralizados. En todos los casos hubo achique de infraestructura,
reducción de personal y paralización de producción durante algunos meses como
forma de sobrevivir ante la actual realidad.
Se trata de
reacciones frente a la caída del consumo que sufren casi todos los rubros de la
canasta básica de alimentos. Por caso, la demanda de lácteos bajó 4,8% en el
primer semestre respecto de igual período del año pasado y acumula una caída de
23% si se compara contra el 2015.
Pero la crisis, la retracción del consumo y la inflación no le han
puesto un freno a la suba de los precios. Mes a mes, las mismas empresas que
registran balances con rojos millonarios retocan sus listas y aplican subas de
entre 10% y 15% en promedio.
Los porcentajes se
volverán a repetir ahora en noviembre y también en diciembre. Según pudo saber iProfesional, Arcor ya picó en punta, con un
incremento en sus valores del 10% para este mes y con la promesa de volver a
acomodar las listas durante diciembre.
La decisión es siempre imitada por el resto de sus competidores por lo
que resta esperar conocer los aumentos que aplicarán Molinos y Mastellone a sus
respectivos productos.
El último retoque había sido a principios de octubre. Molinos subió sus
valores un 10% en promedio debido a la presión ejercida por la cotización del
dólar, que por esos días se ubicaba alrededor de los $35. También lo hicieron
Arcor, Mastellone, SanCor, Mondelez y otras grandes firmas del sector.
Entre las empresas, las subas se justifican por el valor internacional
del trigo, que aumentó casi un 13%, producto de la preocupación que existe en
Estados Unidos por el futuro de sus cultivos y ante una menor previsión de
cosecha en Rusia. También, por la evolución del dólar y el incremento de los
costos.
Sus ejecutivos argumentan que los retoques son necesarios para mitigar
el impacto que tienen en sus cuentas los también constantes incrementos de
costos.
“No hay
forma de que no los traslademos, ni siquiera teniendo en cuenta que vendemos
menos”, argumentan en las empresas. Todos coinciden en que, a pesar del
escenario recesivo, tendrán que seguir aumentando precios.
Advierten que, a niveles constantes, los valores actuales de los
productos se ubican en torno a un dólar de $28 o $30 y no a los $36,5 que
muestra la cotización actual.
El desfasaje, según dicen, confirma que deberán seguir asumiendo
pérdidas, al no poder aumentar sus precios mucho más debido a que no hay
ventas. Agregan a este cuadro, los mayores gastos en combustibles y servicios
públicos que deben enfrentar como el del gas, que se incrementó en torno al 35%
y forma parte del combo de costos con mayor peso en la cadena productiva.
Añaden a la
apertura de las importaciones como otro factor negativo en
una ecuación en la cual, además, entran en juego, las proyecciones inflacionarias
que se ubican en torno al 50% para todo el 2018, según algunas consultoras
privadas.
Con estas cifras, el escenario financiero tampoco es positivo para lo que resta
del año y las empresas con problemas de este tipo se verán más afectadas
todavía.
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