Por Carlos Lamiral - Los trabajadores solteros sin
hijos comenzarían a tributar el Impuesto a las Ganancias en 2019 a partir de
los $38.200 en mano, siempre que el Gobierno incremente el Mínimo no Imponible
(MNI) y las escalas actuales del gravamen en un 28%. Las estimaciones corren
por cuenta del tributarista Ezequiel Pasarelli, a partir de una posible
evolución del denominado RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los
Trabajadores Estables). El Ministerio de la Producción y Trabajo tiene que
difundir en los próximos días el RIPTE de octubre, que es el que se emplea para
esa actualización.
"El aumento del Mínimo No Imponible para el 2019 estará muy por debajo de
la inflación de este año", explicó Passarelli quien dijo que "al día de
hoy, la variación ocurrida entre los meses de septiembre de 2017 y septiembre
de 2018 asciende al 25,41%". Basado en esos antecedentes, el tributarista
sostuvo que "como mucho, se puede esperar que el aumento sea de entre el
27% y el 28%, lo que implica más de 15 puntos por debajo de la inflación real
que es del 45%".
El especialista formuló las siguientes comparaciones de salarios de bolsillo
para los mismos tipos de empleados. Este año, el MNI para el soltero sin hijos
es de $29.855,68; soltero con 1 hijo, $32.275,77; casado sin hijos, $34.654,54
y casado con dos hijos, $39.494,71. Si el RIPTE creciera 28%, en 2019 pasaría
para el soltero sin hijos a $38.215,27; soltero con 1 hijo, $41.312,98; casado
sin hijos, $44.357,82 y casado con dos hijos, $50.553,23.
Passarelli indicó que el retraso del RIPTE frente a la inflación real genera
problemas. "Las personas pagan impuesto según una escala progresiva. Lo
que genera que, quien más gana, más impuesto paga. Es decir, un efecto
sumamente racional, deseado y buscado", explicó. Pero aclaró que "el
problema está cuando, ante la falta de actualización o una actualización
deficiente, todos pagan en escalas muy altas".
Durante años, el anterior gobierno de Cristina de Kirchner se negó a aplicar
mecanismos de actualización automática del mínimo no imponible. Por el
contrario, los mantenía congelados, de modo que cuando los trabajadores
recibían un incremento salarial, gran parte de este se lo llevaba el fisco.
En diciembre del 2016, se cambió el sistema y se comenzó a aplicar el RIPTE,
que no es otra cosa que un cociente entre la cantidad total de remuneraciones
del sector registrado de la economía y la cantidad de trabajadores. El RIPTE
tiene como defecto es que no todos los salarios crecen año a año del mismo modo,
de manera que aquellos que obtienen incrementos por encima de lo que evoluciona
el indicador caen en la misma trampa de que una parte se le termine llevando el
Estado. Por el contrario, quien recibe un aumento por debajo de la marca, puede
resultar beneficiado. Aún así existe otro problema, para algunos de los
trabajadores que están entre las escalas intermedias. Ocurre que pueden recibir
una mejora salarial por debajo del 45% de inflación, con lo cual se perdería
poder de compra, que lo haga pasar a una escala superior del impuesto. Por
ejemplo, pasar del 15% al 22% de alícuota. De ese modo estaría tributando tan
solo por ganancias nominales.
Un estudio reciente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) destaca
que entre 2015 y 2018 la cantidad de empleados en relación de dependencia que
empezó a pagar el gravamen pasó de 1,2 a 1,9 millones. Gran parte de ello se
debió a eliminación o reducción de deducciones.
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